Análisis
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Podemos: En la encrucijada del “derecho a decidir”

La formación de Iglesias tendrá que acotar su ambigüedad ante las dinámicas autodeterministas

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el País Vasco.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el País Vasco.LUIS RICO

¿A qué obedece que Podemos obtenga resultados electorales superiores en las comunidades periféricas agitadas por las tensiones independentistas? ¿Por qué el partido surgido de la indignación ante la desigualdad y la corrupción ha germinado con mayor fuerza en los territorios nacionalistas abonados con el llamado “derecho a decidir” y la deslegitimación, desafección y rechazo a la idea misma de España? Despejar estas incógnitas desde la sociología política parece una tarea primordial habida cuenta de que, antes que tarde, Podemos tendrá que acotar su ambigüedad ante las dinámicas autodeterministas y asumir su responsabilidad en el rumbo de estos procesos.

“Uno de los factores claves que explica el especial éxito de Podemos en el País Vasco, Cataluña y Galicia es el hecho de que en esas tres comunidades el PSOE entró en crisis encabezando gobiernos autonómicos en minoría y sostenidos con mimbres. En las tres comunidades, el PSOE está pagando un alto coste por esta exposición en un momento en el que a nivel estatal el partido atraviesa un momento fatídico”, explica el profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza Pau Marí-Klose. El estudio de los resultados electorales muestra que Podemos penetra resueltamente en los electorados nacionalistas, gracias a su defensa de los referendos de autodeterminación, y recoge masivamente el voto de una izquierda radical, profusa, aunque poco visible, que ha ido sedimentándose en el tiempo sin encontrar acomodo político estable.

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La existencia de ese amplio espacio a la izquierda del PSOE conformado en buena medida en torno a la identidad nacionalista, sería el segundo factor que, según Pau Marí-Klose, permite comprender el particular ascenso de Podemos en las comunidades periféricas. “En sus buenos tiempos, el PSOE logró cooptar parte de ese espacio, como hizo con la desaparecida Euskadiko Ezkerra, o establecer grandes complicidades para alcanzar el Gobierno en Galicia y Cataluña pero nunca consiguió absorberlo e integrarlo completamente”, subraya este sociólogo. El éxito de Podemos en la comunidad vasca constituye un fenómeno doblemente singular porque, como subraya Francisco Llera, director del Euskobarómetro, el reventón electoral de la formación de Iglesias-Errejón en primera fuerza en Euskadi en las dos últimas elecciones generales se ha producido desde la nada organizativa, sin liderazgo y sin las alianzas y plataformas de que sí disponen en Cataluña y Galicia.

A falta de un marco estable organizativo, lo que Podemos Euskadi sí ha captado en el mercado electoral es, efectivamente, una gran bolsa de antiguos votantes de extrema izquierda y del abertzalismo. “La izquierda abertzale llevaba muchos años beneficiándose de un nicho importante del voto radical no nacionalista que ahora ha encontrado perfecto acomodo en nuestra formación”, sostiene Roberto Uriarte, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco y ex secretario general de Podemos Euskadi. “Pero el trasvase de votos de Bildu a Podemos es de apenas unas decenas de miles de votos; no hay concordancia entre lo perdido por ellos y lo ganado por nosotros”, afirma.

A su juicio, el éxito de Podemos en Euskadi no responde tanto a parámetros puramente políticos e ideológicos como al hecho de que es percibido por buena parte del electorado como “un partido simpático, amable y cómodo para mucha gente que se encontraba molesta con la política vasca, cansada del “y tú más” y de la pugna permanente entre nacionalistas y constitucionalistas”. Reconvertido en militante de base tras haber dimitido por desavenencias con la dirección nacional, Roberto Uriarte subraya que además de reunir buena parte del voto de los jóvenes, los excluidos y los profesionales ninguneados en una sociedad muy clientelar, su partido tiene un atractivo especial “para los descendientes de inmigrantes que quieren mantener vínculos con España sin pelearse con los nacionalistas”.

En sus trabajos, Francisco Llera ha constatado repetidamente que, en contraste con la sima formal política ideológica establecida entre nacionalistas y constitucionalistas, hay un gran número de electores vascos que se sitúan en el centro de esa división. “En Euskadi, la abstención es mucho más elevada en las elecciones autonómicas que en las generales y la protagonizan preferentemente los jóvenes”, destaca. A la vista de los sondeos, todo hace suponer que, al menos en esta ocasión, Podemos Euskadi no logrará deshacer el modelo consagrado a lo largo de estas décadas que asigna el poder autonómico al partido hegemónico nacionalista, el PNV, pese a que su defensa del referendo de autodeterminación hace de pasarela de tránsito para el voto procedente del nacionalismo.

En este ambiente de inestabilidad y volatilidad electoral cabe preguntarse si, de la misma manera que el concepto valor de España se resiente todavía hoy de la apropiación-manipulación franquista, el proyecto independentista vasco no habrá quedado fatalmente contaminado con la sangre derramada por ETA. ¿La izquierda abertzale de Bildu-Batasuna puede sobrevivir a ETA sin someterse a una profunda refundación siendo como es su criatura simbiótica y un producto político generado por la espiral acción-represión? Instalado en la formalidad de la moderación, al PNV le basta con avivar el mito, comúnmente aceptado, incluso por Podemos, que atribuye al nacionalismo una superior capacidad de gestión pública e ignora que gracias al Concierto Económico la inversión pública por habitante en Euskadi dobla la media nacional.

El catedrático de Filosofía Contemporánea y diputado del PSC por Barcelona, Manuel Cruz, contrapone el discreto resultado de Podemos en las autonómicas catalanas, celebradas en diciembre último, después de que Pablo Iglesias se definiera claramente ante el independentismo, con las expectativas generadas en los últimos tiempos. “La constelación catalana de Podemos podría sacar ahora un buen resultado autonómico. Tiene el añadido de que no especifica la actitud a adoptar en el referendo y eso le permite incorporar a sectores diversos, cosa de la que alardean”, indica.

“Por primera vez en la historia”, subraya Roberto Uriarte, un candidato a presidente de Gobierno español (Pablo Iglesias) ha expresado una idea muy simple en unos términos que la población vasca deseaba escuchar de alguien que no fuera vasco: “Queremos que los vascos puedan decidir libremente si quieren seguir viviendo con los demás pueblos de España y queremos que digan que sí”. Según el anterior secretario general de Podemos Euskadi, “ese discurso rompe el relato tradicional de la política vasca en el que se presume que quienes exigen ser preguntados es porque desean separarse y quienes no desean separarse niegan la posibilidad de ser preguntados”. Uriarte dice no ignorar las dificultades del empeño; “solo afirmo que los ciudadanos han escuchado algo que han agradecido tras muchos años de vivir en un ambiente enrarecido”.

El filósofo y exdiputado socialista por Cádiz Ramón Vargas Machuca atribuye el particular éxito de Podemos en esos territorios periféricos a su plegamiento a la hegemonía nacionalista que establece como derecho primordial poder romper la comunidad de referencia, separarse del resto de España. “Al defender el referendo de autodeterminación allí donde esa reivindicación ha prendido como caballo de Troya del nacionalismo, Podemos ha pasado a ser rehén de sus franquicias territoriales“, asegura. A su juicio, nacionalistas y Podemos “comparten el sesgo populista con apariencia de democracia total, de democracia a demanda, aquel famoso: ¿Y qué hay de malo en preguntar a la gente?, que decía el entonces lehendakari Ibarretxe”. Subraya que esa manera de “trivializar la democracia” no tiene nada que ver con lo que significa y ha supuesto la forma más moral, viable y, por lo tanto, más deseable de Gobierno.

Para el filósofo andaluz, “agarrarse a la autodeterminación de los pueblos y tierras de España, a la ilusión de que romper el Estado es la llave para entrar en el paraíso socialista, acabar con la pobreza o el capitalismo, el machismo o el medio ambiente, es el mayor síntoma del despiste y la penuria programática de la llamada nueva izquierda”. Dice Vargas Machuca que si Podemos se ha sumado a algo “tan rancio, tan primitivo, política e intelectualmente tan pueril, tan demagógico y a la postre tan reaccionario, es porque no tienen nada sustancial que ofrecer; en suma, porque son deudores de las franquicias que les dan carta de naturaleza en esos territorios”.

La doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Barcelona, Astrid Barrios, cree que Podemos se ha situado ante un dilema al defender la plurinacionalidad de España y apoyar las aspiraciones del nacionalismo vasco y catalán. “Puede convertírseles en una trampa porque seguramente se enredarán, crearán expectativas, no podrán satisfacer a nadie y tendrán líos organizativos. Pero ya no pueden dar marcha atrás, creo”. Una pregunta procedente es cómo gestionará Podemos los ritmos, alianzas y servidumbres que conlleva acompañar el derecho a decidir sin ser arrollados o desplazados en el proceso por los nacionalistas o los radicales filonacionalistas que buscan la ruptura o la refundación del Estado sobre nuevas bases, como si la transición a la democracia no hubiera tenido lugar hace 40 años.

“La clave va a ser cuánto tiempo más va a poder mantener esa indefinición. Es probable que sea ahí donde se juegue su futuro político”, apunta Manuel Cruz. Se convierta o no en un partido plurinacional valedor de una patria receptáculo de las distintas nacionalidades, la gran incógnita de Podemos es si contribuirá a la cohesión social y política del país o a su descomposición.

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