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Rajoy reivindica su gestión en Cataluña y promete “ser leal” a su sucesor

El expresidente acusa al PSOE de "colarse por la puerta de atrás" para gobernar España

Mariano Rajoy se despidió este viernes de la política con mensajes para todos. A los que criticaron su gestión en Cataluña, les recordó que no fue “fácil”, pero que se hizo “bien”. A los que le desalojaron del poder con una moción de censura, les acusó de haber usado “la puerta de atrás” para gobernar porque “los electores no les dejaron entrar por la de delante”. El último parecía dirigido a quien le eligió presidente del partido hace 15 años, José María Aznar, que no está invitado al congreso: “Yo seré leal”. Por momentos, se le escapó alguna lágrima. Este sábado cederá el testigo al primer líder del PP votado en unas primarias.

Mariano Rajoy, en el congreso nacional extraordinario.

Hace una eternidad política, es decir, antes de que estallara el caso Gürtel, de que Esperanza Aguirre dijera que lo había destapado y de que llegara la sentencia que desalojó a los populares de La Moncloa, José María Aznar señaló al último presidente nombrado a dedo en el PP: Mariano Rajoy. Le eligió, según confesó después, porque su primera opción, Rodrigo Rato, le dio calabazas dos veces. Y pronto empezó a pensar si no se habría equivocado. Al principio, disimuló; luego cada vez menos. En 2016, Aznar renunció a la presidencia de honor del PP. Este viernes ni siquiera estaba invitado al congreso en el que se elige al nuevo presidente del partido porque, entre otras cosas, el presidente del comité organizador, Luis de Grandes, consideró que había tratado a la formación “con desdén”. “Yo seré leal”, prometió Rajoy al final de su discurso y de su carrera política.

El expresidente del Gobierno aprovechó su intervención en el congreso para reivindicar su gestión, especialmente en Cataluña, después de los reproches lanzados durante la campaña por la exministra Dolores de Cospedal —hasta que cayó en la primera ronda de las votaciones— y por el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, quienes lo utilizaron como munición contra Soraya Sáenz de Santamaría. “Hemos tenido que enfrentarnos a algo que no había ocurrido en 40 años de democracia: la declaración de independencia de una región española. Le hicimos frente. Nosotros, el Gobierno y el PP. A algunos les parecía muy fácil. No era fácil, pero se hizo y se hizo bien”, quiso zanjar Rajoy.

Fuentes de su entorno han asegurado estos días que el expresidente estaba muy molesto con el tono de la campaña y los ataques a Santamaría, a quien él le encargó dirigir la respuesta al desafío independentista.

El PP quiso dedicar la primera jornada del congreso a homenajear al expresidente del Gobierno. Las muestras de afecto incluyeron un vídeo en el que líderes europeos como Theresa May, Angela Merkel, y latinoamericanos como Mauricio Macri o Juan Manuel Santos, le enviaban mensajes de cariño. “Nos duele en el alma tu marcha”, le dedicó Luis de Grandes. Ana Pastor, amiga personal de Rajoy, alabó la “elegancia” con la que había dejado la vida política para regresar a la privada “sin ruido”. Fueron los momentos más duros para Rajoy, que no pudo contener las lágrimas. “Esto es muy difícil para mí”, admitió.

El expresidente fue muy duro con Pedro Sánchez y los partidos que le apoyaron para sacar adelante la moción de censura que le expulsó de La Moncloa. “Se han colado por la puerta de atrás porque los electores le han prohibido una y otra vez la entrada por la de delante”, dijo. “No gobernamos hoy porque algunos se han conjurado para evitar que un Gobierno del PP se negara a conceder algunas satisfacciones a los terroristas”, añadió.

Rajoy se atribuyó incluso el fin de ETA: "Nuestra política, y yo estaba al frente porque era el presidente del partido, ha consistido en aplicar la ley, apoyar a las fuerzas de seguridad y cooperar con los países amigos. Con todo ello y sin buscar atajos, y con el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles hemos derrotado a ETA". También ahí dejó varios recados: “Yo jamás, jamás he caído en la tentación de negociar con ETA, como tantos nos pidieron. Jamás he pagado ningún precio político que pudiera entenderse como un premio para los asesinos, jamás. Jamás he procedido a un acercamiento de presos, y no será porque no nos lo hayan demandado con insistencia. A otros les ha faltado tiempo”.

El expresidente dedicó buena parte de su despedida a reivindicar la política. “Ingresé en el PP hace casi 40 años. Empecé pegando carteles en Galicia, por la noche, después de haber dedicado el día a estudiar las oposiciones”, dijo, mientras se sonreían en las butacas los populares que le han oído contar tantas veces ese episodio. Rajoy enumeró los puestos que había ocupado en política —casi todos los que existen— y admitió que puede ser una actividad “muy ingrata”, porque los errores se recuerdan toda la vida y los aciertos “se olvidan rápido”. También apuntó que, a veces, la política puede ser “amarga e injusta”, con “rivalidades y sinsabores”. “No le faltan miserias, pero tampoco grandezas. Su nobleza compensa. He sido político: a mucha honra”.

Nada de corrupción

Pero no hubo en su discurso —de 50 minutos— una sola referencia a la corrupción. “Los años en que he sido vuestro presidente han sido los mejores de mi vida política, aunque algunos podían haber sido más cómodos”, se limitó a decir. Tampoco atribuyó la pérdida de votos a los escándalos. “Cuando las cosas se tuercen, cuando las dificultades arrecian y cuando el horizonte se nubla, los españoles miran al PP buscando estabilidad y certidumbre. Y yo os digo: volverán a buscarnos”.

Alfonso Fernández Mañueco, el responsable del órgano disciplinario del partido, había intervenido unos minutos antes en el escenario para decir: “Hemos sido implacables con los corruptos y los comportamientos bochornosos y deplorables”, de miembros del partido.

Los dos candidatos que se enfrentan este sábado para sucederle, Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría, se deshicieron en halagos a Rajoy. “Ha sido un caballero”, dijo el vicesecretario. Ella aprovechó para pedirle a su rival “que reflexione”. Ambos reproducen este fin de semana un duelo que sus padrinos políticos no tuvieron hace 15 años. Esa es la disyuntiva, eso es lo que elige ahora el partido: la continuidad del modelo de Rajoy, o la vuelta al de Aznar.

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