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Las bases golpean a Cospedal y al aparato

La secretaria general del partido solo consigue ganar en Castilla-La Mancha, Galicia y Asturias

María Dolores de Cospedal, ayer durante su comparecencia en la sede del PP de Madrid. ATLAS

Tras leer su porcentaje de votos (25,92%), que le dejaba fuera de la batalla sucesoria en el PP, María Dolores de Cospedal, la mujer con mayor poder en el partido, anunció que se abría un periodo de reflexión y que no aspiraba a “ningún puesto de responsabilidad”. La candidata, que pilotaba el PP desde hacía una década, pidió que los ganadores no dejaran a nadie fuera. La secretaria general del partido solo se había impuesto en tres comunidades: Castilla-La Mancha (donde gobernó), Galicia y Asturias. En su estreno en las primarias, los militantes del PP se han comportado de una forma similar a los del PSOE: dando la espalda al aparato.

El cruce de acusaciones por presuntas irregularidades entre Pablo Casado y Cospedal la misma tarde de la votación anticipaba lo ajustada que estaba la batalla por el segundo puesto, que finalmente fue para el vicesecretario de comunicación del PP con 4.877 votos de ventaja sobre la secretaria general.

Durante la campaña ambos bajaron al cuerpo a cuerpo. Casado habló de presiones y zancadillas y Cospedal le retó a denunciarlas. Fue el vicesecretario quien renegó con mayor vehemencia del aparato —“Quiero ser el candidato de las bases, no de los notables”—, pero también lo hizo Soraya Sáenz de Santamaría: “Yo no he estado en el aparato del partido”, quiso aclarar. Cospedal confiaba: “Los militantes prefieren a alguien que dé la cara en lugar de a quienes se esconden”, decía.

En la campaña para las primarias, la exministra de Defensa se rodeó de dos antiguos compañeros del Gobierno: Juan Ignacio Zoido y Dolors Montserrat. También la apoyaron Pío García Escudero, expresidente del Senado, y José Antonio Monago, expresidente extremeño.

En el camino, Cospedal renegó de José María Aznar, convencida de que el expresidente ahora resta, no suma. Sugirió que estaba detrás de la candidatura de Casado. Este le replicó señalando una incoherencia: “Me sorprende que personas que llevan 30 años haciendo política con Aznar digan que soy el candidato de Aznar”.

En el último congreso del PP, en febrero de 2017, ya había recibido un aviso. El malestar por su acumulación de cargos (secretaria general del partido, presidenta del PP de Castilla-La Mancha y ministra de Defensa) se resolvió nombrando a Fernando Martínez-Maillo coordinador general, un cargo que ya estaba ejerciendo en la sombra. Pero estuvo a solo 25 votos de perder la votación sobre la enmienda que pedía prohibir la acumulación de cargos, y que en el cónclave se había bautizado, informalmente, como “enmienda anti-Cospedal”.

Cuando, en 2008, se estrenó como secretaria general del PP, anticipó “un camino de espinas”, y no le faltaba razón, porque estalló el caso Gürtel. Su retorcida explicación sobre el despido de Luis Bárcenas, la famosa “indemnización en diferido”, quedará, a su pesar, como el resumen de una etapa. Durante un tiempo cedió las comparecencias incómodas a Carlos Floriano, que actuó de parapeto. El entorno de Cospedal suele aludir, sin embargo, a ese periodo como un ejercicio de coraje, de dar la cara, frente a su eterna rival, Sáenz de Santamaría, a la que en privado su entorno siempre acusaba de ponerse de lado ante los escándalos de corrupción.

La llegada, en junio de 2015, de los jóvenes y televisivos vicesecretarios (Fernando Martínez-Maillo, Pablo Casado, Javier Maroto y Andrea Levy), habituales en las tertulias, había diluido su presencia. En contadas ocasiones era Cospedal la que respondía a los medios en las ruedas de prensa de los lunes tras el comité de dirección del partido.

Sus lealtades habían empezado en otro lado. Esperanza Aguirre, que ayer votó “con toda la ilusión” a Casado, la nombró en 2005 consejera de Obras Públicas y Transportes de Madrid en sustitución de Francisco Granados (en prisión por el caso Púnica), que acababa de ser ascendido a consejero de la presidencia. En mayo de 2008, con la presidenta madrileña y el líder del PP abiertamente enfrentados, declaró: “Apoyo a Rajoy, pero no voy a apuñalar a Aguirre”. Un mes después se convertía en la primera mujer en ocupar la secretaría general del PP. Ahora otra mujer puede liderar el partido, pero ya no será ella.

Quién elegirá al nuevo líder

En las elecciones primarias de ayer no solo se elegían los dos candidatos finales para suceder a Mariano Rajoy, sino 2.612 compromisarios al congreso del partido.

La decisión final será de los 3.134 compromisarios (los 2.612 electos ayer y otros 522 natos) con derecho a voto en ese congreso, previsto para los días 20 y 21 de julio.

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