Arrestado un segundo sospechoso por el asesinato de la familia de Pioz

Se trata de un amigo del asesino confeso; supuestamente le dio consejos "en tiempo real"

Marvin Henriques Correia, detenido.Vídeo: EFE
Marvin Henriques y Patrick Nogueira.
Marvin Henriques y Patrick Nogueira.

La policía brasileña entró ayer en la casa de Marvin Henriques Correia, de 18 años, un amigo de Patrick Nogueira Gouveia, quien ha confesado ser el autor del asesinato de una familia en Pioz (Guadalajara). Lo detuvieron como presunto colaborador del crimen y le requisaron su ordenador, su móvil y el libro Nuestro lado oscuro: una historia de los perversos, que podría haberles servido de inspiración. Las autoridades brasileñas creen que aconsejó a Patrick durante la carnicería que llevó a cabo. Nada concuerda para los agentes españoles.

Son amigos y residentes en Joao Pessoa, estado de Paraiba (noreste de Brasil). “Se conocen de las fiestas del colegio”, asegura desde Brasil Walfran Campos, hermano de Marcos Campos, asesinado el pasado 17 de agosto junto a su mujer, Janaina, y sus dos niños pequeños —de cuatro y un año— en el chalé de Pioz (Guadalajara) al que se acababan de mudar.

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La policía brasileña asegura que “le dio consejos en tiempo real” para cometer el crimen y esconder los cadáveres. Pero esa versión no encaja lo más mínimo con lo ya descubierto en España por los investigadores de la Guardia Civil. Como por ejemplo que el teléfono móvil de Patrick, que le delató al localizarle en Pioz el día en que murieron, solo se conectó en dos ocasiones hacia las 18.00 y ya no volvió a estar activo hasta las seis de la madrugada, justo antes de que el joven de 20 años tomara un autobús en el pueblo para regresar a su piso de estudiantes de Alcalá de Henares. Eso hace materialmente imposible que se comunicasen en tiempo real mientras perpetraba el brutal crimen.

Tampoco hay muchas opciones de que hablasen desde un ordenador —Patrick tenía uno que se llevó a Brasil y que dejó allí cuando regresó para entregarse a España—, porque Marcos y su familia aún no tenían wifi en su nueva casa. Y dos cosas más. La primera, que Patrick, quien ya está en una celda de cristal de la prisión de Alcala Meco, les mató usando exactamente la misma técnica que usó cuando agredió a un profesor suyo en Brasil a los 16 años. Les clavó “una navaja” —dijo en su declaración ante el juez sobre el arma homicida nunca encontrada— en el cuello. El maestro, en cambio, sobrevivió y conserva una gruesa cicatriz. Sus tíos y sobrinos se desangraron. Y después descuartizó a los adultos para terminar metiéndolos a todos en seis bolsas de plástico.

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Y, la segunda: si el asesino confeso hubiera necesitado consejos en streaming (tiempo real), ¿por qué compró las bolsas de plástico y la navaja casi 15 días antes de cometer el cuádruple asesinato?

“Fue una muerte premeditada por ambos. Hablaban entre los dos por Internet para matar a mi hermano”, asegura Walfran, que acaba de regresar a Brasil después de varias semanas en España colaborando con la Guardia Civil y gestionando la repatriación de los cuerpos de sus familiares. “Yo conozco al chico, estuvo conectado con él a través del ordenador toda la noche, le dijo cómo cortar los cuerpos y lo vio todo. O son enfermos mentales o son personas muy malas”, dice.

La Guardia Civil, tanto por su declaración como por el modo de actuar tras cometer el crimen —siguió con su vida normal hasta un mes después, cuando se descubrieron los cuerpos y adelantó un vuelo a Brasil—, le atribuye un carácter psicopático.

Las autoridades brasileñas aseguran que Patrick le había enviado a su amigo las fotografías que se tomó al lado de los cadáveres descuartizados de sus víctimas. Supuestamente, Henriques fue descubierto por un amigo que las vio en su móvil. Esas imágenes no han sido encontradas por los investigadores españoles en el móvil del asesino confeso, aunque están aún a la espera de nuevos análisis de criminalística, por si hubiese podido eliminarlas. “Preguntaba cómo actuar, cómo podía ocultar los cuerpos, qué hacer”, ha relatado el comisario Reinaldo Nóbrega en una rueda de prensa, recogida por medios locales. Algo que tampoco encaja con el hecho de que días después del crimen preguntase a sus compañeras de piso dónde podía comprar una pala.

Nada encaja

“Aun sabiendo el crimen perpetrado por Patrick, el estudiante siguió aconsejándole cómo proceder. Es partícipe”, insistía Marcos Paulo Vilela, otro comisario que también trabaja en el caso. “Marvin se mostró arrepentido y triste con la situación y llegó a colaborar con nosotros, esclareciendo algunos puntos”, apuntó el comisario.

El detenido, según contaron los investigadores brasileños admitió haber ayudado a su amigo, pero no creyó que estaba cometiendo un crimen. Lo que tampoco concuerda con el hecho de que pudiera verlo o seguirlo en tiempo real.

Fuentes policiales citadas por el periódico brasileño O Globo aseguran que el joven no será extraditado y que este lunes deberá comparecer ante el juez, que decidirá si sigue o no en prisión provisional. “Todavía no hay cómo afirmar que el joven tuvo participación efectiva en el crimen”, ha defendido Sheyner Asfora, abogada del detenido, según cita el mismo diario.

Una actuación radical tras un error garrafal

P.O.D.

La policía brasileña tuvo ayer una drástica actuación con la detención de Marvín Henriques Correia, amigo de Patrick Nogueira y acusado de ser su cómplice en el crimen. Son muchas las contradicciones que implica el arresto por lo ya conocido del cuádruple asesinato. Tanto por lo revelado por la Guardia Civil como por lo que declaró el ya asesino confeso, que no solo no fue detenido por la policía brasileña pese a las dos comisiones rogatorias de los investigadores españoles, sino que salió del país dispuesto a entregarse y voló sin impedimentos a España en un vuelo comercial, aunque tenía una orden internacional de detención.

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