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ACOSO EN EL EJÉRCITO

Calvario de novatadas en la Academia Militar de Zaragoza

El Supremo avala la expulsión del Ejército de un cadete por denigrar durante ocho meses a un compañero

Entrada principal de la Academia Militar de Zaragoza en agosto de 2006. Ampliar foto
Entrada principal de la Academia Militar de Zaragoza en agosto de 2006.

Academia Militar de Zaragoza. Tres cadetes entran por sorpresa en el habitáculo de un compañero. Mojan con la manguera de la ducha su colchón, su pijama, su cama y su albornoz. Repiten el ritual hasta cuatro veces a la semana. Así, hasta en 30 ocasiones durante el invierno de 2014 y los primeros meses de 2015.

La víctima sufre lesiones en el abdomen, la espalda y las nalgas. Tiene que tomar antibióticos durante dos semanas. No puede dormir. Afronta problemas para concentrarse. Y deja de rendir en sus estudios. Vive agobiado. Teme cruzarse con sus acosadores. Dos de ellos son sus compañeros de habitación. El bullying se desarrolla en un complejo que acoge cada año a más de 400 aspirantes a oficiales del Ejército.

Durante ocho meses, la vida del cadete Juan Carlos (nombre ficticio) pendió de la fijación de tres de sus compañeros de promoción. Un tormento que se tradujo en registros nocturnos, robo de alimentos, llaves y maletas. Patadas y puñetazos a medianoche.

La víctima recibió patadas y puñetazos y fue atendido en un hospital

La retahíla de presuntas bromas incluía desde rellenar con yogur una caja de la víctima a trenzar con nudos imposibles su calzado para que llegara tarde a las clases de educación física. El alumno objeto de la ira temía permanecer en su habitáculo.

El Tribunal Supremo acaba de confirmar la expulsión del Ejército del cadete Juan José C. B., uno de los tres acosadores. El alto tribunal avala así un fallo del Tribunal General Militar de Zaragoza de abril de 2017 que justificaba la salida de las Fuerzas Armadas y la pérdida de empleo del conflictivo aspirante por una falta “muy grave” y por “perseguir y hostigar a un compañero”.

“Existió una verdadera persecución prolongada en el tiempo exteriorizada con designio de denigrar y humillar siempre al mismo sujeto”, recoge la Sala de lo Militar del Supremo en un fallo al que ha tenido acceso EL PAÍS y cuyo ponente ha sido el magistrado Ángel Calderón Cerezo.

El alto tribunal confirma la actitud “vejatoria, abusiva y humillante” del acosador

La contundencia del Ejército contra el principal acosador, que abandonó las Fuerzas Armadas en 2016 en virtud de una resolución firmada por el entonces ministro de Defensa Pedro Morenés, contrasta con las sanciones contra sus dos compañeros de bullying. El Ejército solo les impuso sendos arrestos de 48 horas en mayo de 2015. Ese mismo mes, el cadete Juan José C. B. entró en el habitáculo de su víctima y, entre gritos, le propinó una patada, un puñetazo en el pecho y otro en el costado. El agredido tuvo que ser atendido en el hospital por traumatismo.

Golpes nocturnos

Los tres agresores también pegaron a la víctima en la nuca y la cara mientras dormía y estudiaba. La secuencia se desarrolló en diez ocasiones.

El expulsado activó la vía judicial. Pidió a los tribunales que anularan el decreto del exministro de Defensa que ratificaba la decisión de los mandos militares. Sus recursos ante los jueces no prosperaron. Perdió primero ante el Tribunal Militar de Zaragoza. Y después en el Supremo, que ha considerado que un militar no puede acosar a un compañero.

A diferencia de sus dos compañeros de bullying, el cadete expulsado no se disculpó ante la víctima. Y esgrimió sin éxito ante los tribunales que causó idéntico daño que sus dos compañeros. El Supremo considera que él fue el único que participó en las agresiones físicas. “Con motivo de estos episodios, la víctima precisó asistencia médica, primero en los servicios de la Academia Militar de Zaragoza y luego en un centro externo”, indica el Supremo. El centro de formación militar zaragozano fue el primero en detectar el acoso y atajarlo con contundencia, según se desprende del fallo.

El alto tribunal ha calificado la conducta del agresor de “vejatoria, abusiva y humillante”. Y subraya que su expulsión se fraguó en el marco de un atentado contra “la intimidad y la dignidad personal en el trabajo”.

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