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“He sido el chivo expiatorio de un caso de acoso escolar”

Luis Carlos Pérez dirigía el instituto de Arancha, la menor que se suicidó en Madrid

Un año después, rompe su silencio en EL PAÍS y anuncia acciones contra la Comunidad

Se cumple ahora un año de la muerte de Arancha, la adolescente de 16 años que se suicidó tras sufrir acoso escolar de un compañero en un barrio obrero de Madrid capital. El director de su instituto, el Ciudad de Jaén, Luis Carlos Pérez, habla por primera vez de aquellos días y de todo lo que pasó después. Lo cuenta a EL PAÍS cuando se ha cerrado su expediente disciplinario, que ha concluido con una sanción de dos meses sin empleo y sueldo y un traslado forzoso de un año.

Luis Carlos Pérez, director del Ciudad de Jaén.

El expediente se cierra ahora, pero la sanción de Pérez comenzó tres días después de la muerte de Arancha, cuando fue fulminado de su puesto y estuvo seis meses apartado de la docencia. Ahora la Comunidad de Madrid debe devolverle cuatro meses de sueldo, imparte clases en otro centro y plantea dar la batalla legal contra la Administración llevando su sanción al contencioso administrativo de la mano de la asociación de directores de instituto de Madrid, Adimad. Quiere que se restituya su buen nombre, borrar lo ocurrido. “He sido un chivo expiatorio por un caso de acoso, hicimos todo lo que se pudo hacer por la niña”, sostiene.

El expediente recién terminado le acusa de retrasar “durante más de un mes” las medidas disciplinarias y la expulsión del presunto acosador de Arancha, un menor problemático del centro. “Esto provocó prolongar la situación de riesgo en la que se encontraba la alumna acosada”, señala el documento oficial. Pérez niega que se retrasaran: “Tuvimos que constatar si de verdad se había producido el acoso y hasta dónde llegaba”. Asegura que cumplieron el protocolo antiacoso, se separó a los menores, se vigiló al presunto acosador y se instó a la familia de la víctima a acudir a la policía. El 29 de abril, Arancha estuvo con su madre en la comisaría enseñando los Whatsapp que le enviaba el menor. “Guarra, ¿qué dices de mí? Voy a ir a pegarte con mis primas. Me cago en tus muertos. Me vas a dar 50 euros o voy a ir con mis primas y más gente a pegarte”, sale transcrito en la denuncia policial.

“Le he dado muchas vueltas a la cabeza. Con los medios que teníamos, no veo que hubiésemos podido hacer más. Quizá mejor el papeleo [la Comunidad le acusó en un primer momento de no haber informado del caso por escrito, aunque ese cargo fue finalmente desestimado]. Pero, ¿algo que pudiera beneficiar a la niña? Por más vueltas que le doy, no lo encuentro. Si hubiese tenido el centro menos alumnos, dos orientadoras, más cosas … Pero en este caso se había detectado, se había hablado con ella, con las familias”. Recuerda que fue el propio centro el que mandó a Arancha y a su familia a la comisaría. “Si la policía hubiera actuado más rápido y hubieran detenido al chico antes…”, lamenta. La jefa de estudios compareció ante los agentes y le anunciaron que había elementos suficientes para poder detenerle. Pero finalmente, lo apresaron después de la muerte. Según Pérez, lo hicieron para protegerle de un posible linchamiento.

Arancha se quitó la vida el viernes 22 de mayo, dos días antes de las elecciones autonómicas. El director fue destituido el lunes siguiente. “Educación tuvo miedo de que se pudiera achacar la muerte a los recortes. Hubo miedo de que pudiera tener repercusión electoral”, considera él de esta actuación. Añade, no obstante, que la reducción presupuestaria no influyó, aunque llevaba meses demandando más profesores y reducir el número de alumnos. “Es difícil saber qué pudo llevar a hacer eso a una adolescente, es una edad complicada y tenía cierto retraso emocional”, reflexiona.

“Educación tuvo miedo de que se pudiera achacar la muerte a los recortes”

El Ciudad de Jaén es un centro muy conflictivo en un barrio deprimido. “Estábamos continuamente apagando fuegos”, recuerda Pérez. Pocos de sus estudiantes llegan a la Universidad. El curso pasado tenía 1.092 alumnos y una orientadora. La Unesco recomienda uno por cada 250 alumnos. Este año son 950 y dos orientadores.

El expediente de su sanción subraya que el chico no fue expulsado a pesar de la extorsión. “Él también sufrió acoso cuando era más joven. Eso lo había interiorizado y le servía como excusa para justificar su comportamiento”, explica Pérez. El centro decidió dejarlo aislado durante las horas de clase en la jefatura de estudios. “Preferimos no mandarlo a casa porque allí iba a estar libre para usar el móvil y hacer lo que quisiera, iba a ser perjudicial. Teníamos el compromiso de todos los jefes de estudios para que siempre hubiera uno vigilándolo. Nos pareció lo más eficaz”.

Durante los meses que estuvo apartado del aula, se apuntó a cursos sobre acoso y fue a todas las jornadas que pudo

A la mañana siguiente, Arancha se levantó a las siete de la mañana, desayunó con su hermano pequeño, se puso el chándal, se despidió de su padre y se lanzó al vacío. Antes había enviado un mensaje a sus amigas: “Estoy cansada de vivir”.

“Moralmente hicimos todo lo que se pudo por la niña y con la mejor voluntad. El mayor dolor mío y de todo mi equipo es que falleciera”, añade asegurando que este último año ha sido "muy duro" para él. Durante los meses que estuvo apartado del aula, Luis Carlos Pérez se apuntó a cursos de acoso escolar y acudió a todas las jornadas que pudo. “Aprovechando todo el tiempo perdido que he tenido, he investigado un poco sobre el acoso. Lo que mejor funciona son los mediadores, el trabajo entre iguales. Si conseguimos que los alumnos se pongan a favor de la víctima y en contra del acosador, y le afeen su actitud, el acoso acaba. Es lo más efectivo”. Era un programa que iban a implantar este curso en el instituto.

El expediente sancionador le impone además un año de traslado forzoso y pierde su plaza fija en el Ciudad de Jaén. Pérez asegura que no volvería aunque pudiera. “Creo que fue el trabajo más difícil que he tenido nunca y lo hice con gusto. Pero una vez que te culpan cuando has hecho lo mejor posible, te quitan las ganas de colaborar. Me siento traicionado".

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