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Si me toca la Lotería de Navidad

Jesús Rubio regaló décimos premiados del sorteo de 2004 a sus compañeros de trabajo

Otros agraciados cuentan en qué se gastaron el dinero y cómo han cambiado sus vidas

El premiado Jesús Rubio en su taller de Plasencia (Cáceres).

Como cada mañana desde hacía más de 30 años, Jesús Rubio acudió aquel día a trabajar. A las once de la mañana sonó el teléfono. Era su mujer. “¡Nos ha tocado la Lotería!”, le dijo nerviosa. Rubio tenía tres cupones premiados con 18.000 euros. Sacó dos papeletas del cajón y las puso en las manos de sus dos compañeros del taller donde trabajaba. “¿Pesan?”, les preguntó. Ambos le miraron extrañados. “¡Pues veréis cuánto van a pesar dentro de un rato!”. Sin saberlo, en la palma de la mano tenían el boleto premiado.

Una década después, Rubio rememora así cómo regaló los décimos a sus socios, y reconoce entre risas que se siente identificado con el actual anuncio de la Lotería de Navidad y la historia del bar de Antonio y su cliente Manuel. ”Lo volvería a hacer”, cuenta ahora emocionado, en el mismo taller de coches de la ciudad de Plasencia, en Cáceres. Allí, en 2004, las calles se inundaron de millones. Como Rubio, su vecino Jesús Miguel Esteban celebró aquel año haber ganado el segundo premio del sorteo. Cada uno empleó su dinero de forma distinta, pero a ambos les cambió la vida igual.

Por su aspecto desaliñado, a muchos les costaría creer que Rubio fue millonario un día. El mono manchado de pintura es su vestimenta habitual en el taller donde trabaja desde hace más de 40 años. Y es que ganar el segundo premio no le hizo abandonar su oficio de toda la vida. Usa el coche más común del mercado. Nada grande, nada ostentoso. Toma café en el bar de siempre y frecuenta las mismas amistades. Aun así no niega que ahora vive mejor, y que él y su familia se dieron algunos caprichos. “Compré una televisión más grande, hicimos reforma en casa…”, explica. También invirtió gran parte del importe del premio en ayudar a sus hijos.

Jesús Miguel Esteban, hermano mayor de la Hermandad de la Pasión, fue quien vendió a Rubio las participaciones premiadas con el número 45.564, una cifra que dejó en Plasencia casi 30 millones de euros en 2004. Él fue uno de los grandes protagonistas aquel día: tenía 55.000 euros más. “Nunca piensas que te va a tocar. Yo no me lo creía, lo veía muy lejano”, asegura Esteban. El cofrade trabajaba en una empresa montando toldos y recuerda como aquel día no paraba de sonarle el teléfono.

Esteban empleó el dinero en reformar su casa, tener unas vacaciones más especiales y comprar algunos caprichos, gran parte de ellos para sus hijos, quienes han sido sus grandes inversiones. Su familia y él frecuentaron buenos hoteles y restaurantes, pero no recuerda ninguna extravagancia, ni ningún impulso de consumo frenético. Los vecinos coinciden en que hoy sigue siendo un tipo normal, que vive sin ostentación y que está siempre con sus amigos de toda la vida.

A Rubio y Esteban el dinero no les ha cambiado, pero ahora saben que la Lotería puede tocar. “¿Lo mejor de haber ganado?”, se pregunta Rubio, “ver la cara de sorpresa de mis compañeros, eso no lo cambio por nada”.

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