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El giro a la derecha de Casado abre una batalla ideológica en el PP

Las propuestas del candidato le alejan de Rajoy y parten el partido en dos: los que ven necesaria una "refundación" y los que no

El candidato a la presidencia del PP Pablo Casado este viernes junto a Alberto Núñez Feijóo en Galicia. En vídeo, declaraciones de Casado en diferentes actos

El candidato a las primarias del PP Pablo Casado solicitó “un debate de ideas” con Soraya Sáenz de Santamaría porque ve necesaria una “refundación” del partido. Desde la candidatura de la exvicepresidenta rechazan ese duelo porque aseguran que el programa del PP ya está escrito y ahora se trata de elegir a un nuevo líder, no de reiventarse. El partido descarta el debate por “falta de consenso”, pero la campaña del vicesecretario ya ha abierto la batalla ideológica. Al hablar de ilegalizar a los partidos independentistas o regresar a la ley del aborto de 1985, Casado y sus apoyos se colocan a la derecha de Rajoy.

Durante años, fueron José María Aznar y Esperanza Aguirre los que exigieron un rearme ideológico en el PP. “Cuando un partido no tiene claro cuál es su ideología, sus dirigentes van como pollos sin cabeza”, llegó a decir esta última. Predicaban en el desierto, porque mientras la formación estuvo en el poder, ningún dirigente apreció ese problema de “indefinición”. Ahora, en el debut de primarias del PP, uno de los candidatos, Pablo Casado, recluta apoyos retomando esa receta de la “refundación” y prometiendo una “convención extraordinaria sobre principios y valores”. “Acabo de votarle con mucha ilusión”, declaró Aguirre entusiasmada en la primera vuelta de las primarias.

El vicesecretario del PP, de 37 años, ha diseñado su campaña bajo esa premisa —“Quiero lanzar un proyecto nacional donde tengamos un discurso reconocible”— y ha abierto una batalla ideológica en las siglas. El PP se ha partido en dos: quienes creen que solo están eligiendo a un nuevo líder y quienes opinan que hay que revisar el núcleo ideológico.

Mientras Casado trata de hacer una campaña de tipo presidencial, con actos sectoriales y propuestas de cambios legislativos, su rival, Soraya Sáenz de Santamaría, ha enfocado la suya hacia el liderazgo, vendiendo su experiencia de Gobierno con Mariano Rajoy y su mejor disposición para regresar a La Moncloa. “Me encantaría saber qué propuestas fiscales, educativas, internacionales tiene la otra candidatura”, le afea Casado. “Quien pide un debate de ideas no tiene ni idea. El programa del PP ya está escrito”, responden en el equipo de Santamaría, la opción continuista, tras casi 20 años al lado de Rajoy.

El vicesecretario se ha situado a la derecha del Gobierno de Rajoy, que llegó a La Moncloa tras las elecciones de 2011 y se fue el pasado 1 de junio tras la moción de censura de Pedro Sánchez. Casado habla ahora, por ejemplo, de la posibilidad de ilegalizar a los partidos independentistas. “No podemos hacer una política reactiva, hay que prevenir. Se puede hacer con la ley de partidos, como se hizo con el entorno de Batasuna. En este caso no hay violencia, pero sí coacciones, amenazas, niños que sufren en los colegios..”. No se hizo durante el Gobierno de Rajoy.

El vicesecretario, además, ha criticado la llamada Operación Diálogo que el entonces presidente encargó a Sáenz de Santamaría: “Fue un fracaso. Y no aplicamos el 155 como había que aplicarlo”.

Casado también propone recuperar los delitos de sedición impropia y convocatoria ilegal de referéndum en el Código Penal. Alfonso Alonso, que apoya a la exvicepresidenta,  ha calificado esta catarata de reproches relacionados con la gestión en Cataluña como “oportunistas”. Pero el vicesecretario está convencido de que su mensaje cala en una parte del electorado que está “deseando volver a tener una excusa para votar al PP” y a la que llama “la España de los balcones” [en alusión a las banderas colgadas].

En esa batalla ideológica, Casado también ha recurrido a asuntos muy sensibles, como el aborto. “No nos gusta la ley de Zapatero [de plazos] y la vamos a modificar. Queremos volver a la ley de 1985 [de supuestos]. El aborto no es un derecho. No puede ser barra libre y un coladero como con esta ley”, declaró el candidato prometiendo un cambio legislativo que Rajoy tampoco hizo en su etapa en el Gobierno. La división que este asunto provoca en las filas del PP hizo que el partido modificara sus estatutos en su último congreso, en 2017, para permitir el voto de conciencia (y por tanto, sin sanción por romper la disciplina). De los seis precandidatos a primarias, el ultracatólico grupo Hazte oír, celebre por sus autobuses tránsfobos, solo aprobó a García Hernández y a Casado por ser los únicos, decían, que defendían suficientemente “la vida, la familia y la unidad de España”.

En lo económico, Casado proclama un “liberalismo sin complejos” y ha reclutado para su equipo a Daniel Lacalle, fichado en su día por Aguirre, y a Manuel Pizarro. Cuando, en 2013, le preguntaron qué haría si fuera presidente del Gobierno, Lacalle respondió: “Renegociar todas las subvenciones para cambiarlas por incentivos fiscales; poner un sistema fiscal estándar y fijo, bajo y el mismo para todos, para que no haya deducciones”. El vídeo contra Sáenz de Santamaría difundido ayer a través de Whatsapp y redes sociales mostraba a uno de los apoyos de la exvicepresidenta, Cristóbal Montoro, exministro de Hacienda, junto al titular: “Feroz subida de impuestos”.

Otra muestra del giro a la derecha de Casado es el hecho de que ha recuperado a una dirigente que abandonó en 2008 la primera línea política al entender que su partido “se desdibujaba” —María San Gil— y pretende recuperar a otro que directamente, se fue a Vox —Ortega Lara-. El vicesecretario ha ofrecido a San Gil, si gana, el cargo que quiera. “Estos 10 años me he sentido ideológicamente muy huérfana, pero Pablo me ha devuelto la ilusión por militar en el PP”, dijo la expresidenta del partido en Euskadi.

La tensión es máxima. “Se están peleando por el último compromisario”, admitió este viernes el presidente del comité organizador del congreso, Luis de Grandes. Finalmente, serán 3.082 los que votarán, en cabinas y con sobres, si lo desean, para evitar “miedos escénicos”. Dentro de una semana se conocerá el nombre del sucesor de Mariano Rajoy, pero la batalla ideológica ya está abierta.