Las confesiones de Sergio Morate

Un año después del doble crimen de Cuenca se conocen los detalles de lo que les ocurrió a Marina y Laura

Morate es escoltado por la Policía, en Rumanía en 2015.Vídeo: ADRIAN PICLISAN (EFE) / EL PAÍS VÍDEO

La debilidad de un asesino puede ser difícil de encontrar pero, si se da con ella, es bastante probable que se dé también con el asesino. El punto débil de Sergio Morate era su madre. No pudo evitar llamarla varias veces para decirle que estaba bien y tranquilizarla. De un día para otro se había convertido en el hombre más buscado de España. Llevaba varios días huyendo de la policía. Había conducido sin apenas descanso su Seat Ibiza verde desde Cuenca hasta el paso fronterizo de Portbou (Girona). Había cruzado a Francia, y seguía su espantada monitorizado por agentes de la Unidad de Delincuencia Especializad y Violenta (UDEV), que esperaban a que llegase a casa de un amigo suyo en Rumanía. Allí le darían caza con mayor facilidad. Así ocurrió.

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La tarde del 14 de agosto, con los cadáveres de Marina Okarynska —26 años y exnovia de Morate— y su amiga Laura del Hoyo —24 años— aún pendientes de los resultados de la autopsia en la morgue de Cuenca, llegaba la noticia: Sergio Morate había sido detenido en la localidad rumana de Lugoj (provincia de Timisoara) en casa de Istvan Horvath. Se trataba de un tipo que había conocido en prisión, como al amigo colombiano con quien supuestamente se había montado la coartada de su crimen.

Todo se torció, “se me fue de las manos”, le diría después a uno de los agentes que lo custodió en su regreso desde Rumanía. Pero Morate había planeado fríamente el asesinato de su exnovia Marina, de origen ucraniano.

Ella le había dejado. Se había vuelto a Rumanía y se había casado con otro ocho meses después. Ella le había ignorado y despreciado cuando fue a recibirla al aeropuerto, tras enterarse de que regresaba por unos días a España. En realidad, ella solo le llamó por teléfono para decirle que quería recoger las cuatro cosas que aún le quedaban en su apartamento. Bueno, le llamó una vez más, minutos antes de morir.

Aquella calurosa tarde del 6 de agosto pasado, de la que hoy se cumple exactamente un año, las dos amigas llegaron en el coche de Laura hasta las inmediaciones de la urbanización Ars Natura, donde vivía Morate, a escaso kilómetro y medio de sus casas. Marina le telefoneó por el camino para advertirle de que estaban llegando y de que subiría con su amiga a coger sus bártulos. Él, nervioso, trató de disuadirla y le pidió que lo dejara mejor para otro día. Ella insistió y subieron.

Una botellita de agua de la Virgen de Fátima delató al presunto asesino

Les abrió la puerta y cerró la cerradura por dentro inmediatamente después. Entró con Marina en la habitación, dejando a Laura esperando fuera. Y, en cuanto pudo, le ajustó una brida de plástico al cuello. Solo quedaba esperar. Se desplomó en el suelo. De ahí el golpe en la cabeza que señalaría la autopsia días más tarde, tras constatar que había muerto estrangulada.

Al oír el estruendo, Laura se alarmó y abrió la puerta del cuarto. Asustada, intentó huir, pero la puerta de la calle estaba cerrada con llave. Fue entonces, supuestamente, cuando Morate la golpeó en la cabeza, la tiró al suelo y la estranguló allí mismo, con sus propias manos.

El primer asesinato era el planeado. El segundo, no. “Yo no quería matar a Laura”, le confesaría después al agente. “Pero no me quedó más remedio”.

Todo se complicó. Solo había comprado cal para enterrar un cuerpo. Y, ahora, en ese recodo del río Huécar, a escasos tres kilómetros de Palomera, el pueblo de su madre, tendría que meter dos cadáveres en lugar de uno.

“Acabé destrozado de tanto cavar, tuve hasta agujetas”, le diría después a ese “tipo grandullón y amable”, con pinta de poli bueno, que se había ganado la confianza de su madre semanas antes. Así le describió ella por teléfono al investigador "bueno", que después él elegiría de confidente, mientras estaba detenido y muerto de miedo por la posibilidad de ser juzgado en Rumanía.

Un concierto, la coartada perfecta

Metió los dos cuerpos en sendas bolsas de basura grandes que había comprado para la ocasión. Y esperó a que llegase su amigo el colombiano, recién salido de la cárcel y con quien esa misma tarde tenía previsto irse a un concierto a Valencia, su coartada perfecta.

Morate no pensaba contárselo, quería tenerlo todo resuelto para cuando llegase, pero se vio desbordado por la situación y le pidió ayuda. Al colombiano le faltó tiempo para irse al concierto solo. Se quitó de en medio y así lo comprobaron después los agentes: “Estaba en Alicante”.

Tuvo que bajar el solo los dos cuerpos al garaje aquella misma tarde, meterlos en el coche, llevarlos hasta Palomera, cavar una fosa y enterrar a las dos chicas. Lo hizo en tiempo récord. “Se asustó cuando vio pasar a un coche de policía, pensó que ya le estaban buscando y comenzó su precipitada huida hacia Rumanía”, aseguran fuentes de la investigación.

No le fue fácil a la policía hallar pruebas que pudiesen demostrar los hechos. Más allá de estas confesiones a “su agente de confianza”, no había restos de sangre en el apartamento, registrado al menos en tres ocasiones. Y tampoco el coche fue concluyente. Sin embargo, al presunto asesino, —que se negó a declarar ante el juez y que aún sigue en prisión pendiente de que se celebre el juicio con juzgado popular— se le olvidó algo en una de las escenas del crimen. Algo que delató, una vez más, su mayor debilidad. Junto al hoyo donde se encontraron los cadáveres de Marina y Laura, los agentes recogieron una botellita de agua de la Virgen de Fátima, una de las muchas que guardaba la madre de Morate en su casa de Palomera.

Sin fecha para el juicio

De nuevo carteles y fotos. Las calles de Cuenca vuelven a inundarse de carteles, fotos y pancartas que claman “justicia” un año después de la desaparición de las dos amigas Marina Okarynska y Laura del Hoyo.

Pena Máxima. Piden "la pena máxima para el asesino", como ha reclamado sin descanso María, la madre de Laura, en las últimas semanas.

Pasos previos al juicio. Una vez que las diligencias previas se transformaron en procedimiento del Tribunal del Jurado el pasado mes de junio, se están terminando de presentar los escritos provisionales, que es el paso previo a la apertura de juicio oral.

Sin fecha.Todavía no hay fecha para la celebración de ese juicio con jurado popular, en el que se sentará en el banquillo el presunto autor de ambos asesinatos, el conquense, de 31 años y exnovio de Marina, Sergio Morate.

Sobre la firma

Patricia Ortega Dolz

Es reportera de EL PAÍS desde 2001, especializada en Interior (Seguridad, Sucesos y Terrorismo). Ha desarrollado su carrera en este diario en distintas secciones: Local, Nacional, Domingo, o Revista, cultivando principalmente el género del Reportaje, ahora también audiovisual. Ha vivido en Nueva York y Shanghai y es autora de "Madrid en 20 vinos".

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