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Sáenz de Santamaría sustituye a Rajoy en la visita navideña a las tropas

La vicepresidenta inspecciona la base afgana de Herat sin honores castrenses

Herat (Afganistán)
Sáenz de Santamaría y Pedro Morenés en su visita a la Base de Herat

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se ha estrenado este lunes con las Fuerzas Armadas visitando la base de Herat (Afganistán). Pero la "jefa de todo" ha adoptado un perfil bajo, de cariz más administrativo que castrense. Ha sido una visita rápida, de apenas cuatro horas, y desprovista de cualquier liturgia militar: ni piquete de honores, ni himno, ni homenaje a los caídos. Defensa ha aducido diversos motivos para justificar la falta de pompa —el carácter compartido de las instalaciones y razones de seguridad— pero los militares, como siempre, estaban preparados para lo que se les ordenara y se les ordenó una visita de trabajo, sin más solemnidades que un minuto de recogimiento ante las placas que recuerdan a los 100 militares españoles muertos en Afganistán, el último el sargento David Fernández Ureña, en enero de 2013.

La vicepresidenta ha aterrizado a las 5.15 de la mañana (hora peninsular española) y ha sido recibida por el jefe del Mando Regional Oeste de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad), el general italiano Maurizio Angelo Scardino, y por los coroneles españoles Enrique Biosca, jefe de la base, y Carlos Díez de Diego, jefe del Estado Mayor regional. El viaje de la vicepresidenta —que ha sustituido a Rajoy en la vista navideña a las tropas que este ha hecho cada año desde que llegó a La Moncloa— se ha producido solo tres días después de que el Consejo de Ministros aprobase el pasado viernes la participación de España en la nueva misión Resolute Support de la OTAN, que a partir del 1 de enero sustituirá a la ISAF, con un máximo de 485 efectivos.

En Herat, Sáenz de Santamaría —acompañada por el ministro de Defensa, Pedro Morenés, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante Fernando García Sánchez, y otras autoridades militares— ha inspeccionado la Fuerza de Protección, con 217 militares, que se encarga de la defensa de la base y de un perímetro de 10 kilómetros en torno a la misma, y el hospital de campaña Role 2 —donde esta siendo atendida la joven afgana Setara, intervenida en España de los cortes que le produjo su marido en la cara— y que por vez primera vez dirige una mujer, la teniente coronel médico Ana Betegón. En total, 440 militares que han posado junto a sus huéspedes para la tradicional foto de familia.

Sáenz de Santamaría se ha declarado impresionada por el trabajo de los militares españoles, “que hay que reconocer”, y el ejemplo de solidaridad que brindan. También por el orden y la disciplina propios de una instalación militar. Si no ha acudido antes, se ha excusado, es porque no se le había invitado. “La culpa no es de la vicepresidenta sino mía”, ha asumido el ministro de Defensa.

En una breve alocución a los soldados, Sáenz de Santamaría les ha dicho que son “la vanguardia de nuestros valores, de nuestros derechos, de nuestras libertades” y que el Ejército español ha demostrado ser “un cuerpo de élite en una España de vanguardia”. Luego, más relajada, se ha mezclado con ellos y se ha dejado hacer numerosas fotografías y selfies.

La visita ha coincidido con una de las ofensivas más sangrientas de los talibanes, que sólo en los últimos días ha dejado más de 20 muertos, con una cadena de ataques y atentados suicidas en Kabul y en otros puntos del país.

Aunque la presión de los talibanes es menor en Herat, aquí la insurgencia se mezcla con el crimen organizado, lo que no la hace menos peligrosa, por lo que “no podemos bajar la guardia”, ha advertido Morenés.

La nueva misión de la OTAN ya no será de combate sino de instrucción y asesoramiento y contará con muchos menos efectivos: unos 12.500, frente a los 130.000 que tenía en 2012. Nadie se atreve a apostar a que el Ejército y la policía afganos, que han sufrido casi 5.000 bajas en los primeros diez meses de este año, sean capaces por sí solos de hacer frente a la insurgencia. Morenés no ha querido adelantar acontecimientos: está previsto que después del verano las tropas españolas dejen Herat y solo permanezca un grupo reducido en Kabul, pero el ministro ha advertido de que habrá que ver cómo evolucionan los acontecimientos sobre el terreno. La OTAN no quiere que le suceda en Afganistán lo mismo que en Irak: tener que regresar al poco tiempo de haberse marchado.

De momento, lo que España perderá en los próximos días será el mando de la base de Herat, que ha ostentado en los últimos diez años y que pasará a manos de Italia. Pero Morenés también le ha restado importancia. “Cada uno tenemos nuestro rol que cumplir”, ha zanjado.

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