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Las microalgas afloran los vertidos en Canarias

Una plaga de cianobacterias en el archipiélago aviva el debate sobre la precaria depuración de sus aguas

San Cristóbal de La Laguna
Vecinos de Santa Cruz de Tenerife se manifestaron el sábado contra los vertidos.
Vecinos de Santa Cruz de Tenerife se manifestaron el sábado contra los vertidos. EFE

Nunca en Canarias se ha hablado tanto del mar como este verano, que empezó con mantos de microalgas llegando a las costas de Tenerife, La Gomera, La Palma, El Hierro y Gran Canaria, y se aproxima a su fin en medio de un debate ciudadano por los millones de litros de agua sin depurar que se vierten al océano.

Las microalgas son unas cianobacterias que se hallan normalmente en aguas canarias y que, según los expertos, se han reproducido con mucha más intensidad este verano debido a un mar en calma, al aumento de su temperatura, a la presencia de calima —rica en hierro y fósforo, que actúan como fertilizantes— y a la baja intensidad de los vientos alisios, el regulador térmico de las islas. También ricas en fósforo —y en nitrógeno, otro nutriente— son las aguas sin depurar, lo que ha hecho establecer una relación entre cianobacterias y vertidos de aguas residuales, sobre todo tras la difusión de un estudio de Nature que establece esta relación en la costa de Haifa, Israel.

El Gobierno regional, en manos de Coalición Canaria (CC), que ha tardado 40 días en comparecer desde la localización de primera mancha en junio, ha negado esta relación, preocupado además por el impacto que pueda tener en el turismo. Y defiende que se debe a las condiciones producidas por el cambio climático.

Un informe del Instituto de Oceanografía y Cambio Global y del Instituto de la Investigación para el Desarrollo afirma que no hay “ninguna evidencia” de que las cianobacterias tengan que ver con los vertidos. Aunque impera la cautela entre los científicos. Para José Manuel González, profesor titular de Microbiología de la Universidad de La Laguna, ni una cosa ni la otra son concluyentes. “Puede que hayan nacido en mar abierto y la corriente las haya traído, parece ser lo más probable, pero también es cierto que estas bacterias pueden crecer en respuesta a este tipo de vertidos”. “No se puede descartar nada. La prudencia es siempre buena consejera”, afirma Francisco Rodríguez, investigador del Instituto Español de Oceanografía.

Toxicidad

En agosto se filtró un informe de los técnicos de Sanidad donde se hablaba de tumores de hígado en ratones por exposición a medio y largo plazo. Para Rodríguez, sin embargo, la concentración de toxinas en las cianobacterias es muy baja y “no produce daños graves más allá de dermatitis o molestias respiratorias”. Lo que sí señalan algunos científicos es que la descomposición de las cianobacterias en la costa podría originar la aparición de algas tóxicas.

La discusión científica transcurre en paralelo al debate ciudadano sobre el tratamiento de las aguas vertidas al mar. Solo en Tenerife, según datos elaborados por Podemos, IU y Sí Se Puede a partir del último censo de 2008, se lanzan diariamente 57 millones de litros de agua que no se depuran según lo establecido por una directiva europea de 1991. Eso a pesar de que los habitantes de municipios como La Laguna y Santa Cruz, con problemas parciales de depuración, pagan para este fin un canon en su factura del agua. Por estos incumplimientos, entre otros en todo el país, la Comisión Europea ha propuesto al Tribunal de Justica de la UE que multe a España de 46,5 millones de euros.

Según el consejero de Aguas de Tenerife, el socialista Manuel Martínez, cuyo partido gobierna con CC, se necesitan unos 200 millones de euros para adaptar los sistemas de depuración de la isla a la normativa europea. El presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo, afirmaba estos días que en Gran Canaria “el 99% de las aguas se vierten al mar sin depurar”. El Ejecutivo echa balones fuera diciendo que las competencias de depuración de aguas son municipales. Y, mientras, el sábado, unas 2.000 personas se manifestaron en Santa Cruz al grito de “Los vertidos, a la casa de Clavijo”.