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PERFIL

Enrique Ortiz, el amigo de los poderosos

La pasión del empresario alicantino son los negocios

El empresario Enrique Ortiz, en su llegada a los juzgados de Alicante. PEPE OLIVARES

A Enrique Ortiz no le gusta el fútbol. Invirtió en el Hércules, del que aún es máximo accionista, porque a finales de los 90 se lo pidió el entonces alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, del PP, preocupado porque una hipotética desaparición del histórico club acarreara un coste electoral en las elecciones municipales. Tampoco es un gran entusiasta de la navegación, pero por su magnífico yate Elena, el más lujoso de los anclados en la Marina Deportiva de la ciudad, han pasado numerosos políticos y empresarios con destino a las más recónditas calas de las Baleares. La pasión de Enrique Ortiz son los negocios, en concreto, según subraya un antiguo colaborador, "estaba obsesionado por superar a las empresas más fuertes del sector en la Comunidad Valenciana".

Aunque nació en Grañén, un pequeño pueblo de Huesca, por circunstancias de sus padres, Enrique Ortiz se crió y ha vivido siempre en Alicante. Heredero de la empresa de construcción Enrique Ortiz e Hijos, estudió en los Jesuitas, donde coincidió con José Joaquín Ripoll, expresidente de la Diputación Provincial. No eran amigos. Ripoll es tres años mayor que él. De hecho, cuando se acercó a él durante las negociaciones para obtener la gestión de las basuras de la Vega Baja, que constituyen la pieza del caso Brugal por las que el fiscal solicita 16 años de prisión para cada uno, tuvo que vencer las reticencias de la entonces alcaldesa, Sonia Castedo, y el mencionado Alperi.

En plena guerra Camps-Zaplana, ambos estaban alineados con el primero frente a Ripoll, el más zaplanista de los zaplanistas. Y Alperi y Castedo sí pertenecían a su círculo de confianza, ese que, según pretenden demostrar los investigadores, lo mismo compartía vacaciones en la nieve o barco, que información urbanística o enchufes en alguna de las empresas del Grupo Cívica, nombre actual de la compañía.

Ortiz es el mayor propietario de suelo de Alicante. Y el mayor contratista de su Ayuntamiento, que ni siquiera tras el cambio de Gobierno ha podido romper los innumerables lazos que lo unen a él, pese a la voluntad del tripartito de izquierdas que hoy gobierna Alicante. Eso lo convierte también en uno de los promotores por el que más riesgo asumieron las extintas CAM y Bancaja. Un informe de Bankia, aportado en la otra pieza del caso Brugal, en la que se la acusa de sobornar a Castedo y Díaz Alperi a cambio de obtener información privilegiada del Plan General de la ciudad de Alicante, señala que en Bancaja se tomaron decisiones que perjudicaban a la entidad en beneficio del empresario. Claro que también el exdirector general de la caja de ahorros tuvo ocasión de disfrutar de la hospitalidad de Ortiz en el Elena, y debió de pasarlo muy bien, según desvelaron las conversaciones que mantuvo con Ortiz y aparecen recogidas en el sumario de Brugal.

Que Ortiz reconozca en su escrito de defensa del caso Gürtel haber participado en la financiación ilegal del PP poco puede sorprender a quienes han leído y escuchado sus afirmaciones en las grabaciones captadas por la policía, e incluso sus declaraciones a los medios. "Hacer regalos a empresarios, concejales y alcaldes es algo habitual", confesó en una entrevista hace un par de años. Toni Arqués, político del Bloc, integrado en Compromís, aseguró que el empresario, al que nadie puede negar su simpatía y talante desenvuelto, le ofreció con total naturalidad pagar su campaña en las municipales. "Y si gobierna Podemos, los atenderé igualmente", afirmó Ortiz en la misma entrevista.

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