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Mientras Podemos no resuelva sus contradicciones no habrá consenso para una reforma

El líder de Podemos, Pablo Iglesias.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias.Chema Moya (EFE)
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Este martes se conmemora nuestra envejecida Constitución, justo el día después del fracaso refrendatario de la reforma constitucional propuesta por Matteo Renzi en Italia. Vaya paradoja. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Pues a este paso, parece claro que tampoco nosotros podremos reformar nuestra Constitución.

Es verdad que la “gran coalición” tácitamente formada por el Gobierno y el PSOE ha permitido constituir una subcomisión para estudiar dicha reforma constitucional, que necesariamente exige un consenso comparable al de 1978. Pero mientras los soberanistas catalanes y los populistas de Podemos sigan oponiendo su poder de veto, no hay nada que hacer. O sea, justo como en Italia, donde también la reforma se ha hecho imposible por el veto común de padanos (Lega Nord) y populistas (M5S).

Y esto resulta muy frustrante y desesperanzador, si tenemos en cuenta que tanto soberanistas como populistas se declaran formaciones políticas constituyentes, proponiendo formalmente la refundación de la Carta Magna. Ahora bien, rememorando los debates que precedieron al debate de nuestra vigente Constitución, lo hacen con una voluntad rupturista que choca frontalmente con el reformismo profesado por los dos grandes socios bipartidistas del régimen del 78. De modo que, con la actual correlación de fuerzas, resulta prácticamente imposible reformar por consenso nuestra Constitución. ¿Qué perspectivas de futuro se abren para cambiar este estado de cosas?

Es posible que una parte del soberanismo catalán se vea pronto superado en las urnas por el populismo de Barcelona En Comú, con el que resultaría más factible llegar a futuros acuerdos. Y, por eso, el gran problema es el que plantea Podemos, dada su actual deriva radical y rupturista. Pero también aquí hay cierto margen para la esperanza, pues tras su pérdida de un millón de votos el 26 de junio pasado, Podemos ha entrado en una grave crisis de liderazgo, hoy dividido entre el rupturismo de Iglesias y el reformismo de Errejón. Un reparto de papeles entre poli malo y poli bueno que puede ser un truco para acaparar protagonismo mediático.

Pero también parece algo más serio, dadas las flagrantes contradicciones en que incurre su líder máximo. Un ejemplo anecdótico, pero significativo es el de su llamada a la feminización de la política, lo que implica empatía y sinergia colaborativa. Justo lo contrario de lo que practica Iglesias, que clama en plan machista por cavar trincheras de lucha belicista.

Pero la gran contradicción del actual Podemos es ideológica y estratégica, pues en contra del modelo de construir consensos interclasistas teorizado por Laclau, está optando por abrir una guerra de clase contra clase en la periclitada línea de la vieja izquierda. No es extraño, por tanto, que su gran mentor intelectual, José Luis Villacañas, haya optado por respaldar a Errejón y desautorizar a Iglesias. Y mientras esta contradicción no se resuelva, el consenso constituyente deberá esperar.

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