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Carreras a la medida, sí, pero ¿a qué precio?

La duración de los grados universitarios divide a las Universidades españolas. El modelo está a punto de cambiar por la iniciativa de algunos campus

Estudiantes del nuevo grado en un grupo de la facultad de Biológicas de Valencia adaptado a la docencia participativa del Plan Bolonia, en 2009.
Estudiantes del nuevo grado en un grupo de la facultad de Biológicas de Valencia adaptado a la docencia participativa del Plan Bolonia, en 2009.

El futuro estudiante universitario debe pensar primero qué quiere aprender y plantearse después en qué plazo. De momento, en España los grados (carreras) universitarios duran cuatro años, a los que se añade otro más de máster, que no es obligatorio, pero ayuda a mejorar las posibilidades de encontrar trabajo en un escenario laboral muy complicado y con una tasa de jóvenes parados a la cabeza de Europa. Esto está a punto de cambiar. Desde septiembre, una decena de universidades prevén ofertar unos 30 nuevos títulos de solo tres años.

En la jerga, es el paso de un sistema 4+1 (cuatro de grado y uno de máster) a otro conocido popularmente como 3+2 (tres de grado y dos de máster). La normativa española lo permite desde 2015, aunque la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) —que suma 50 campus públicos y 26 privados— acaba de aprobar por segunda vez una moratoria hasta el curso 2017-2018 que pide cumplir a todos sus socios bajo la amenaza de ser expulsados.

La CRUE argumenta que necesitan más tiempo para reorganizar el nuevo mapa universitario con acuerdos que impidan, por ejemplo, que se ofrezca un mismo título con dos duraciones diferentes en dos facultades vecinas. Y reclama que los másteres universitarios, que llegan a triplicar el coste de los grados en algunas universidades, bajen de precio para que no se amplíe la brecha entre quienes tienen dinero y aquellos que difícilmente pueden costearse los estudios.

La duración de las carreras españolas es casi una excepción en el panorama internacional. En Estados Unidos, la extensión habitual son cuatro años de grado más otros dos de máster, aunque existen programas especiales de 4+1 y 3+2. Cuando los países de la UE adaptaron sus títulos al Espacio Europeo de Educación Superior (el llamado plan Bolonia), la mayoría optó por un sistema combinado de 3+2 y 4+1, según reflejan los informes de la red europea de datos Eurydice.

España se quedó en el reducido grupo de aquellos con las carreras más largas junto con Chipre, Georgia, Kazajistán y Turquía. Entonces consideró que era el mejor camino para adaptar las antiguas licenciaturas de cinco años y que con ese tiempo el estudiante salía mejor preparado para encontrar trabajo.

“Si empezásemos de nuevo este cambio, optaría por carreras más cortas y másteres más largos, aunque peleando para que no exista diferencia de precio”, señala Francisco Michavila, director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria. “Así es más fácil la comparación internacional y la atracción de estudiantes extranjeros”, añade el autor de la monografía Comparación internacional del sistema universitario español, estudio presentado en enero que sitúa a España a la cola de Europa en captación de alumnos de fuera.

Michavila defiende que una de las dificultades para que el sistema español tenga éxito en el extranjero es que sus másteres son demasiado cortos y no sirven a alumnos de otros países, como ya alertó Guy Haug, uno de los padres del plan Bolonia, que prefiere hablar más de calidad que de tiempos. “El debate debería centrarse en qué competencias han adquirido los estudiantes, porque lo importante no es lo que dura el título, sino lo que han aprendido”, ha defendido públicamente Haug.

“En Inglaterra no hay debate sobre la duración”, añade Manuel Fuertes, exalumno de Ciencias de Ingeniería en la Universidad de Oxford. Tanto Oxford como Cambridge ofertan títulos de cuatros años que en el resto de Reino Unido suelen ser de tres. Fuertes asegura que Oxford revisa además los contenidos de los planes de estudio cada año para adaptarse a lo que demandan las empresas: “En España el sistema no entiende a la industria, está envejecido”.

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