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OPINIÓN

Junqueras Hamelin

Su comparecencia en La Sexta, con Ana Pastor, lo reveló también como un hipócrita de libro, de los que usan la humildad para darle vaselina a la mentira

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El vicepresidente Oriol Junqueras firma la convocatoria de referéndum tras la aprobación en el Parlament. EFE

Oriol Junqueras es de esas personas que, acaso disponiendo de ella, carece por completo de abuela. Un rasgo más: trabaja tanto el músculo para no parecer arrogante que lo es hasta callado. Es mejor (más bueno) que nadie, ha estudiado más que nadie (en Japón, en China, en el Vaticano), y sabe más que nadie, da clases de más materias que nadie, tiene más orígenes que nadie (ya casi es andaluz de Jaén, "y quizá italiano") y es más catalán que nadie, y entre los suyos no hay solo gente que tiene relación con España; hay uruguayos, chilenos, argentinos. Sin embargo, siendo más catalán que nadie, él es del mundo entero, y sabe que el mundo entero está esperando a Cataluña, sola y fuerte, como si no la tuviera ya. El mundo no sabe qué es Cataluña: España se la ha robado. Ahora viene él, con la espada del bien, a restaurarla. Junqueras es como Kim de la India, el amigo de todo el mundo, pero es tan humilde que se conforma con ser catalán. El mejor catalán, eso sí.

Su comparecencia del domingo en La Sexta, con Ana Pastor, lo reveló también como un hipócrita de libro, de esos que usan la humildad para darle vaselina a la mentira. Ante una audiencia elegida por la demoscopia, dijo la directora de El Objetivo, Hamelin Junqueras llegó con dos mantras muy teñidos. Uno, el derecho internacional avala la independencia de Cataluña, que es algo normal. ¿Y Europa? Nos espera, “es lo normal". Él no explica, no tiene explicación, dónde dice el derecho internacional que Cataluña esté entre los países colonizados que merecen ser rescatados del yugo. Tampoco quiere escuchar que Europa no ha dicho nunca que Cataluña independiente entra enseguida en el club. A lo que no le gusta le aplica el circunloquio. Hablar con él debe ser entretenido, como hacer todos los días el mismo sudoku.

Detrás de la palabra “normal” él oculta cualquier dato que le sonroje. Es tan normal todo para él que hasta habría que pensar que para él la independencia se vende sin receta en las farmacias. “¿Es domingo? Pues me voy a independizar”. ¿El 1 de octubre? “La gente va y vota”. Es ilegal. “¿Ilegal? No, "es normal”. Junqueras fue a su mitin de La Sexta como si esa palabra le hubiera tocado en una tómbola.

Hay en él al menos siete Junqueras, y a este programa se llevó al infalible, el Junqueras que está encantado de conocerse, el más educado, el que tiene el Estat en la cabeza, como un Fraga catalán. Es tan bueno, en todo, que incluso se emociona cuando su hijo le sugiere que se alegre, como su amigo extremeño del Madrid, de un triunfo de este enemigo del alma sobre nuestro Barça tan querido.

Seguramente tiene todas las virtudes que dice, pero la fe cristiana que profesa debiera darle una bofetada moral por exhibir la bondad con la arrogancia que castiga Dios: si gana Cataluña esta partida las reformas laborales, la seguridad social, los hospitales, hasta el aire va a ser mejor que el que respira esta España que todo lo prohíbe, hasta la respiración.

Fue de almíbar su parlamento, una cháchara para llevar a incautos a la cueva de Hamelin. Pero ese almíbar fue ácido cuando Ana Pastor le recordó que sus compañeros de ERC habían usado el no tinc por para esta campaña electoral, pasando por encima de la metáfora de las víctimas. Tuvo la santa hipocresía de decir que eso es así, que ellos siempre dicen no tinc por. España no les da miedo, hay que ver qué valientes. Es tan bueno, se ve tan bueno, que no padece ni de autocrítica este Hamelin que habita en Junqueras.

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