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La condonación de la deuda cubana dispara la ayuda al desarrollo

La cooperación real no pasa del 0,21% del PIB, aunque la cifra oficial la eleva al 0,33%

La reina Letizia durante su visita el pasado día 14 a un centro de acogida de niños de la calle financiado por la cooperación española en Senegal.rn Ampliar foto
La reina Letizia durante su visita el pasado día 14 a un centro de acogida de niños de la calle financiado por la cooperación española en Senegal. EFE

España destinó en 2016 el 0,33% de su Producto Interior Bruto (PIB) a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), lo que supone más que duplicar el porcentaje del año anterior (0,12%) y pasar de 1.400 millones de dólares a 4.080. Este sorprendente dato no lo ofrece el Gobierno sino un organismo independiente, el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que fiscaliza los fondos que los países más desarrollados destinan a apoyar el progreso de los más pobres.

La condonación de la deuda cubana dispara la ayuda al desarrollo

El dato es incuestionable, pero tiene trampa, pues incluye la condonación de más de 1.500 millones de dólares de la deuda de Cuba, la mayor realizada nunca por España, una operación política que sirvió para limpiar del balance un préstamo que nunca iba a cobrarse y reabrir el grifo del crédito para las empresas españolas que quisieran desembarcar en la isla caribeña.

La condonación de la deuda cubana dispara la ayuda al desarrollo

Si se excluye la condonación cubana, la AOD española se situó en 2016 en el 0,21% del PIB, por debajo de la media de los países del CAD (0,32%) y muy lejos del récord de 2009 (0,46%). A falta de cifras definitivas, está previsto que este año ascienda a 2.450 millones de euros y se estanque en el mismo porcentaje (0,21%).

Las cifras son importantes, pues muestran si los países avanzan hacia el objetivo marcado por la ONU de destinar el 0,7% de su riqueza a la ayuda al desarrollo. Pero también lo es cómo se gasta ese dinero y las ONG vienen denunciando desde hace años el peso cada vez mayor que en la ayuda española tienen las contribuciones obligatorias a la UE y a organismos financieros multilaterales; o la pérdida de importancia del Ministerio de Exteriores, el único que cuenta con una agencia especializada en cooperación (la AECID), en beneficio de los departamentos de Economía o Hacienda. Sin olvidar los crecientes recursos destinados a atender a los inmigrantes y refugiados que llegan a España (232 millones en 2017) y que, para las ONG, no pueden contabilizarse como ayuda al desarrollo de sus países de origen.

La presentación del libro España Solidaria (Gestión 2000, Planeta), del periodista Miguel Ángel Villena, sirvió anoche para que algunos de sus protagonistas, como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, hicieran balance de tres décadas de historia de la cooperación española y rememoraran con nostalgia su edad de oro (2005-2010), a la que se acusó de pecar de buenismo. Sería en el buen sentido de palabra, pues lo que vino con la crisis fue la España insolidaria, que recortó su ayuda al desarrollo en torno al 70%, más de lo que lo hicieron países menos ricos, como Portugal o Grecia.

Ante la demanda generalizada de recuperar la ayuda española al desarrollo tras su desplome de los últimos años, el secretario de Estado de Cooperación Internacional, Fernando García Casas, puso una luz de esperanza al anunciar la inminente aprobación de su quinto plan director y subrayar que la falta de fondos nacionales se ha suplido en parte con la cooperación delegada europea: España es, con 270 millones de euros, el tercer país que más proyectos de la UE gestiona, tras Francia y Alemania.

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