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Los Mossos buscaban a Younes, el autor de la matanza de Las Ramblas, horas antes de que la llevara a cabo

Con la explosión del chalé de Alcanar, base de la célula yihadista, arrancó una investigación que llevó a los agentes a hablar con los hermanos del artífice de la masacre para localizarlo

El chalé de Alcanar, base de la célula yihadista, reducido a escombros.
El chalé de Alcanar, base de la célula yihadista, reducido a escombros.

Agentes de los Mossos d’Esquadra trataban de localizar a Younes Abouyaacoub sin saber que faltaban solo unas horas para que ese joven marroquí de 22 años criado en Ripoll (Girona) entrase con una furgoneta blanca en las Ramblas de Barcelona y embistiera a los viandantes a toda velocidad, dejando un reguero de sangre de 14 muertos —que ascenderían a 16— y un centenar de heridos. Fue el pasado 17 de agosto a las 17.00. Y hoy se sabe que solo unas horas antes de esa matanza los Mossos d’Esquadra le preguntaban por teléfono a Hycham Abouyaacoub, uno de los hermanos de Younes, por su paradero. Nadie de su familia sabía en ese momento dónde estaba el que poco después sería el hombre más buscado de España.

Los Mossos d’Esquadra habían acudido la tarde anterior, alertados por los vecinos, a la urbanización Montecarlo de Alcanar (Tarragona). Una gran explosión redujo a escombros el chalé F9 y causó desperfectos en las casas colindantes. A las puertas de esa vivienda en ruinas, había varios vehículos aparcados. Entre ellos, un Peugeot 306, que les llevó hasta los hermanos Abouyaacoub, a nombre de quienes estaba ese coche, que por entonces conducía por Younes, según les dijeron. Según fuentes cercanas a la investigación, aquellas llamadas se realizaron desde los teléfonos oficiales de los Mossos con el objetivo de localizar a los implicados en un supuesto “laboratorio de drogas clandestino”, que fue lo que inicialmente pensaron que era aquello. Las mismas fuentes desmienten que esas llamadas pretendieran “contactar con un confidente”, como han publicado otros medios.

Para entonces Younes llevaba ya dos meses preparando un gran atentado, junto a siete amigos de entre 17 y 24 años dirigidos todos por el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, de 44 años. Habían conseguido acumular un arsenal en ese chalé ocupado de Alcanar (Tarragona): 106 bombonas de butano compradas con la venta de joyas robadas, 500 litros de acetona, agua oxigenada y bicarbonato. Los ingredientes necesarios para fabricar TAPT, un explosivo casero usado por Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés) y conocido como la madre de Satán. También guardaban clavos para usarlos como metralla y pulsadores para provocar la detonación. Estaban dispuestos a causar una masacre en la Sagrada Familia de Barcelona, según se supo después por el testimonio del único superviviente de esa explosión. Mohamed Houli salió a fumarse un cigarrillo al porche y solo resultó herido. Al día siguiente era el detenido en el hospital y convertido en el principal testigo de los planes de sus compañeros terroristas. Bajo los escombros quedaron los cuerpos del imán, Es Satty, y del joven Youseff Aallaa, que no serían encontrados hasta dos días después.

Las llamadas realizadas por los Mossos ponen de nuevo de relieve que nadie sospechó que aquello pudiera tener relación con la preparación de un atentado hasta el día siguiente, cuando Las Ramblas de Barcelona ya eran un dantesco reguero de cuerpos muertos, heridos y mutilados. Esas pesquisas no pudieron evitar la matanza, pero explican, en gran parte, la rapidez con la que identificaron a la decena de miembros de la célula, muchos de ellos emparentados, y les dieron caza. De los doce presuntos implicados detenidos, ocho fueron abatidos, uno —Houli— está encarcelado y tres quedaron en libertad. A Younes le descerrajaron 20 tiros en las primeras horas de la tarde del 21 de agosto, en un campo de viñedos de Vilafranca, tras cuatro días de huida en los que no se sabe aún qué hizo, aparte de cambiarse de camiseta.