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‘Burkinis’ hechos en España

Una mujer de origen marroquí y otra de ascendencia argentina diseñan, fabrican y exportan las prendas desde Cantabria

Romina Cusulini (izquierda) y Soumia Elouali, junto a uno de los burkinis que diseñan y fabrican para su empresa, Haramlak. Ampliar foto
Romina Cusulini (izquierda) y Soumia Elouali, junto a uno de los burkinis que diseñan y fabrican para su empresa, Haramlak.

Cristales de Swarovski y licras italianas son algunos de los materiales que Soumia Elouali Hanini y Romina Cusulini, dueñas de la marca Haramlak, utilizan para diseñar sus burkinis de alta gama. De ascendencia marroquí y argentina, respectivamente, pero afincadas en Cantabria desde hace más de 20 años, las dos amigas decidieron embarcarse en esta aventura empresarial en 2013. La razón: ofrecer una alternativa elegante a las mujeres que por su religión, por una enfermedad o por cualquier complejo no quieran dejar al descubierto sus cuerpos en las playas.

Bajo el lema “Trajes de baño y ropas de protección solar”, estas dos mujeres son las únicas que cuentan con una empresa de este tipo en España. La fabricación de los diseños, que ellas mismas idean, se lleva a cabo en Barcelona, pero la distribución y la gestión de los pedidos online se realiza en Santa Cruz de Bezana, un pequeño pueblo a diez minutos en coche de Santander.

Este verano, a raíz de la polémica desatada por la expulsión de una mujer con esta indumentaria de una playa de Niza (Francia), Elouali y Cusulini vieron cómo su negocio empezaba a crecer. “Cada vez nos llamaba más gente para interesarse en nuestros productos. Antes nadie sabía lo que era un burkini, ahora es una prenda conocida a nivel mundial”, comenta Romina Cusulini.

Para ellas, el debate sobre el uso del burkini es una cuestión personal que debe decidir cada cliente. “Es absurdo prohibir que estas mujeres puedan ir vestidas así a la playa. Dejando al margen la religión, hay muchas personas que lo usan por pudor, o porque tienen algún tipo de enfermedad como el cáncer de piel. ¿También deberíamos prohibir a los surfistas ir con neopreno y obligarles a usar un tanga?”, defiende Soumia Elouali.

Cuando Cusulini y Elouali decidieron poner en marcha su idea, contaban con la experiencia empresarial de la primera, que se dedicaba a la distribución de prendas deportivas, pero decidieron viajar a Arabia Saudí para estudiar las costumbres de las mujeres a la hora de bañarse. “Vi cosas que son realmente antihigiénicas, gente bañándose con ropa de calle, mallas o una túnica. Que las mujeres dejen secar esas prendas al sol puede provocarles muchas infecciones de orina”, explica la empresaria marroquí. “Es mucho más higiénico, en contra de lo que dicen muchas voces, usar un burkini y no una prenda de algodón porque el material sí es el apropiado”.

Lejos de ver descender sus ventas ahora que acaba la temporada de verano, estas dos empresarias aseguran que esta prenda, cuyo precio oscila entre 75 y 135 euros, se vende muy bien el resto del año. Esta demanda constante, según Cusulini, se debe a que las mujeres musulmanas también usan el burkini para correr o ir al gimnasio. “Tiene uso acuático porque se seca en diez minutos, pero también sirve para ejercicio porque el tejido es transpirable”.

Haramlak, nombre que homenajea las salas donde las mujeres de los sultanes se reunían a charlar, es una empresa con clientes de todo el mundo. “La mayoría son árabes, pero es sorprendente la cantidad de pedidos que hemos recibido de Europa, y en concreto de España. Ahora pueden hacer un pedido online y tenerlo en 24 horas”, explica Cusulini.

Las ganas de crear de estas dos mujeres van a más y ya tienen previsto para la nueva temporada una colección más tradicional con hiyab —velo árabe— y otra que termina en el cuello, disponible desde la talla pequeña hasta la XL o por encargo. Además, entre sus planes está crear una línea infantil de burkinis para niñas. “La mujer musulmana no tiene que tapar su cuerpo hasta que tiene la primera menstruación, pero hay niñas que a partir de los 13 o 15 años ya demandan estos bañadores”, concluye Elouali.

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