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ANÁLISIS i

Los Toros de Guisando

Rajoy y Rivera firman un pacto como el que fue ridiculizado en marzo por el PP: con valor político, pero sin valor práctico

Mariano Rajoy y Albert Rivera en el Congreso el 18 de agosto

Mariano Rajoy se arrepentirá de haber ridiculizado en marzo un pacto como el de PSOE y Ciudadanos que era insuficiente para sacar adelante una investidura. Igual que estos días se habrá arrepentido de las duras críticas al anterior presidente del Congreso por demorar la investidura de Pedro Sánchez o por convocar el debate con un formato diseñado a mayor gloria del candidato, es decir, por hacer lo mismo que ahora ha hecho su fiel Ana Pastor.

“Toda esta representación ha venido precedida de otra no menos teatral y altisonante. Me refiero a la solemnísima firma de un acuerdo de muy limitada relevancia, pero que se ha presentado sin el menor sentido del ridículo con una escenografía que nos hacía pensar que estábamos ante una página histórica de dimensiones solo comparables al Pacto de los Toros de Guisando. Este gran paso histórico, señorías, que sin duda los niños estudiarán en las escuelas con el Compromiso de Caspe y los Pactos de la Moncloa”, le dijo Rajoy a Sánchez el 2 de marzo en referencia al acuerdo del PSOE con Ciudadanos.

Ahora el líder del PP ya tiene su acto de firma, comparable al de rúbrica del Pacto de los Toros de Guisando o del acuerdo Sánchez-Rivera. Con la solemnidad del Congreso, abierto expresa e inusualmente un domingo por la mañana. Este 28 de agosto es como el día de febrero que se firmó aquel pacto.

Rajoy llegará al Congreso el martes con un pacto que no suma y dando por hecho, como hizo el sábado, que será una investidura fallida, es decir, lo que tanto descalificó entonces el líder del PP. Este acuerdo, como el de entonces, tiene un valor político, pero muy escaso valor práctico o efectivo.

Por un lado, porque no suma los 176 votos necesarios para la investidura, por lo que va a durar lo que duren los 350 diputados levantándose a exponer el sentido de su voto entre el miércoles y el viernes. Como aquel acuerdo, este no suma para la investidura, aunque eleve ligeramente el número de apoyos. El viernes habrá decaído y septiembre será como marzo viendo pasar el calendario hasta las nuevas elecciones, entre reproches y repartos de culpas.

Además, la inmensa mayoría de las medidas que contiene no podrán en ningún caso trasladarse a leyes también por falta de mayoría suficiente. Por ejemplo, para la reforma del sistema de elección del Poder Judicial necesitarían 176 escaños que no tienen y no es probable que PSOE y Podemos vayan a apoyar esas medidas.

No basta con que Rivera haya hablado de todas esas medidas casi como si estuvieran ya aprobadas, obviando que hace falta mayorías que no tiene. Mucho más realista ha sido Rajoy admitiendo que el acuerdo es "insuficiente" y hasta ha dejado en el aire reformas constitucionales que el líder de Ciudadanos veía ya en el BOE.

Otras medidas pactadas son llamativas como la referida a la amnistía fiscal y a intentar recaudar más de los que regularizaron con ella, porque supone admitir que no se ha hecho lo posible para recuperar ese dinero.

O la elección directa del alcalde, sorprendente medida aceptada por Ciudadanos porque favorece el bipartidismo que tanto han combatido los nuevos partidos.

Llamativo que hable de despolitizar la Justicia y al tiempo deje en manos del Parlamento, que no es el que le nombra, la destitución del fiscal general del Estado, ¿si hay una mayoría absoluta, cómo queda la inamovilidad del fiscal?

El acuerdo sí tiene el valor político de una declaración de intenciones y, sobre todo, por el hecho de que es el primer pacto que firma el PP en mucho tiempo. Después de cuatro años en el Gobierno sin sentarse siquiera a hablar con nadie tiene cierto valor ser capaz de firmar un acuerdo político con medidas concretas.

Le sirve a Rajoy para sacudirse en parte la imagen del PP de partido tóxico con el que es imposible pactar, para blanquearse ligeramente, y, sobre todo, sirve para presionar al PSOE, porque el acuerdo con Ciudadanos era imprescindible para que alguien se pueda plantear aunque sea remotamente la abstención de los socialistas.

Por el momento, a día de hoy no hay opción alguna de que el PSOE cambie de posición, no sólo porque Pedro Sánchez y sus colaboradores no quieren, sino también porque ni uno solo de los barones o líderes regionales plantean ahora que se permita la investidura de Rajoy. Entienden que no hay opciones a una abstención que sería entendida como apoyo al líder del PP.

Tienen ahora otra razón: las medidas contenidas en el pacto que, en todo caso, tendría que ser revisado para que hubiera abstención socialista.

Ciudadanos arriesga con el pacto porque crece su imagen de partido de consenso y dispuesto a llegar a acuerdos, que arrastra al PP a aceptar medidas que antes eran inaceptables para los populares, pero de forma directamente proporcional a cómo se difuminan algunas de sus posiciones ideológicas y su perfil político. El partido de Rivera muestra cintura negociadora, pero ya tiene al menos tres posiciones sobre algunos asuntos: la del programa, la del pacto con el PSOE y la del pacto con el PP.

Un ejemplo es la propuesta de desaparición de las diputaciones que aparece y desaparece de sus documentos. O la del Poder Judicial que pasa de elección parlamentaria a corporativa según el color del partido que esté al lado en cada pacto.

Obviamente, desaparece su gran mantra de la imposibilidad de pactar con Rajoy y muchas de sus grandes descalificaciones públicas contra el PP. Su trofeo es el de las medidas anticorrupción, aunque algunas tengan un valor relativo.

Otro ejemplo: una de esas medidas es la limitación de mandatos de presidente del Gobierno, cuando ninguno de los casos de corrupción tiene que ver con eso y, precisamente, el problema en España es elegir a uno, no echar a uno que se eternice en el cargo. Algo parecido ocurre con la línea quebrada y esquiva del significado de corrupción que recuerda la máxima política de que no es conveniente hacer (o decir) lo que no se pueda explicar.

En todo caso, Ciudadanos ya tiene dos fotos de pactos y el viernes Rajoy y Sánchez habrán perdido una investidura cada uno y Rivera llevará dos perdidas.

“Señor Sánchez, el Diccionario de la Real Academia define la palabra bluf como montaje propagandístico para crear un prestigio que posteriormente se revela falso. Me parece que está muy bien descrito”, concluyó Rajoy en marzo en la tribuna del Congreso.

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