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Por qué los sondeos inflan a Podemos

El partido logró en Galicia y País Vasco un resultado 3 puntos peor al previsto por la media de encuestas

Pablo Iglesias y Luiz Villares (En Marea), el pasado 20 de septiembre. Ampliar foto
Pablo Iglesias y Luiz Villares (En Marea), el pasado 20 de septiembre.

Los sondeos inflaron las expectativas de Podemos y sus confluencias. Como en las últimas generales del 26-J, las encuestas se desviaron a favor de Podemos. El gráfico muestra que en los casos vasco y gallego fue el único partido que los institutos de opinión sobrestimaron.

Por qué los sondeos inflan a Podemos

No es la primera vez. Aunque las encuestas infravaloraron a Podemos en sus primeras elecciones, las europeas de 2014, después han tendido a darles votos de más. En las elecciones andaluzas le daban un 16,8% (de media) y logró un 14,8%. En las catalanas, le daban un 12% y se quedó en 8,9%. En las generales de diciembre la cosa fue más compleja: el partido fue subiendo semanas antes de las elecciones, pero las encuestas del mismo 20 de diciembre le dieron más votos de los que finalmente consiguió.

El error más conocido se produjo en junio: las encuestas ponían a Unidos Podemos segundo, con un 24,9% de votos, pero acabó siendo tercero con el 21,1%. “Se puede hablar de una pauta”, dice Alberto Penadés, profesor de la Universidad de Salamanca. ¿Qué hay detrás de esta tendencia? Al menos una mezcla de estas tres explicaciones.

1. No lo saben, pero son más abstencionistas

¿Es posible que los votantes de Podemos sean más abstencionistas de lo que dicen? Los datos del 26-J sugieren que sí. Antes de las elecciones los votantes de Unidos Podemos se mostraban muy decididos —la enorme mayoría decía que votaría con seguridad—, pero después hubo más abstención entre ellos que entre los votantes del PSOE o del PP. “Las encuestas muestran que los votantes de Podemos nos dicen que van a votar más de lo que luego lo hacen”, dice Belén Barreiro, directora de MyWord, empresa de sondeos de opinión.

El reto de los encuestadores está en saber si esa conducta es esporádica o una regularidad de los simpatizantes del partido. Para eso hace falta tiempo. Las personas tendemos a decir que votaremos aunque no siempre lo hacemos. Por eso la intención que declaramos en una encuesta no siempre es de fiar. Una solución para predecir estos comportamientos está en esperar: dar tiempo a que los electorados “revelen” su comportamiento. Con Podemos no se ha tenido ese tiempo.

En las últimas elecciones, esta abstención imprevista pudo darse en el País Vasco. “Barajamos que la bajada de participación ha provocado una abstención desigual que ha afectado fundamentalmente a Podemos”, dice Francisco Camas, de Metroscopia. La participación es por tanto un dato básico para prever el posible éxito de Podemos. “Si me dan el nivel de participación, por ejemplo, en Galicia, ya sé qué va a pasar porque sabré si el joven ha ido a votar”, dice Narciso Michavila, presidente de Gad3, empresa de sondeos. Pero predecir el nivel de participación es muy complicado.

2. Su votante es más joven e imprevisible

El votante de Podemos es más joven. Eso le añade incertidumbre a su comportamiento: “El votante de Podemos puede tener intención de participar pero luego el estilo de los jóvenes encaja peor con un domingo electoral que el de una persona de 50 años”, dice Barreiro.

El problema no es solo que no vayan a votar, sino la variación de gustos electorales de este perfil de votante: “Su problema es que toma la decisión en el último minuto”, dice Michavila, que usa esta metáfora para describir la diferencia con el votante de otro tipo de partidos: “El lector de la prensa de papel no es igual al de la prensa online o el cliente de un banco tradicional no es igual que el online”. El votante de Podemos es online.

Según Camas, en Galicia el motivo de caída más probable de En Marea fue la fuga de voto al BNG en los últimos días de campaña: “Ha habido un voto de En Marea que ha ido al BNG fruto de la campaña”.

3. Los reservados no votan a Podemos

Los votantes de Podemos responden más a todas las encuestas. Les gusta hablar de política incluso si les llaman al móvil. Están más motivados. Esto tiene una consecuencia obvia: “Entran en la muestra más fácilmente”, dice Penadés. Los institutos de opinión deben vigilar esta sobrestimación: es posible que las personas que no responden encuestas —porque son reservadas o están más ocupadas— tengan inclinación por los partidos tradicionales.

“Con Podemos hay tendencia a la sobreexposición y pasa lo contrario que le pasa al PP, que tiene una cierta tendencia a la ocultación y tenemos que corregir y ponderar”, dice Barreiro. Los votantes de Podemos tienen menos problemas en revelar su voto. Detectar y corregir este tipo de sesgos es parte del trabajo de un encuestador. Es una de las tareas de su famosa “cocina”. Pero es difícil de hacer con total precisión y por eso las encuestas son un ejercicio de aproximación.

Los datos sobre el comportamiento electoral del votante de Podemos son aún insuficientes. Así de complejo es, por ejemplo, el comportamiento del votante del PP, según Barreiro: “Va por ciclos. Cuando gobierna, al principio de sus mandatos, la ocultación de voto al PP cae. Cuando tiene peor reputación, aumenta. Y cuando pasa a la oposición, aumenta aún más. Son pautas muy trabajadas”, dice.

Con Podemos el reto es doble. En próximas elecciones, los institutos de sondeos pueden asumir en la cocina que no toda la intención de voto de Podemos se traducirá en votos reales. Pero puede ser que en ese ciclo el mismo votante de Podemos ya no sea tan entusiasta. Quizás los jóvenes aprenden con la experiencia que aunque creen que votarán no siempre lo hacen. O quizás la edad los hará menos abstencionistas. Los sondeos entonces infravalorarían a Podemos. De momento, han copado el entusiasmo de los votantes, que ha resultado algo ficticio.

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