Los vetos cruzados de los partidos abocan a la repetición de elecciones

43 días después del 20-D, Rajoy y Sánchez se muestran incapaces de ofrecer una solución al Rey

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Mariano Rajoy y Pedro Sánchez cierran este martes la segunda ronda de conversaciones de los partidos con el Rey sin haber sido capaces de plantear una solución al bloqueo político. El Partido Popular sigue paralizado y sugiere incluso que se deje pasar el tiempo sin nombrar candidato. 43 días después de las elecciones, ninguna formación ha intentado siquiera un primer esbozo de negociaciones y lo único que se ha ofrecido al Monarca es una catarata de vetos cruzados y líneas rojas que hacen imposible cualquier alternativa de Gobierno estable y conducen, si nadie lo remedia, a una nueva convocatoria electoral.

Hace poco más de una semana, una amplia mayoría de ciudadanos expresaba su rechazo a la lentitud con que los líderes políticos estaban abordando la formación de un nuevo Ejecutivo, según el sondeo de Metroscopia publicado por EL PAÍS.

La respuesta del PP a ese malestar ha sido, hasta el momento, culpar a los socialistas de su propia inacción, rechazar en bloque la posibilidad de que su candidato se eche a un lado para propiciar una solución y anunciar su total oposición a cualquier alternativa de un Gobierno que no encabece Rajoy.

Y todo esto, explicaba el lunes el vicesecretario de Organización del partido, Fernando MartínezMaillo, porque responde a la “lógica y al sentido común”. Mientras pone todas sus esperanzas en que caiga esa fruta madura y el PSOE se decida a apoyarles, el PP se limita a esperar. No descarta incluso, sugería Martínez-Maillo, que el Rey se sume a esa espera y posponga la designación de un candidato a que los partidos negocien y vuelvan con los deberes hechos.

Las dificultades de Sánchez

Rajoy espera, y Sánchez se enfrenta a su propio laberinto. Los barones territoriales más críticos estrecharon aún más el margen de negociación del líder socialista, en el comité federal del pasado sábado. Mostraron su rechazo a Podemos y su oposición frontal a cualquier tipo de apoyo de las fuerzas independentistas, aunque fuera en forma de una abstención o incluso de su ausencia del Parlamento el día de la votación. En lo único que parecen estar de acuerdo con Sánchez es en intentar una aproximación a Ciudadanos. El partido de Albert Rivera les resulta un socio más fiable y centrado que Pablo Iglesias.

Pero ese apoyo tiene algo de trampa. Para que fuera viable ese pacto progresista y reformista que el propio Sánchez pretende, el líder socialista debería poner de acuerdo antes a dos formaciones que no han dejado de repetir en las últimas horas su total incompatibilidad.

Lo dijeron el lunes tanto Rivera como Iglesias. El primero, al volver a plantear como algo impensable un acuerdo con las plataformas independentistas que Podemos alberga en su seno, así como al resaltar las profundas discrepancias en materia económica que separan a las dos formaciones. Por no considerar, ni siquiera considera Rivera una posible abstención de su partido ante un pacto PSOE-Podemos.

A los vetos del líder de Ciudadanos respondió inmediatamente Iglesias con otro tanto de lo mismo. “Ni por activa ni por pasiva”, es decir, ni con su voto a favor ni con su abstención, respaldaría una alianza de los socialistas con Ciudadanos, decía. Para el líder de Podemos, un pacto así se traduciría en la práctica en la temida gran coalición, porque requeriría la abstención del PP para salir adelante.

Finalmente, se da la paradoja de que el Rey va a concluir su segunda ronda de conversaciones con dos únicas propuestas, o ensayo de propuestas, elaboradas por los dos partidos más pequeños de los mayoritarios, Podemos y Ciudadanos. Los dos que claramente tienen nulas posibilidades de encabezar un Gobierno.

La oferta de Iglesias provocó de inmediato el recelo y la desconfianza de los socialistas, que la consideraron además un intento de humillarles. Más allá de algunos mensajes cruzados a través de las redes sociales entre Sánchez e Iglesias, no se ha comenzado a negociar nada y el líder socialista ya ha expresado además su deseo de comenzar a hablar antes con Albert Rivera.

El intento de Rivera

Por su parte, el dirigente de Ciudadanos ha extraído del PP y del PSOE el compromiso de abrir mesas de negociación paralelas para trabajar en la idea de un “Gobierno de transición”, pero él mismo admite la enorme dificultad de este empeño. El PP se niega en redondo a dar su apoyo a un Ejecutivo que no encabecen ellos. El PSOE ha expresado su rechazo absoluto a cualquier Gobierno popular. El empeño de Rivera se enfrenta además a una dificultad añadida: en su proyecto de regeneración democrática e institucional no es posible la figura de Rajoy. “No parece lógico que la necesaria lucha contra la corrupción la encabece quien ha sido incapaz de limpiarla durante esos cuatro años”, repite el líder de Ciudadanos.

Mientras, ni el PP ni el PSOE han avanzado durante estas semanas un proyecto de país o han establecido equipos negociadores que pudieran dar al Rey alguna indicación de que un Gobierno fuera posible. Se limitan a esperar que el Monarca desate un nudo que entre todos han contribuido a enredar. 

Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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