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Sánchez nombra un Gobierno progresista con guiños al centro

El progresismo, el europeísmo y el compromiso con la igualdad fueron las características que resaltó el presidente al anunciar su equipo

Pedro Sanchez, en la rueda de prensa.

El séptimo presidente del Gobierno desde la restauración de la democracia, Pedro Sánchez, se ha rodeado de un equipo amplio y con mayoría femenina: pasa de 13 a 17 carteras, de las cuales 11 son mujeres en las áreas de más peso. Un conjunto de “personalidades” que han “aparcado” carreras exitosas para servir a España, según dijo este miércoles Sánchez. El progresismo, el europeísmo y el compromiso con la igualdad fueron las características que resaltó, aunque de la composición del Gabinete se deduce también una mirada al centro. Un equipo que por su especialización puede empezar de inmediato a hacer política.

A las 19.25 del miércoles Pedro Sánchez compareció en la sala de conferencias de prensa de La Moncloa para dar lectura a los nombres de sus ministros y las carteras asignadas. Llegaba del Palacio de la Zarzuela, donde había presentado ese listado al jefe del Estado, el rey Felipe VI. No hubo opción a preguntas: el nuevo presidente del Gobierno siguió la tradición de su antecesor, Mariano Rajoy, que se limitaba a leer la composición de sus Gabinetes.

Con una ligera sonrisa, y algo nervioso, el presidente agradeció “a las personalidades” que le van a acompañar en el Consejo de Ministros el hecho de que hayan aparcado por un tiempo “sus prestigiosas carreras”. En la declaración de principios no hubo alusiones ideológicas de partido porque, aunque Sánchez señaló que la propuesta de los nombres es del PSOE, precisó que se trata de un equipo “abierto” y con la pretensión de ser “reflejo de la sociedad española”. Quiso conferir un aire de optimismo en el presente y en el futuro inmediato. No se marcó objetivos temporales porque la incógnita de cuándo convocará elecciones permanece. Solo está su compromiso de “no agotar la legislatura”, como afirmó en el debate de la moción de censura la semana pasada.

Si por la composición del Gabinete hubiera que guiarse, podría concluirse que este es un Gobierno con vocación de permanencia. Y esa puede ser la idea de cara a una hipotética próxima legislatura, porque en esta el tope está en 2020 y Sánchez ha dicho que no lo agotará.

Prácticamente cada uno de los elegidos es especialista en la materia que Sánchez les ha encomendado, por lo que pueden empezar a trabajar desde hoy mismo, una vez que juren o prometan sus cargos y tomen posesión de las carteras.

Hay especialización, experiencia europea, distribución territorial y, en lo ideologico, varias caras genuinamente socialdemócratas —en Sanidad, Educación y Empleo—; entre ellas, en primer lugar, Carmen Calvo en la vicepresidencia, que, además, encarna el potencial feminista y de defensa de la igualdad que dice perseguir el jefe del Gobierno. El rigor económico roza la doctrina liberal en la nueva ministra de Economía, Nadia Calviño, y tampoco se sale de la ortodoxia la titular de Hacienda, María Jesús Montero.

No es ni mucho menos una persona de partido el responsable de Interior, Fernando Grande-Marlaska. El nombre de este magistrado sonó como posible Fiscal General del Estado con el Gobierno de Mariano Rajoy, y desde Ciudadanos siempre se le ha visto con buenos ojos.

De perfil independiente es también la nombrada ministra de Justicia, Dolores Delgado, fiscal de la Audiencia Nacional, aunque ella sí vinculada a los sectores progresistas de su carrera. Al mismo ámbito progresista pero de los jueces pertenece la ministra de Defensa, Margarita Robles, que apostó por Pedro Sánchez desde 2016 cuando dejó su profesión para aceptar ser la número dos por Madrid, detrás del secretario general del PSOE, en la lista para las elecciones generales.

Durante varias horas hubo un apagón informativo respecto a qué cartera le sería asignada a Robles, una vez que se conoció que la de Justicia iba para la fiscal Delgado. No hubo dudas ni demora en dar a conocer a quienes estarán al frente de las carteras sociales. Carmen Montón, consejera de Sanidad del Gobierno valenciano hasta este miércoles, tiene una trayectoria muy clara en la defensa del sector público y como diputada en el Congreso en áreas de Sanidad y de Igualdad. Militante socialista desde la juventud, se enfrentó al exministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, por la ley del aborto que él intentó aprobar.

Amplia trayectoria de partido acumula la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, miembro de la ejecutiva del PSOE en las áreas de Seguridad Social y Pacto de Toledo, aunque mantenía su trabajo como funcionaria del Inem.

Batallas de partido

Pedro Sánchez ha tenido en cuenta el criterio territorial, pero no exactamente para dar satisfacción a los líderes autonómicos. Así, Valerio, que fue consejera de Trabajo y Empleo y de otras áreas en la Junta de Castilla-LaMancha, no pertenece al sector que lidera el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page.

En la batalla del partido, Valerio apostó por Sánchez y no por Susana Díaz. Tampoco el ministro de Agricultura, Luis Planas, fue de la cuerda de Díaz; de hecho, se enfrentó a la presidenta de Andalucía por el liderazgo del partido en esa región. Planas representa uno de los pilares que Sánchez ha erigido para su proyecto, cual es el europeísmo con una amplísima experiencia en Europa, además de haber sido embajador de España en Marruecos y hasta este mismo miércoles miembro del Comité Económico y Social Europeo. Fue eurodiputado y en sus inicios políticos consejero de Agricultura de la Junta de Andalucía.

De Andalucía procede también una de las consejeras de más prestigio: María Jesús Montero, en Hacienda, mantiene una excelente relación con la presidenta andaluza, pero no se la considera una militante activa en cuestiones orgánicas de partido.

Sí es una mujer plenamente de organización la ministra de Educación y Formación Profesional, María Isabel Celaá, que, además, será la portavoz del Gobierno. Esta dirigente del socialismo vasco ha sido consejera de Educación, Universidades e Investigación en esa comunidad y durante varios mandatos ha estado en la cúpula del PSE.

Muy poco implicada en cuestiones orgánicas de partido ha estado la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, diputada autonómica madrileña, aunque es patrona de la Fundación Pablo Iglesias y su puesto en la ejecutiva madrileña ha sido en el área de Desarrollo Sostenible.

Ajeno a los partidos políticos ha permanecido el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, ingeniero aeronáutico y astronauta. La sorpresa fue grande al conocerse la elección de alguien tan reputado e incluso admirado por amplios sectores de la comunidad científica y de la sociedad. Se le concedió en 1999 el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. El Ministerio de Medio Ambiente —llamado Ministerio para la Transición Ecológica— será dirigido por Teresa Ribera, una mujer con amplísimo reconocimiento internacional en este campo. Cultura también tiene ministerio propio y lo dirigirá el escritor y periodista Maxim Huerta. “El Gobierno aspira ser fiel reflejo de la sociedad española, que combina gestión pública y privada y distintas generaciones”, dijo el presidente.

Ábalos, Calvo, Borrell y Batet, el peso político y territorial

El presidente del Gobierno ha buscado especialización y que sus ministros fueran referente en cada uno de sus ámbitos pero no ha olvidado la política. La vicepresidenta, Carmen Calvo; el ministro de Exteriores, Josep Borrell; el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, y la titular de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, tendrán entre sus quehaceres la gestión pero, también, mucha política.

La vicepresidenta, ministra de la Presidencia, de Relaciones con las Cortes e Igualdad, controlará la acción de todos los ministros, su coordinación y el establecimiento de sus prioridades. La conexión de La Moncloa con el Parlamento es una de sus tareas. La aplicación de la perspectiva de género a todas las políticas será uno de sus cometidos esenciales.

Desde el poderoso Ministerio de Fomento, José Luis Ábalos controlará las inversiones de todos los territorios que es lo mismo que el reparto. De ahí su enorme poder. Ábalos además mantiene el poder orgánico más relevante como secretario de Organización del PSOE. Tradicionalmente esa conexión del partido con el Gobierno, en esas dos áreas, la ha desempeñado el titular de Fomento.

Combatir el relato

No tendrá problema el ministro de Exteriores en desenvolverse en el ámbito internacional, donde ha pasado buena parte de su trayectoria. Josep Borrell, convencido europeísta, tiene la tarea de combatir el relato y la acción de los independentistas catalanes fuera de las fronteras españolas. Desde dentro, la ministra de Administración Territorial, Meritxell Batet, catalana como Borrell, tiene que encauzar el conflicto territorial con el objetivo de tender puentes con Cataluña sin que se sientan ofendidas el resto de comunidades autónomas, incluidos sus compañeros presidentes socialistas.

Todas estas tareas estaban claras en el diseño inicial del Gobierno de Sánchez, y hubo pocos cabos sueltos. Pero uno muy importante se resolvió casi a última hora. La competencia sobre el Centro Nacional de Inteligencia ha saltado de la Vicepresidencia en el Gobierno del PP al Ministerio de Defensa que dirigirá Margarita Robles. Así lo quiso Robles aunque hubo alguna resistencia inicial, que llevó a que esa cartera durante horas correspondiera a Constantino Méndez, secretario de Estado de Defensa con el ministro José Bono, y finalmente fuera del Gobierno.

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