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Selectividad con el paso cambiado

Los alumnos de la Lomce afrontan la prueba de acceso a la universidad, cuyo contenido ha sufrido variaciones

Ambiente en Ciudad Universitaria (Madrid) antes del examen de selectividad.

Son la avanzadilla. Los alumnos de seis comunidades (Aragón, La Rioja, Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid y Extremadura) iniciaron este martes el examen de acceso a la universidad, que tiene un nombre nuevo pero una estructura vieja. Se llama EvAU o EBAU —Evaluación de Acceso a la Universidad o Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad— aunque en los campus la siguen llamando selectividad, la prueba más temida, que pasarán unos 300.000 jóvenes antes del próximo 16 de junio.

Tras anunciar cambios de calado —el Ministerio de Educación aprobó que fuera una prueba que se debía pasar para sacar el título, la famosa reválida, o que se haría con preguntas tipo test— el examen se parece bastante al que llevan haciendo en España los aspirantes a universitarios más de 40 años. Lo inédito en esta edición es que los estudiantes han ido conociendo esos cambios a lo largo del curso, una incertidumbre que muchos decían acusar este martes, en la primera jornada de pruebas.

En la Facultad de Odontología de la Complutense de Madrid las alumnas Carlota y Paula, del colegio Sagrado Corazón, contaban en el repaso final antes de entrar al examen que conocieron los últimos cambios hace tres meses. “Nos empezaron a quitar temas y a meter otros. Nos leímos El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín y, al final, nada”. “En diciembre nos dijeron una cosa, en marzo otra y luego que era todo igual. Eso nos ha hecho tener mucha incertidumbre”, añadía otra estudiante, María San José, minutos antes de entrar en la primera prueba, la de Literatura. “En la asignatura de Matemáticas de la rama de Ciencias ha sido un caos.

Han quitado cosas que no tienen sentido”, añade Beatriz García.
La reunión de los profesores con la comisión que organiza las pruebas se retrasó tres meses, pasando de noviembre a febrero. Ahí se concretó el temario y se anunciaron las variaciones. “Lo hemos vivido como una falta de respeto”, protestaba una profesora que acompañó a sus alumnos.
Los estudiantes madrileños tuvieron que elegir en Literatura entre dos opciones: la poesía del 39 a finales del siglo XX y un comentario de texto del artículo Comer, leer, de Manuel Vicent publicado en EL PAÍS en 2016. O sobre el Novecentismo y las vanguardias y un comentario de Palabralogía, de Virgilio Ortega. En Historia, les tocó el sexenio democrático (1868-1874) o las transformaciones económicas del franquismo. “Ya ha pasado lo peor”, coincidían a la salida del primer examen. Quedan dos días por delante.

En Baleares, un griterío generalizado se extendía a las 10.30 por el edificio Gaspar Melchor de Jovellanos de la sede de Palma de la Universidad de las Islas Baleares, donde 2.321 alumnos se examinaban. Los chicos salían de forma apresurada del edificio de la facultad de Derecho tras el primer examen, el de Lengua Castellana. Además de la incertidumbre por los cambios, en Baleares la prueba está marcada por otra novedad: los estudiantes pueden pedir el enunciado de las preguntas íntegramente en castellano. Sus exámenes se extienden hasta el jueves y el miércoles espera Catalán por la mañana y las asignaturas de cada itinerario durante el resto de la jornada.

En Castellón, Patricia Beltrán salió satisfecha de su primer cara a cara con la Selectividad. Tiene 18 años, estudia en el instituto Violant y quiere ser psicóloga. En Literatura, eligió a Valle Inclán. “Iba muy nerviosa y conforme ha pasado el día me he relajado”, explicaba este martes.

“Yo quiero ir al Ejército. Quiero ser militar”, afirmaba con seguridad Miguel Moliné, estudiante del Mater Dei de Castellón. Los tres exámenes le dejaron buen sabor de boca, pero se queda con el último, el de Matemáticas: “No ha habido ningún apartado que me haya generado dudas”. En definitiva, que no es tan fiero el león como lo pintan: “Para mí la experiencia ha sido diferente de la imaginada, pero para bien”. A Mario Alberto Fernández de Bulnes, de Benicàssim (Castellón), le quedó un sabor agridulce en el examen de Castellano: “No me ha dado tiempo a contestar la parte literaria; el examen era demasiado largo y había poco tiempo”. Pese a todo, salió contento. “He aprendido lo que es examinarse con mucha presión. Aunque, si te has preparado bien, no es para tanto”.

El franquismo, la Generación del 98 y ‘Luces de Bohemia’

Los alumnos madrileños pudieron elegir para el examen de Historia entre el sexenio democrático (1868-1874) y las transformaciones económicas del franquismo. En la Comunidad Valenciana, tuvieron que analizar en el comentario de texto Dijsselbloem y los cerdos del sur, de Olga Grau, publicado en El Periódico. También les preguntaron por temas como el Modernismo y el 98 en Luces de Bohemia y los temas políticos de Miguel Hernández, como opción a, o el realismo mágico y La casa de los espíritus y la evolución de la obra de Valle-Inclán.

Los alumnos baleares también tenían entre las opciones disponibles un artículo de EL PAÍS, adaptado de Un bosque urbano toma forma en un edificio de Taipéi, de Daniel García, junto a las vanguardias y la novela en los años sesenta y la renovación narrativa. La otra opción incluía analizar el poema Felicidad natural, de Juan Antonio González Iglesias y desarrollar la narrativa de fin de siglo (el grupo del 98) o la poesía de los años cuarenta y cincuenta.

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