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Gregorio Marañón recibe el Honoris Causa con un discurso para salvar el tesoro arqueológico de Toledo

Tras ser reconocido por la Universidad de Castilla- La Mancha, el intelectual y académico revitaliza el debate para sacar la Vega Baja de su "situación crítica"

Gregorio Marañón acompañado del rector de la UCLM, Miguel Ángel Collado, y los padriños del acto Rebeca Rubio y Patxi Andión.
Gregorio Marañón acompañado del rector de la UCLM, Miguel Ángel Collado, y los padriños del acto Rebeca Rubio y Patxi Andión.

Gregorio Marañón y Bertrán de Lis (Madrid, 1942) ha sido nombrado este viernes Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha en un acto celebrado en la iglesia paraninfo de San Pedro Mártir de la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Toledo. “Para un universitario, y para un ciudadano que ha decidido hacer de Toledo su lugar de arraigo y de la defensa del patrimonio de esta ciudad un compromiso de vida, no cabe mayor distinción”, ha afirmado al inicio de su intervención.

Marañón ha desplegado un discurso que desde el primer momento ha ido a lo esencial: poner de manifiesto, sin nostalgias y rescatándola del “manto seguro del olvido”, la situación de la Vega Baja y del conjunto arqueológico que se encuentra bajo su suelo. “No es la historia de una batalla pasada, sino una de las cuestiones más acuciantes que tiene planteada hoy nuestra ciudad”, ha asegurado el presidente de honor de la Real Fundación de Toledo en referencia a la lucha iniciada por él mismo hace casi 12 años. Entonces se pudo parar un proyecto inmobiliario, “un disparate” que privatizaba el lugar para construir 1.300 viviendas y espacios comerciales.

Con el plan del Ayuntamiento se arrasaban los restos arqueológicos de la primera capital de España, y se privatizaban unos terrenos que pertenecían a todos los toledanos

“Allí yacen enterrados los restos y las leyendas de la capital visigoda del reino de Hispania. La ciudad emuló a Constantinopla, y fue, tras ella, la más importante urbe del Mediterráneo a partir del siglo VI. Coetánea de la mítica corte del Rey Arturo, los restos de la ciudad visigoda fueron enterrados por el paso de los siglos, las invasiones enemigas y las avenidas del Tajo”, ha comentado Marañón. La zona está protegida desde 1968 y en la declaración de Toledo como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La importancia del legado

En un discurso con Albert Camus como guía moral, y a pocos metros de la tumba de Garcilaso de la Vega, el presidente del Patronato del Teatro Real ha subrayado la necesidad de luchar para que “nuestra generación no cargue con la responsabilidad de haber destruido el paisaje de Toledo”.

El ya Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha no se ha olvidado de quienes estaban detrás de aquella batalla de 2006 en un bando y en el otro. Por un lado, un Ayuntamiento que “decidió realizar un importante negocio especulativo consistente en la recalificación de los terrenos públicos de la Vega Baja para vendérselos a tres de los principales promotores inmobiliarios de la ciudad”, grandes beneficiados de un cambio con el que “destruía una parte fundamental del paisaje histórico de Toledo, se arrasaban los restos arqueológicos de la primera capital de España, y se privatizaban unos terrenos que pertenecían a todos los toledanos”.

Lamentablemente, la situación de la Vega Baja es la que corresponde a once años de incuria y dejación de las responsabilidades públicas. En términos clínicos, diríamos que es crítica

Por otro, quienes se opusieron, empezando por el presidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, instituciones locales y nacionales y quienes desde EL PAÍS y El Mundo y la prensa local apoyaron la lucha por preservar la Vega Baja. La historia no estuvo exenta de coacciones y amenazas más propias de otros lares, tal y como ha recordado el miembro de la Real Academia de Ciencias Históricas y Bellas Artes de Toledo.

¿Cuál es la situación ahora? se ha preguntado Marañón en su alocución, plagada de defensas a lo público. “Lamentablemente, la que corresponde a once años de incuria y dejación de las responsabilidades públicas en la gestión de este espacio. En términos clínicos, diríamos que su situación es crítica” se ha respondido antes de denunciar la “dejadez” de los poderes públicos, más incomprensible si cabe “tras cruzar el Rubicón” hace más de 11 años.

Contra la ciudad mediocre y colmatada

Ante la complejidad de la cuestión, Marañón ha recurrido a la sabiduría universitaria para, a partir de un texto del profesor y arquitecto José Ramón de la Cal, repasar la situación urbanística de la Vega Baja y concluir: “De este tipo de ciudad ya tenemos bastante, y basta el ejercicio de subir por las escaleras de Recaredo para observar la vista de la ciudad nueva, urbanísticamente tan mediocre y colmatada. El desafío que se nos presenta después de años de incuria es qué hacer con este sorprendente espacio vacío que constituye una oportunidad que ya quisieran para sí otras ciudades”.

La respuesta, perfilada en el propio discurso, pasa por ordenar y poner en valor la información arqueológica, olvidarse de las viviendas y los aparcamientos disuasorios y crear un parque que ofrezca a los ciudadanos “un paisaje frondoso y un lugar de esparcimiento como el que tantas otras grandes ciudades desearían tener en el corazón de su trama urbana”.

Marañón ha terminado su combativa intervención agradecido por este reconocimiento, que toma como una ofrenda que guardará, de nuevo Camus, “en la memoria del corazón, que es la más fiable”.

Nómina de personalidades

La relación de Marañón con la ciudad, su vinculación con la historia de Toledo y su patrimonio se refleja en la nómina de invitados y autoridades. El Doctor Honoris Causa lo recogía así al inicio de su discurso:. “Señor Rector Magnífico de la Universidad de Castilla-La Mancha, querido Miguel Ángel Collado; señora Alcaldesa, querida Mila Tolón; señor Consejero de Educación y Cultura, querido Ángel Felpeto; y señores miembros del Consejo de Dirección de esta Universidad:

"Antes de comenzar mi discurso, quiero saludar y agradecer también su presencia al Delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, José Julián Gregorio; al anterior Presidente de Castilla-La Mancha, al que tan unido me siento, José Bono; a la directora general del INAEM, mi querida amiga Montserrat Iglesias; a Jaime Sánchez Revenga, ilustre toledano y presidente de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre; a Ana Santos, amiga y directora de la Biblioteca Nacional; al Conde de Orgaz, presidente de la Fundación de Amigos de la Biblioteca Nacional; a Pedro Barbé, director general de Soliss; a Santiago Palomero, director del Museo Sefardí; a la presidenta de la Real Fundación de Toledo, mi querida Paloma Acuña, y al director de la Real Academia de Ciencias Históricas y Bellas Artes de Toledo, Jesús Carrobles, tan excelentes compañeros en numerosas andaduras; a Luis Arroyo, ex rector de esta Universidad; a Juan-Miguel Villar Mir, Presidente de la Fundación Ortega-Marañón, que tanto me significa; a mis queridos amigos José Varela Ortega, Profesor y Patrono Fundador de la Fundación Ortega-Marañón, y Luis María Ansón, ilustre académico de la Real Academia de la Lengua y presidente de El Imparcial. Y, finalmente, a Pili Solís, mi mujer y compañera de vida, sin cuyo apoyo no podría llevar a cabo lo que hago”.