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Galicia revive la pesadilla del narco

Incautaciones crecientes de alijos y nuevas conexiones internacionales con mafias turcas y albanesas vuelven a colocar las Rías Baixas en el mapa de la heroína

El jueves arrestaron en Vigo en una operación de narcotráfico a un empresario que hace unos años fue torturado en su casa. “Le quemaron los huevos. Literalmente; no es una forma de decir que se pusieron muy pesados”, cuenta un agente que participó en la operación. Entonces dijo que fue un robo, ahora parece que no. Era de Vilanova de Arousa, muy conocido, condenado en los noventa en la famosa operación Nécora. Otro cómplice tenía la oficina en un edificio oficial, la delegación europea de pesca. Les relacionan con un alijo de 400 kilos de cocaína. Hasta aquí todo normal. Lo que es más raro, más nuevo, es la notable irrupción en escena de la heroína. La última intervención fue en abril: 56 kilos en Tui, “un alijo considerable para una provincia como Pontevedra”, advierte el jefe de la unidad de drogas de la Policía Nacional en esta localidad, Alfonso Mariño. Ha sido el mayor en Europa en lo que va de año.

No es el primero y se une a otras señales, aunque no se ha detectado un aumento en el consumo. “Ha reaparecido la sobredosis, no recordaba lo que era levantar un cadáver por eso”, admite el juez José Antonio Vázquez Taín, protagonista de la lucha contra el narco gallego en los noventa y actualmente destinado en La Coruña. También han vuelto algunos episodios asociados a otra época, como el atraco desesperado de un toxicómano: en enero entraron dos con el mono y una moto en un supermercado de Vigo.

Si la ría de Arousa fue el foco del tráfico de cocaína con lanchas planeadoras en los ochenta y noventa, la heroína llega por tierra desde Holanda y el hábitat de los narcos es más al sur, en a raia, la raya, la frontera con Portugal, porque también suelen abastecer ese país. El alijo de 56 kilos llegó de Holanda en un Porsche Cayenne. Al volante, un albanés que se hizo el viaje de un tirón, sin parar. La heroína estaba oculta en las puertas. Es el transporte habitual, dobles fondos en turismos, muy difícil de detectar. El comprador era un gallego con antecedentes pero sin oficio conocido. A pesar de ello llevaba una vida ostentosa, con casoplón y cochazos. Fue a la cita, donde le arrestaron, con su mujer. Es una buena pregunta cómo este señor de Porriño ha entablado relaciones de negocios con un grupo criminal albanokosovar. Es un misterio. Los clanes históricos contactaron con los carteles colombianos en la cárcel, pero la génesis de estos lazos, igual que con las mafias turcas dominantes, es más desconocida.

Lo que está claro es de dónde llega la carga, siempre de Holanda, la gran entrada de droga en Europa, por el puerto de Rotterdam. Ahí acaban todas las investigaciones, pero es difícil seguir. Entre la Policía Nacional, Guardia Civil, fiscalía, se nota un enfado considerable con las autoridades holandesas. Se quejan de que no cooperan, tienen una legislación muy laxa y trabajan de forma distinta, discutible. “A las seis cierran y se van, porque acaban el turno. Trabajamos con todos los países y este es con diferencia el más difícil. Es más, si tienes un cita con un confidente procuramos que no sea en Holanda, no nos fiamos”, cuenta un agente. La heroína es mucho más difícil de seguir que la cocaína: “En la heroína todo es pase, 100 kilos caben en una bolsa de deporte grande. Se pierde fácilmente, no es como un barco o un contenedor”. Llega en coches y camiones a Madrid y capitales como Zaragoza, Ourense o Sevilla. La distribución a pequeña escala sigue siendo casi monopolio de clanes gitanos.

El narco de Porriño era de poca monta, pero alguno de los capos de toda la vida también ha entrado en la heroína, y no es de ahora. El famoso capo Antonio Yáñez, arrestado en 2007 por tráfico de heroína, tenía conexión directa con el gran traficante turco Urfi Cetinkaya, El Paralítico, —iba en silla de ruedas— que estuvo encarcelado en España en los noventa. También ha aparecido en el negocio el clan de los Charlines, uno de los más poderosos. La nieta del capo, Yolanda Charlín, cayó en 2013 en una redada en un laboratorio de heroína. Estaba en Fuensaldaña, al lado de Valladolid y lo llevaban unos turcos. En 2014 destaparon otro en Quintanar del Rey, Cuenca, de kurdos sirios.

Hallazgo histórico

Este hallazgo ha sido histórico, porque solo los clanes sicilianos de la mafia llegaron a montar sus propios laboratorios de heroína en los ochenta. Desde entonces no había ocurrido en Europa. La razón es económica. La morfina en polvo cuesta 3.000 euros el kilo. Luego se transforma en heroína base en Turquía, y el precio ya sube hasta 10.000 euros el kilo. Con el transporte, el precio se eleva 3.000 euros más. Para ahorrarse todo eso, en España ya han pensado en saltarse todo el proceso: metes un químico turco en un chalé de un pueblo tranquilo y basta un mes para pegar el pelotazo. Que suceda esto es una señal importante. Aunque fuentes policiales señalan que tiene que ver con un sonado robo entre bandas de 1.000 kilos de morfina, que desde entonces andan circulando por ahí. Es innegable que hay un intenso movimiento, que no se veía desde hace muchos años, en el mercado de heroína.

Un veterano capo gallego, Alfredo Cordero Engarellas, fue detenido en marzo de 2015 por un cargamento de 10 kilos de heroína. En el pasado, estuvo implicado en la operación Nécora y le cayeron 18 años por una descarga de 5.000 kilos de cocaína en Asturias en 1997. Sin embargo, tras salir de prisión, estaba aparentemente fuera del negocio. Se dedicaba a sus bares de Vilanova de Arousa. Al final, salió limpio. Esta semana se le podía ver con el delantal puesto tras la barra de su chiringuito playero. Eso es lo que sigue sorprendiendo en Galicia, donde todo el mundo se conoce y los narcos están perfectamente mezclados en la vida cotidiana. “Claro que sabemos quiénes son, y tienen sus cochazos, sus grandes casas y hasta consideración social”, denuncia Manuel Isorna, de la Fundación Gallega contra el Narcotráfico y que lleva 20 años como técnico de prevención de drogas en varios Ayuntamientos de la ría de Arousa. Los capos también siguen dando miedo. Isorna señala el caso de José Antonio Pouso Rivas, Pelopincho, desparecido misteriosamente en 2010: “Han subastado sus bienes y la gente no puja, por temor. Aquí no ha cambiado nada”. 

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