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Unos 3.000 sevillanos despiden a la duquesa de Alba en su funeral

La infanta Elena acude a la ceremonia en la catedral de la capital andaluza

El féretro de la duquesa de Alba portado por sus familiares.

Al funeral de la duquesa de Alba en la catedral de Sevilla han acudido junto a su familia y autoridades unos 3.000 vecinos de la capital andaluza para darle el último adiós. Una ceremonia cuya sobriedad solo se rompió a la salida del templo, cuando los aplausos de los sevillanos jalearon la despedida de la aristócrata en un día soleado y con calor. Fallecida a los 88 años, al funeral de Cayetana Fitz-James Stuart y Silva acudieron autoridades como la infanta Elena, en representación de la Casa Real, el presidente del Senado, Pío García Escudero, y el ministro de Defensa, Pedro Morenés.

El féretro con los restos de la duquesa, portado por una decena de familiares, llegó a las 12.15 a la catedral después de estar durante un día en la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento de Sevilla y antes de incinerar a la fallecida en el cementerio de San Fernando. Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla y cardenal entre 1982 y 2009 y amigo de la aristócrata, ofició el funeral en el que elogió a la duquesa como “noble por herencia y noble, muy noble, de corazón”.

“Ha muerto en avanzada edad, pero la vejez venerable no se mide por el número de años, sino por una vida llena de belleza y bondad (...) es que no somos eternos”, afirmó Amigo. En la primera bancada se ubicó por un lado la familia con su marido Alfonso Díez y sus hijos y nietos, y por otro autoridades como el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, el consejero andaluz de Justicia, Emilio Llera, o la delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo. A la izquierda de la bancada de la familia siguió la misa, sola por razones de protocolo, doña Elena de Borbón, muy cerca del altar mayor donde contrajo matrimonio. Obras de Bach, Lowell Mason y Castillo dieron cuerpo a la misa —que duró una hora y 15 minutos— interpretadas por el organista José Enrique Ayarra y la coral catedralicia. Junto a Amigo celebraron la misa el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y otros cuatro sacerdotes.

A ambos lados del altar del jubileo se ubicaron pantallas de televisión para que los feligreses vieran la ceremonia y salvaran las imponentes columnas de la catedral. Una decena de cámaras de televisión y 30 periodistas siguieron el funeral. El heredero del título e hijo primogénito, Carlos, permaneció unos minutos arrodillado durante la ceremonia, algo que llamó la atención de los asistentes. El color negro dominó en las vestimentas de las decenas de personas que siguieron el oficio religioso frente al altar del Jubileo.

El féretro de Cayetana Fitz-James Stuart ha sido cubierto por la bandera de España y la de la Casa de Alba

A continuación, los restos de la duquesa, fueron trasladados al cementerio para su incineración. Desde ahí, la familia se trasladó a la iglesia del Valle, sede de la hermandad de Los Gitanos, ubicada en el casco antiguo de la ciudad, y de la que formó parte la duquesa, que además contribuyó como hermana de la cofradía a la reconstrucción de dicha iglesia.

El hijo menor de la aristócrata, Cayetano Martínez de Irujo, llevaba la urna con las cenizas en una bolsa de tela a la entrada al templo.

La colocación de las cenizas estuvo precedida de un breve oficio religioso, al que por deseo de la familia sólo asistieron los familiares directos de la aristócrata y la junta de gobierno de la hermandad, de la que la duquesa era muy devota.

“Aquí reposan las cenizas de nuestra hermana, doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, duquesa de Alba. Camarera de honor de María Santísima de las Angustias, medalla de oro y gran benefactora de esta Hermandad de los Gitanos, gracias a cuya contribución y ayuda fue posible la reconstrucción de este Santuario. Estará por siempre en la memoria de nuestra hermandad. 1926-2014”, reza la lápida. El confesor de la duquesa, Ignacio Sánchez Dalp, pronunció unas palabras de despedida, en las que dirigiéndose a los familiares afirmó que a partir de ahora debían permanecen más unidos que nunca y les habló de la responsabilidad que supone las generaciones que les han precedido.

Las visitas de los sevillanos para despedirse de la duquesa continuaron también por la tarde, trasladados desde la catedral hasta la sede de la hermandad. Mientras, parte de los restos serán trasladados al panteón de la Casa de Alba en Madrid. La hermandad de los Gitanos tenía previsto mantener abierto su santuario hasta que la afluencia de personas para visitar la lápida, instalada en una de las capillas laterales, decayera.

El hermano mayor de los Gitanos, José Moreno, destacó el “recuerdo imborrable” que deja la duquesa en la hermandad, mientras que su hijo Jacobo subrayó que la ceremonia había sido “muy emotiva”.

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