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Los camellos 2.0 cobran ventaja

Traficantes de drogas sintéticas evitan la lista de sustancias prohibidas retocando fórmulas

España detectó este año dos estupefacientes nunca vistos en Europa

Madrid / Vilagarcía de Arousa
Un policía examina una bolsa del mayor alijo de éxtasis incautado en España, el pasado 11 de diciembre
Un policía examina una bolsa del mayor alijo de éxtasis incautado en España, el pasado 11 de diciembre EL PAÍS

Basta con variar una molécula, con tocar un radical de la fórmula química para que una droga sintética, por devastadores que sean sus efectos, deje de serlo en los juzgados. Jueces y policías solo pueden perseguir sustancias que están en las listas de prohibidas de la ONU o de cada país. Las mafias del norte de Europa, principales productores de esas drogas de diseño, lo saben y van retocando su composición para anticiparse a los controles. El año y medio que la burocracia comunitaria emplea para vetar cada nueva droga le sirve a los traficantes para patentar la siguiente. Y así el mercado está siempre abastecido.

Solo en 2014, España ha propuesto a la Unión Europea que fiscalice 14 sustancias interceptadas en operaciones policiales. Algunas son muy peligrosas pero a efectos legales, fuera de esas listas, tienen el mismo castigo que si los agentes incautasen lacasitos.

Dos de esos estupefacientes requisados por los cuerpos policiales este año no habían sido alijados nunca en el continente. El 31 de marzo, el Gobierno español notificó el hallazgo a Europa de un Precursor de Alprazolam, de la familia de las Benzodiacepinas, con efectos sedantes. El 12 de septiembre soltó una segunda alerta de nombre impronunciable (4methil-N, Ndimethylcathinone hydrochloride), una droga estimulante que produce sensación de euforia en quien la consume. El largo camino administrativo hacia la prohibición acaba de comenzar. El resto de estados miembros de la Unión mandaron otras 80 alertas parecidas.

“Sales de baño” e “inciensos” para fumar

El Plan Nacional Sobre Drogas detectó en 2013 un aumento en España del cannabis sintético, en forma de hierbas como la marihuana, que recibe el nombre de spice. En tiendas de Valencia y Madrid colgaban de los expositores y simulaban incienso. Las bolsitas contenían advertencias contra el consumo, pero la red de narcos rumanos que la importaba, sacaba de quienes la fumaban todos sus ingresos. Reponían la mercancía cada noche. La policía no pudo atacar ese tráfico.

Este año se han puesto de moda, según los expertos antidroga, derivados de la familia de las catinonas, con efectos estimulantes que en Internet se comercializan como sales de baño con rótulos apetecibles: “séptimo cielo”, “cielo de vainilla”, “ola lunar”.

Otras veces, las mafias del norte de Europa, tratan de camuflar drogas prohibidas como otras que siguen en el limbo legal. En la Operación Támesis, el pasado agosto, la policía intervino en Barcelona un cargamento de ketamina, pensada en España desde 2010. Sus efectos depresores o tranquilizantes explican su anterior uso como anestesia en dentistas e incluso para medicina animal. Los narcos trataron de hacerla pasar por 3-OXO-2, una fórmula legal.

En marzo, otra intervención policial logró incautar 8 kilos de shabú, una metanfetamina muy apreciada por la comunidad filipina, en Barajas, Barcelona, Badalona y Murcia. Hubo 42 detenidos.

La Operación Shangai, el pasado abril, frustró la descarga de 1.000 kilogramos de PMK, una sustancia muy perseguida internacionalmente, en Barcelona. Fueron detenidos un español, tres holandeses y un búlgaro. Tenían suficiente materia prima importada de China para fabricar siete millones de comprimidos.

Los camellos no entienden de fórmulas químicas. Lo que colocan en las discotecas o en el gran bazar que es Internet a consumidores que se mueven entre la veintena y la treintena reciben nombres mucho más sugerentes: “Oro fantástico”, “sonrisa absoluta”, “placaje”, “mazazo”, son productos que han sido intervenidos por la Brigada de Estupefacientes de Policía Nacional.

Basándose en sus atestados, la Agencia Española del Medicamento ha analizado algunas de sus incautaciones. Uno de los últimos informes firmado por José María Martín del Castillo, consejero técnico de este organismo adscrito al Ministerio de Sanidad, avisa de que la Mefedrona —un tipo de droga estimulante prohibida en 2010 después de que las autoridades británicas la relacionasen con la muerte de 37 personas— ha sido sustituida en el mercado negro por la Methedrona, de la misma familia, y “cinco o 10 veces más potente”. La Agencia concluye que “sustancias que no se encuentran sometidas a fiscalización nacional o internacional, suelen utilizarse como alternativa a otras prohibidas y de propiedades similares”.

Los cuerpos de seguridad se encuentran indefensos sin herramientas para combatir estos estupefacientes de nueva generación. En los últimos años se han frustrado varios alijos. La Operación Zafiro montada por la Policía Nacional requisó 32.500 dosis de un potente alucinógeno introducido en botellas que se impregnaba en láminas de papel secante procedentes de California. Encarceló a los traficantes que entraron por una puerta y salieron por la otra: en cuanto la sustancia pasó por el laboratario resultó ser una droga no fiscalizada, en lugar del LSD, del que sus dueños hablaban en las escuchas telefónicas. “Sucede lo mismo con la lidocaína, da positivo en los marcadores de los análisis que hacemos para la coca, pero no podemos perseguirla”, se queja un alto cargo policial.

Rosario Sendino, consejera técnica del Plan Nacional Sobre Drogas, asume que las instituciones europeas van por detrás de las redes mafiosas y avisa de que los perjuicios no son solo para las fuerzas de seguridad: “No podemos controlar el tráfico y la distribución porque no son ilegales pero es que además las modificaciones que se introducen en las drogas no nos permiten controlar las repercusiones en las personas, los consumidores están vendidos. Con dosis muy pequeñas se producen efectos mucho mayores de los que no se informa al comprador”. Esta reputada experta sostiene que España —donde el consumo de las drogas de diseño es menor que en otros países de su entorno aunque aumenta exponencialmente— hace los deberes y ha introducido herramientas para medir el consumo de nuevas sustancias: no solo las encuestas escolares, también analiza los ingresos hospitalarios por sobredosis y las incautaciones del Ministerio del Interior.

Como ella, todos los técnicos consultados para este reportaje, aguardan a que la Unión Europea consiga aprobar un reglamento en tramitación para perseguir nuevas sustancias. Entretanto, a las policías europeas solo les cabe invocar las leyes de protección de la salud pública, que solo castigan a los traficantes cuando hay muertes o lesiones. Cuando el daño ya está hecho.

 

El 4% de los menores las probó

El 3,9% de los estudiantes de secundaria (entre 14 y 18 años) ha probado drogas sintéticas según las encuestas que el Plan Nacional Sobre Drogas presenta cada dos años en colegios e institutos.

En la última, elaborada en 2013, la proporción de varones consumidores en esas edades duplica a la de mujeres —5,2% frente a 2,6%—. La prevalencia aumenta a medida que cumplen años: en los jóvenes de 17 años el consumo llega al 5,1%. Y en los de 18 sube hasta el 7,3%. A los 14, son el 1,4%. Es en el grupo de 25 a 34 años donde está el mayor porcentaje de destinatarios de estas sustancias, asociadas a entornos de ocio como festivales de música y otros eventos. Los técnicos del Plan Nacional señala a estos usuarios como grupo de riesgo por su policonsumo. Antes de llegar a las sintéticas, han consumido otras, legales e ilegales. España está aún lejos del auge que tienen estas nuevas drogas en Reino Unido, Irlanda, Eslovenia o Eslovaquia.