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Neutralidad con posibilidades múltiples

Solo hay un límite que el Rey ni puede ni quiere franquear: recomendar a los líderes políticos una opción determinada de Gobierno

Felipe VI realizará nuevamente una ronda de consultas. Ampliar foto
Felipe VI realizará nuevamente una ronda de consultas. EFE

De la estricta neutralidad constitucional a la moderación y el arbitraje hay un largo camino repleto de posibilidades. Solo hay un límite que el Rey ni puede ni quiere franquear: recomendar directamente a los representantes políticos, cuando comience su ronda de consultas, una opción determinada de Gobierno.

Establecida esa línea roja, sin embargo, su capacidad de influencia puede ser muy relevante, a condición de que todos los que acudan a verle cumplan un requisito que han sido incapaces de cumplir en sus recientes comparecencias públicas: decir toda la verdad, sin reservas ni cartas ocultas.

Felipe VI puede preguntar al PP con quién ha hablado Mariano Rajoy estos días y qué disposición ha encontrado. Tiene toda la capacidad para requerirle que le explique qué está dispuesto a ofrecer para atraerse aliados a su causa.

A Ciudadanos, que ha demostrado con su voto a favor de Ana Pastor para la presidencia del Congreso que no es tan incompatible con el PP como se ha empeñado en afirmar, ha de preguntarle si su compromiso con la gobernabilidad se frena en la abstención, o si estaría dispuesto —la razón es la misma—a dar un paso más y votar sí a la investidura de Rajoy para evitar terceras elecciones.

Al PSOE sería bueno sonsacarle qué quiso decir Pedro Sánchez cuando aseguró que formarían parte de la solución y que harían lo posible para evitar nuevos comicios. ¿Se replantearían su voto en contra a cambio de una abstención si Rajoy lograra ampliar su mayoría con los votos de Rivera? ¿De verdad descarta Sánchez definitivamente intentar formar él una alternativa de Gobierno si Rajoy fracasa?

De los nacionalistas catalanes y vascos sería conveniente saber si van a volver a sus usos parlamentarios de otros tiempos, en los que su apoyo era la contrapartida a la obtención de algún beneficio legítimo para sus respectivas comunidades. Quizá incluso si, en el caso de los catalanes, contemplan algún tipo de respaldo a Rajoy que les permita a ellos mismos salir del laberinto en el que se encuentran.

A Podemos no estaría mal preguntarle si, como partido que aspira a formar parte de la institucionalidad, se le ha pasado por la cabeza que también comparte algo de responsabilidad por la nueva situación de bloqueo.

Y a todos ellos podría recordarles que esta vez sí va en serio y que, efectivamente, a ninguno le perdonarían los ciudadanos que les convocaran a una nueva cita en las urnas.

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