Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

¿No es no?

La negativa de Sánchez a la investidura abre el escenario de unas terceras elecciones y divide a la familia socialista

Pedro Sánchez, en el comité federal del PSOE este sábado
Pedro Sánchez, en el comité federal del PSOE este sábadoJuan Carlos Hidalgo (EFE)
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El silencio de Pedro Sánchez en el duermevela de 13 días exigía una respuesta alentadora y clarividente. Tal era la sugestión de la militancia y tal era la confusión de los barones que Sánchez parecía descender del Sinaí con la respuesta en su regazo.

Y la respuesta es no. Un monosílabo inequívoco, rotundo, que entreabre, aunque parezca inverosímil, la hipótesis de unas terceras elecciones. Y que obliga a Rajoy, para impedirlas, a trabajarse el anatema de los nacionalistas. Porque no alcanzan los números de Ciudadanos si es que Rivera se aviene a investir al líder popular.

Es el camino que Pedro Sánchez ha recomendado a Rajoy en su discurso paternalista del sábado, aunque su alusión al consenso de las fuerzas conservadoras parece olvidar que fue el propio jefe socialista quien alcanzó un pacto con Ciudadanos, jactándose de compartir el 80% del programa y desposándose con Rivera en el centro político.

Ahora le convida a servir de báculo a Rajoy, porque el objetivo de Sánchez consiste en asegurarse el liderazgo de la oposición. La amenaza de Iglesias le exige renegar de cualquier acuerdo explícito o implícito con los populares. De otro modo, el timonel de Podemos delataría la connivencia de los "viejos partidos" y asumiría el papel de alternativa en la izquierda, exponiendo la amalgama gerontocrática del "PPSOE".

El problema es que no hay oposición si no hay Gobierno, una perogrullada que parece haber descuidado Sánchez en su discurso sabatino. Abjurando del sí y de la abstención, Rivera asume toda la presión. O la asume Mariano Rajoy, constreñido a plegarse a las exigencias del líder de Ciudadanos. Podría reclamar hasta su cabeza, pero Rivera subestimaría entonces, como ha hecho Sánchez, el veredicto de las urnas.

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El PP ha ganado las elecciones. El PP ha subido en escaños y en votos. El PP aventaja en 52 diputados al PSOE y tiene la mayoría absoluta en el Senado. Y Mariano Rajoy ha obtenido su tercera victoria consecutiva, razones todas ellas concluyentes para concedérsele la investidura. Y para exponerlo luego a un estricto escrutinio, con más razón cuando van a promoverse reformas de calado político y constitucional.

El no de Sánchez predispone a una situación de bloqueo, siempre y cuando no haya sido adoptado -y no lo parece- como un argumento extremo de negociación. Empezar en los máximos para llegar a los mínimos. Es cuanto propugna la casta senatorial del PSOE apelando a la responsabilidad institucional. Y abriendo una grieta en el liderazgo. El no es un problema para Rajoy en sus planes de investidura, como puede serlo para Sánchez no ya en la precariedad de su liderazgo, sino en el disparate que supondría una tercera cita electoral.

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