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Ciudadanos sigue su luna miel

Aunque sus números sufrirán cuando se movilicen el resto de partidos, los sondeos lo mantienen en una posición privilegiada

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso de Diputados.
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso de Diputados. EL PAÍS

Ciudadanos sigue lanzado. El sondeo de Metroscopia vuelve a darle el primer puesto, con una ventaja clara sobre el Partido Popular. El momento dulce de la formación se sostiene en varios datos.

Una clave es que el partido de Albert Rivera está ganando votos por la derecha y por la izquierda. Le votarían ahora el 20% de los partidarios del PP en 2016, pero también el 12% del PSOE y el 4% de Unidos Podemos. El partido está creciendo uniformemente y sus votantes nuevos no son muy distintos de los que ya tenía. Desde octubre de 2016 no se ven grandes cambios por edad, nivel de estudios, situación laboral, ni ideología.

También son inusualmente buenas sus cifras de aprobación. La actuación política de PP, PSOE o Unidos Podemos solo la aprueban el 25% de los entrevistados, pero la de Ciudadanos la aprueban el 50%. Le dan el visto bueno dos tercios de los votantes del PP y hasta la mitad de quienes votaron por el PSOE en 2016.

Esto no significa que Ciudadanos no tenga nada que temer. Su crecimiento puede desaparecer ahora que la crisis catalana se apaga en el debate público y ganan atención otros asuntos más incómodos para el partido (por ejemplo, el feminismo). Tampoco durará siempre otro elemento que le ha beneficiado: la depresión del resto de fuerzas.

Una parte del crecimiento de Ciudadanos se debe a la participación diferencial. Sus simpatizantes están activos y sus rivales desmovilizados, en especial la izquierda. El 36% de los votantes del PSOE y el 31% de los Unidos Podemos están indecisos, dicen que no votarían o que lo harían en blanco. Esa apatía pronostica malos resultados para los dos partidos, pero no tanto como indican las encuestas ahora. La razón es que una parte de los votantes desmotivados acaban regresando cuando se ponen urnas.

Estos riesgos que enfrenta Ciudadanos son reales, pero están lejos de convertir su ascensión en un espejismo. Primero, porque su luna de miel dura ya demasiado para ser solo eso. Y segundo, porque el partido acumula un colchón de simpatizantes casi confortable. Ciudadanos puede ver como se detiene su crecimiento, y hasta retroceder durante una campaña, como le ha pasado en dos ocasiones, sin bajar del 20% de votos. Seguiría estando en una posición privilegiada: habría desactivado el voto útil en su contra y se aseguraría, prácticamente, tener un papel decisivo en la formación del próximo Gobierno.