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Los obispos piden perdón “a las posibles víctimas” de pederastia

Francisco y el arzobispo de Granada ignoraron a la Conferencia Episcopal

“Las víctimas son lo primero si esto se confirma”, afirma el portavoz Gil Tamayo

El presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Ricardo Blázquez.
El presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Ricardo Blázquez. EFE

Perdón. Vergüenza. Tolerancia cero. Las víctimas son lo primero si esta denuncia se confirma. No fuimos informados... La Conferencia Episcopal Española (CEE) vive conmocionada por las noticias del último escándalo de abusos sexuales a menores por parte de eclesiásticos, esta vez en la archidiócesis de Granada, pero asegura que se ha enterado por los medios de comunicación. Lo aseguró esta mañana su portavoz, José María Gil Tamayo. Pese a que el papa Francisco llamó en agosto pasado, por teléfono, al joven que ha sufrido abusos durante años, y volvió a comunicarse con él en la segunda semana de octubre, nadie del Vaticano avisó de la investigación en marcha al órgano que coordina a los prelados españoles. Tampoco les alertó el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, uno de sus miembros. En realidad, no tenían obligación de hacerlo, matiza Gil Tamayo. La CEE es solo un órgano de asistencia a los obispos, sin poder alguno sobre ellos. “La Conferencia Episcopal no manda en los obispos; los obispos solo dependen del Papa. No hay nada que obligue a la Conferencia Episcopal a saber algo antes. Somos un órgano colegiado, no un órgano de gobierno, sino de servicio. Nos duele y nos produce vergüenza si esta denuncia se confirma. Tenemos que tener un respeto exquisito por las personas, primero por las víctimas y segundo por las personas implicadas para que sus derechos no sean conculcados”, sostiene Gil Tamayo, también secretario general del organismo que coordina al episcopado.

Visiblemente apenado, con voz apagada pese a su habitual buena capacidad comunicativa, el portavoz episcopal arrancó la conferencia de prensa con ese asunto, antes de dar cuenta de los trabajos despachados por los 79 prelados (sobre 80 en activo) presentes en la asamblea plenaria que comenzó el lunes pasado. Le grababan trece cámaras de televisión y lo escuchaban medio centenar de periodistas. “Las víctimas son lo primero. Tolerancia cero”, dijo. Más tarde, ponderó “el dolor que producen estos hechos en la comunidad cristiana y católica, y a cualquier persona con sensibilidad y ética”.

El portavoz de la CEE respondió así a las numerosas preguntas sobre el asunto. “Quiero reiterar el dolor, el pesar y al mismo tiempo la repulsa por los supuestos delitos denunciados. Son una ofensa a la dignidad de las víctimas, a Dios y un grave daño a la Iglesia, a la comunidad diocesana y a la sociedad. Esta persona [se refiere al joven denunciante], que es de convicciones religiosas profundas, está siendo acompañada. Todos los pastores de la Iglesia quieren expresar la solidaridad con las víctimas, que están en un proceso bajo investigación para verificar las denuncias. También quiero expresar nuestra cercanía a la comunidad diocesana de Granada. Desde su pastor a su presbiterio y sus fieles, se trata de una comunidad eclesial viva, con una historia fecunda a la que es de justicia hacer referencia, sin que esto suponga olvidar el dolor y sufrimiento y la cercanía a quienes han sufrido estos hechos, que las autoridades judiciales tanto en el ámbito canónico como civil tienen que determinar. Aunque hubiera solo un caso, sería demasiado. Tolerancia cero en todos los ámbitos, y que esto nos ayude a una mayor concienciación y que esto se erradique y se evite. Hay una confianza absoluta en la justicia. Esto no admite medianías. Las responsabilidades no son negociables en este sentido. Si es un grupo de sacerdotes que es pernicioso, se toman responsabilidades y se extirpan, porque no viven como sacerdotes. Esa no es la forma de vivir sacerdotal".

Sobre la actuación del arzobispo de Granada, Gil Tamayo llamó a ser prudentes y a no hacer tribunales paralelos. Añadió: “Él ha hablado y manifestado a los obispos lo mismo que se viene publicando en los medios de comunicación. No hay una manifestación suya a los obispos y otra a los medios. Ni yo ni los obispos tenemos conocimiento de más. Es lógico que mantenga una confidencialidad. Que los tribunales diluciden lo que haya que decir. Nuestra misión es de denuncia y de exigencia de justicia, así como de respeto a las personas, aunque nada podrá reparar el daño".

También opinó sobre el comportamiento de los medios de comunicación, criticados por algunos prelados. Lo hizo a petición de un periodista. Dijo: “Tengo un enorme respeto por la profesión periodística, pero sí creo que hay que delimitar los ámbitos competenciales. Hay un derecho a la información, pero los periodistas no somos los sacerdotes de una nueva sociedad, ni los jueces. Tenemos que respetar los procedimientos, esperar los tiempos, y trabajar con las certezas. Quien tiene una exclusiva, operará comprobando la veracidad de esas fuentes”.

La plenaria de obispos no ha podido aprobar en peor momento una llamada ‘Nota pastoral’ sobre la salud moral de la sociedad española, con el título “Una llamada a la solidaridad y a la esperanza”. Su portavoz la leyó con poco entusiasmo. Esto dice en tres de sus párrafos: “Junto a eficaces políticas de concertación social y de desarrollo sostenible, necesitamos una verdadera regeneración moral a escala personal y social y con ella la recuperación de un mayor aprecio por el bien común, que sea verdadero soporte para la solidaridad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social de la que tan necesitados estamos”.

“La regeneración moral nace de las virtudes morales y sociales, y para un cristiano viene a fortalecerse con la fe en Dios y la visión trascendente de la existencia, lo que conlleva un irrenunciable compromiso social en el amor al prójimo, verdadero distintivo de los discípulos de Cristo”.

“A todos nos es necesario recordar que sin conducta moral, sin honradez, sin respeto a los demás, sin servicio al bien común, sin solidaridad con los necesitados nuestra sociedad se degrada. La calidad de una sociedad tiene que ver fundamentalmente con su calidad moral. Sin valores morales se apodera de nosotros el malestar al contemplar el presente y la pesadumbre al proyectar nuestro futuro. ¡Cuánto despiertan, vigorizan y rearman moralmente la conciencia, el reconocimiento y el respeto de Dios!”.

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