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Sara, 13 años: “No sé cómo salí del bus, solo me recuerdo ya fuera”

La adolescente viajaba en el autocar que tuvo el accidente en el que murieron 14 personas

Sara F. escuchaba música con los cascos cuando, de repente, vio cómo las paredes laterales del autobús temblaban a toda velocidad. Escuchó cómo crujía el vehículo en el que viajaba con su madre y otros 53 pasajeros. Sentada en el asiento 38, al fondo, oyó el sábado por la noche ese sonido que aún no ha olvidado. “Clac-clac-clac”, rememora a sus 13 años la adolescente, de voz firme y serena. Sentada este lunes en el salón de su casa, en Bullas (Murcia) y acompañada por sus padres, su hermana y su abuela; esta estudiante de segundo de ESO detalla cómo fueron los minutos anteriores y posteriores al accidente del autocar en el que perdieron la vida 14 personas. “No sé cómo salí del bus. Solo me recuerdo ya fuera”.

Allí escuchó que su madre, Juana María Corbalán, la llamaba. Ambas parecían estar bien. “Todo ocurrió muy rápido”, sentencia la chica, la más joven del grupo de 100 peregrinos que, apenas 24 horas antes, había emprendido camino de Bullas a Madrid para participar en un acto de devoción en honor de la santa Madre Maravillas, una monja que pasaba los veranos en la pequeña localidad murciana. “Yo era la primera vez que iba”, añade Sara, que ayudó a retirar la chapa que cubría parte del cuerpo de una mujer, a la que le pidió el teléfono para avisar a los servicios de emergencias. Llamó al 112 y después a su padre, Gabriel, que “nervioso” avisó a su hermano para desplazarse rápidamente en coche hasta el lugar del accidente.

Ambos llegaron en unos 20 minutos al terraplén situado a la altura del kilómetro 30 de la carretera RM-714, en la Venta del Olivo (Cieza, Murcia). Se encontró a su mujer y a su hija ayudando a las otras víctimas. “Mientras sujetaba el gotero vi un pie dentro del autobús. ¡Aún quedaba alguien dentro!”, explica Juana María, concejala de Tercera Edad en Bullas, que ejerce en prácticas en el vecino municipio de Caravaca como auxiliar de enfermería. La edil prosigue su relato: “El panorama era horrible. Me cogió la mano mi amiga Rosario y me decía 'no me dejes sola, dónde está mi hija, dónde está mi hija”. Se refería a Inmaculada García, de 34 años, que perdió la vida.

La joven solo tiene rasguños. No llevaba puesto el cinturón

Los servicios sanitarios trasladaron a Sara y a su madre al hospital Morales Meseguer, en Murcia capital. A Juana Mari le detectaron dos costillas rotas y abrasión del brazo derecho —se lo hizo tras deslizarse por los bajos del autobús para bajar de este, donde recuerda aparecer tras el accidente—. También tiene moratones por todo el cuerpo. Su hija, afortunadamente, solo algunos rasguños y chichones. Ninguna de las dos llevaba cinturón. “Ha sido un milagro”, sentencia Gabriel.

“En el momento del accidente, yo no era consciente de las heridas que tenía. Recuerdo que estaba ayudando a la gente a taparse con lo que encontraba. Les hablaba también”, apostilla la concejal, que se mueve ahora con dificultad. La mujer, que toma medicamentos para combatir el dolor, detalla perfectamente todo lo que hicieron el fatídico día de la tragedia: cómo visitaron Alcalá de Henares, cómo vieron el Museo Cervantes, cómo acudieron a los actos religiosos, cómo se volvieron después hacia Madrid. Y cómo a las 11.20 todo cambió: “No escuché al conductor gritar nada de los frenos. Después sí, una vez ocurrido el accidente y cuando estábamos fuera del autobús, vino hacia mí llorando y diciendo que no había podido hacer nada, que le habían fallado”.

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