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ANÁLISIS

Olvidados por la LOMCE

El secretario de Educación de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE analiza la norma

La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) no es la solución normativa que precisa la educación en España. Sus preceptos responden a los de un tiempo ya pasado. El problema que ha traído no es sólo que su carga ideológica soslaye el pacto constitucional fijado en el artículo 27 de la Ley Fundamental, ni tampoco que su contenido genere más problemas de los que se proponía solucionar. El problema real es que su debate nos ha hecho perder en estos años la sintonía con el auténtico debate europeo sobre la educación.

Es preciso que todo ello pueda reconducirse pronto. Es deseable y también posible que el edificio educativo se construya con un amplio acuerdo social y político, capaz de darle estabilidad y modernidad. Mientras tanto quedan unos meses en los que pueden estropearse aun más las cosas. Daños que deben evitarse, pese a que el Gobierno del PP no demuestra seguir la senda del consenso, por sus consecuencias sobre miles de personas en toda España que inician el curso escolar en septiembre.

Entre tales efectos se encuentran los que se desprenden de las evaluaciones externas o de las reválidas que implantó la LOMCE. Una antigualla más, impropia de los avances que han ido experimentando las tareas de enseñanza y aprendizaje. De la última Conferencia Sectorial celebrada el pasado 13 de agosto, se ha extendido un errático mensaje acerca de la paralización por parte del Ministerio de las pruebas de evaluación y de las reválidas en aras de un posible acuerdo. Vana ilusión porque la realidad es que el Ministerio no ha parado nada. Mantiene intacto el calendario de las pruebas de sexto de Primaria y las del resto de los niveles no estaban fijadas para ese curso sino para el siguiente.

No obstante, existe una laguna que muestra el poco tino con el que se improvisaron muchos de los contenidos de la ley de Wert. Se trata de la denominada Formación Profesional Básica. En estos momentos, la normativa deja a miles de alumnos que cursan esta modalidad en un auténtico limbo. Para obtener el título de Graduado en la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria), la LOMCE exige la superación de una prueba de reválida al concluir aquélla. Quienes planificaron el calendario se olvidaron de los estudiantes de la FP Básica, tal vez porque se les desahuciaba de antemano en la creencia de que no tendrían condiciones para acceder al Bachillerato.

Al darse cuenta de su "olvido", el Ministerio se planteó adelantar, mediante real decreto, el calendario de la reválida de la ESO para el próximo curso y para los que concluyesen la FP Básica. Por cierto, un ejemplo de coherencia del PP con el argumento de que no es posible alterar el calendario de implantación de la LOMCE. En la actualidad no hay norma al respecto y por lo tanto, quienes concluyan la FP Básica no podrán obtener el título de la ESO. Urge dar solución a una situación que afecta a miles de estudiantes en toda España. Ello implica cambiar lo previsto en la LOMCE, eliminando las vetustas reválidas para obtener dichos títulos. Lo que no puede permitirse es que a estas alturas no esté garantizado para todos los estudiantes el derecho a titular.