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Rajoy y Aznar se baten en duelo 15 años después

Los candidatos a las primarias del PP, Sáenz de Santamaría y Casado, encarnan los distintos modelos de ambos expresidentes

Santamaría, en un acto en Madrid. En vídeo, declaraciones de Santamaría.

El PP se enfrenta a una situación inédita: la exhibición de sus diferencias en una lucha abierta para presidir el partido. No era el plan. El sistema híbrido de primarias, donde los compromisarios tienen la última palabra en una doble vuelta, estaba pensado para un solo candidato, pero cuando Alberto Núñez Feijóo dio la espantada, trastocó todos los planes de unas siglas que han enarbolado la disciplina y la unidad como bandera, como seña de identidad frente a las guerras internas de sus rivales. El método -y la situación que ha provocado- es nuevo para los populares, pero los modelos enfrentados en las candidaturas que han pasado el primer corte, no tanto. Mariano Rajoy y José María Aznar, el sucesor y el elegido, se baten ahora, 15 años después del dedazo, en duelo encarnados en Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado.

En su primera intervención tras conocerse el resultado de la primera votación, la exvicepresidenta quiso revelar que Rajoy la había llamado para darle la enhorabuena. “Y me ha dicho que siga trabajando como hasta ahora", añadió. Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971), abogada del Estado, ha construido casi toda su carrera política al lado de Rajoy. Comenzó a trabajar con él en 2000 como asesora en temas jurídicos. “Tenía una visión muy negativa de la política, pero Rajoy me engatusó”, contó en una entrevista hace años.

Entró como diputada en el Congreso en 2004, a los 32, y de rebote: era la decimonovena en la lista por Madrid, pero Rodrigo Rato renunció a su escaño para convertirse en director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y Sáenz de Santamaría le sustituyó. Ese mismo año, Rajoy, recién elegido presidente del PP, la nombró secretaria ejecutiva de política autonómica.

En 2008, año del Congreso más convulso del partido hasta la fecha, donde amagaron con moverle la silla a Rajoy, el líder del PP la eligió como portavoz del grupo parlamentario sustituyendo a Eduardo Zaplana en uno de los puestos de mayor exposición. “La he elegido porque tiene preparación, porque trabaja, porque tiene mucho empuje e ilusión, y se ha ganado el respeto de sus compañeros y sus adversarios".

Porque los tenía, también dentro del partido. Ella misma ha comentado que hubo compañeros que no daban un duro por ella y que con el tiempo, se lo confesaron. Era “la niña de Rajoy”, un mote que ahora, con el presidente desalojado de La Moncloa, uno de sus mayores enemigos, José Manuel García Margallo, ha transformado en “la viuda de”.

En público, mostró siempre, también ahora, en su campaña - "en positivo"- para la sucesión, una alergia al enfrentamiento público, cuerpo a cuerpo, similar a la de su jefe. Y uno de los reproches más recurrentes en el sector cospedalista ha sido siempre el de ponerse de perfil ante los escándalos de corrupción. Como Rajoy.

Cuando su padrino político llegó al Gobierno tras perder dos veces las elecciones, le dio lo mejor que tenía para ofrecerle y la nombró vicepresidenta, portavoz y responsable del CNI. En las últimas legislaturas, le encargó, además, la gestión del problema más delicado: Cataluña.

Apenas 1.546 votos por detrás de la exvicepresidenta, el segundo aspirante al trono del PP es Pablo Casado, de 37 años, abogado, economista y el candidato favorito del expresidente Aznar, como se encargó de hacer notar una de sus rivales, Dolores de Cospedal, convencida de que esa marca ahora resta puntos. "Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Casado, que es un tío fantástico”, declaró el expresidente en 2015, en un momento donde nadie imaginaba este escenario: el partido desalojado del poder por una moción de censura, y divido en al menos, tres familias, con el antiguo líder retirado en el registro de la propiedad de Santa Pola.

“No hay que renegar del pasado. Yo estoy muy orgulloso de Rajoy, de Aznar y de Fraga”, replicó Casado”, nombrado vicesecretario de comunicación en la renovación de la cúpula que el expresidente hizo en 2015.  Antes, entre 2009 y 2011, había sido jefe de gabinete del actual presidente de FAES. Venía de trabajar codo a codo con Esperanza Aguirre, otra aznarista, que el jueves, en la primera vuelta de las primarias, buscó las cámaras para decir que acababa de votarle “con toda la ilusión”.

Aznar, Aguirre y Casado son los únicos que piden una “refundación del partido”. Casado comparte con el expresidente la idea de que el PP necesita un rearme ideológico y en campaña se ha comprometido a convocar una convención extraordinaria sobre principios y valores. “Quiero lanzar un proyecto nacional donde tengamos un discurso reconocible”, dijo. Ese ha sido, precisamente, uno de los grandes reproches de Aznar a su partido.

El ideario exhibido por Casado durante la campaña se aproxima más al de FAES: “Liberalismo sin complejos”, “defender nuestras fronteras”, “bajada de impuestos”, “derecho a la vida”, mano dura con Cataluña – “No dialogaré con quien quiere romper la unidad de España (…) No hay que pedir perdón porque la policía vele por derechos y libertades de todos...”-. El vicesecretario también pide el regreso de dos figuras del viejo PP: María San Gil, que se se fue descontenta por el rumbo de Rajoy, y José Antonio Ortega Lara, que se pasó a Vox.

Un exministro del Gobierno comentaba que el gran error del PP en los últimos años había sido dejar escapar a Albert Rivera, el líder del partido que se ha llevado la mayor parte de los votos perdidos por los populares en las últimas citas electorales. Aznar se ha deshecho en halagos, a través de FAES, al presidente de la formación naranja, y fue a él a quien invitó a clausurar su máster de liderazgo. Entre los populares hay quien piensa que “lo más parecido” que tienen a Rivera es Casado. El ahijado de Aznar es el único que en campaña se dirigió directamente a sus votantes.

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