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El movimiento ecologista se solidariza con el único preso por los fuegos

Miguel Martínez, en prisión sin fianza, fundó un grupo de defensa medioambiental y el domingo quemó la finca familiar que había ido a limpiar cuando asó un chorizo para comer

Miguel Ángel Martínez entra en los juzgados de Xinzo de Limia (Ourense) el pasado día 19.
Miguel Ángel Martínez entra en los juzgados de Xinzo de Limia (Ourense) el pasado día 19.

"Voy a limpiar la finca de castaños, que está todo muy seco y tengo miedo de que haya un incendio", anunció Miguel Ángel Martínez Novoa a su esposa el domingo pasado al levantarse. El matrimonio y su hija, residentes en Vigo, habían ido a pasar el fin de semana a la casa natal de la mujer, en el ayuntamiento ourensano de Os Blancos, y el arbolado de su propiedad en el lugar de Soutelo, de una hectárea, acumulaba maleza y gran cantidad de erizos secos de las castañas caídas. Miguel Martínez trabajó toda la mañana hasta que lo acució el hambre. Entonces, sin calcular el riesgo que entrañaba preparó unas pocas brasas entre piedras para asar unos chorizos. En la provincia de Ourense llevaba cerca de medio año sin llover y el domingo empezó a soplar fuerte el viento. Las brasas prendieron de forma fulminante en la hierba corta, pero reseca, y en un instante el fuego se desmadró. Miguel trató de sofocar las llamas a golpes, con ramas de árboles. En su lucha contra el desastre que había causado en su propia finca se le cayeron del bolsillo las llaves del coche y el móvil. El incendio engulló el teléfono y "no pudo llamar para pedir auxilio", relata su amigo Manuel García, presidente del Movimento Ecoloxista da Limia (MEL), un grupo de defensa medioambiental de la mayor comarca agrícola de Galicia que hace más de 20 años fundaron, entre otros, estos dos compañeros de batallas.

Miguel Martínez, de 55 años, único encarcelado (en prisión sin fianza) tras la oleada de incendios que ha asolado Galicia, es un admirado ecologista que compagina su trabajo como funcionario de un juzgado de Instrucción en Vigo con una afición poética inflamada de amor por la naturaleza. Entre sus poemarios más comprometidos con el medio ambiente está Holocausto Limiao, en el que aborda la destrucción del ecosistema de la comarca de A Limia a causa de los incendios o la desecación durante el franquismo para uso agrícola intensivo de la laguna de Antela, hasta entonces la mayor extensión de agua dulce de la Península Ibérica, paraíso de las aves. Los hechos, tal y como los relató el detenido a su abogado, han sido comprobados esta tarde in situ por la familia de Martínez, que ha llamado a la Guardia Civil de Os Blancos para que levante acta de las pruebas que aún perduran en el terreno calcinado: los restos de las brasas entre piedras, las llaves del contacto y el móvil derretidos a pocos metros.

Representantes de los colectivos ecologistas más significativos de Galicia, como la Sociedade Galega de Historia Natural que está encabezada por científicos, la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia (Adega) o la Federación Ecoloxista Galega (FEG) han respaldado un comunicado en el que los compañeros del preso destacan la trayectoria comprometida de Miguel Ángel Martínez Novoa y expresan su "preocupación" por las "circunstancias" en que se produjo su detención. "Miguel es una persona conocida, valorada y querida por todos los que a lo largo de los años noventa activaron la lucha social contra el deterioro de la naturaleza en nuestro país", explica el escrito. "El Movimento Ecoloxista da Limia que el ayudó a crear" al principio de esa década "era uno más de esas decenas de colectivos que surgieron por toda Galicia y que nutrían la Asemblea de Grupos Ecoloxistas e Naturalistas de Galiza (AGENG), después convertida en Federación Ecoloxista Galega (FEG, 1995)", rememora a continuación. "Además de con la FEG, Miguel colaboró con Adega y otros colectivos" y redactó textos y poesías para publicaciones como la revista gallega Cerna, especializada en medio ambiente.

"Cuando el ecologismo estaba casi en su infancia, Miguel se mostró siempre como una de las personas más conciliadoras en las inevitables discusiones a la hora de hacer valoraciones y acordar estrategias de trabajo", dice también el comunicado de apoyo. "Ya en ese momento trabajador de los juzados de Vigo, en numerosas ocasiones asesoró sobre la incipiente normativa ambiental".

El actual presidente de MEL considera que Martínez, encarcelado tras una noche en los calabozos de la Guardia Civil de Ourense y una breve comparecencia ante la juez y la fiscal en Xinzo de Limia, es el "chivo expiatorio" que buscaban la Administración autonómica y central para sofocar los ánimos de la sociedad, que exigía apresar a los culpables. Mientras tanto, como ocurre casi siempre que Galicia sufre una desbocada ola de incendios, los políticos difunden el mensaje de la "trama incendiaria", de momento solo un fantasma que la Fiscalía Superior ha anunciado que se ha puesto a rastrear.

Miguel Martínez, que entró en los juzgados a cara descubierta, está acusado de un delito de incendio forestal de "especial gravedad". El fuego de sus chorizos arrasó la hectárea de castaños de su esposa y, según considera el juzgado, puso en riesgo el núcleo de población situado a 300 metros y una granja algo más próxima. Cuando vio que por sus propios medios no podía controlar las llamas, el autor confeso del fuego, sin teléfono del que valerse y sin llaves para arrancar el coche, corrió a pedir ayuda a los vecinos y fue otro el que alertó de las llamas a los medios de extinción.

En los trabajos se emplearon dos brigadas y dos motobombas. Al atardecer, antes de regresar a Vigo pasando por Santiago para dejar a su hija estudiante, el ecologista, según su familia, pasó "voluntariamente" por el cuartel de la Guardia Civil para "dar su DNI y su domicilio" de residencia. El martes recibió notificación de que debía presentarse en la comandancia y "así lo hizo". Allí, contra lo que todos esperaban, fue detenido. Según la versión de su entorno, los agentes lo redujeron de tal manera que tuvo que ser llevado a un centro hospitalario "donde permaneció seis horas". La versión oficial tiene en cuenta sus antecedentes por quema de rastrojos y contempla la posibilidad de un delito de resistencia a la autoridad después de que el detenido "forcejeara" con los guardias de Vigo en el momento del arresto. Miguel Martínez, que según sus amigos actualmente está a tratamiento por depresión, no ha podido comunicarse durante tres días con su familia. "Le aplicaron el protocolo antiterrorista", protesta Manuel García, "y su mujer no ha tenido autorización para visitarlo en la cárcel de Pereiro de Aguiar [Ourense] hasta hoy [sábado] a las 12 del mediodía".

"En relación con Miguel todo indica que estamos ante un incendio no intencionado, si realmente tuvo que ver con su provocación", defiende también el comunicado ecologista, "un incendio que él mismo ayudó a apagar y a limitar su alcance hasta quedar en testimonial". En esta oleada de incendios, Galicia perdió más de 35.500 hectáreas en 134 focos. "Esperamos que, en justicia, no convirtamos a Miguel en el chivo expiatorio de esta catástrofe ecológica", concluyen sus compañeros.

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