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Aguirre y la crema catalana

La presidenta del PP apuesta por recuperar la pasión entre catalanes y el resto de españoles

La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, ayer en la delegación de la Generalitat en Madrid. Ampliar foto
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, ayer en la delegación de la Generalitat en Madrid.

Que Esperanza Aguirre es una mujer espectáculo no es una opinión, sino un hecho incontrovertible confirmado por todos quienes la conocen aunque sea de vista. La primera, ella. “Mi fama me precede. Soy pizpireta y colorista”, soltó al auditorio, la primera en la frente, nada más tomar el micro para presentar, en el centro cultural Blanquerna, la más importante representación institucional de la Generalitat de Cataluña en Madrid, el libro Cuando se jodió lo nuestro (Península), del periodista Arturo San Agustín. Una colección de conversaciones con la crema de la sociedad catalana —del abad de Montserrat al expresidente Jordi Pujol, pasando por el próximo hombre fuerte del PSC, Miquel Iceta, y Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya— que trata de comprender las razones íntimas de la ruptura de la convivencia en armonía entre los catalanes y el resto de españoles. “Inteligencia, sensatez, sentido de Estado y amor, mucho amor. Amor a Cataluña, y amor a España”, prescribió a los presentes Aguirre, autoerigida en terapeuta de pareja, para recuperar la pasión perdida entre las partes.

Su receta: “Inteligencia, sensatez, sentido de Estado y amor”

En realidad, lo de “pizpireta y colorista” era un recado para el autor del libro, que habla de ella en esos términos en un pasaje del mismo. La tensión, y no precisamente sexual, flotaba en el ambiente. Y así, entre puyas y flores, entre bromas y veras, transcurrió el acto, al que acudieron casi más periodistas que invitados, atraídos por el poder de convocatoria de la presentadora. Aguirre llegó como suele, como un tornado. A pie por plena Gran Vía. Vestida para impactar de amarillo pollito, morenísima de piel y recién teñida de rubísimo platino. Al ver las cámaras, entró al trapo. Pero al que ella quiso. La víspera había escrito en su cuenta de Twitter lo siguiente: “Podemos está con el castrismo, con el chavismo y con ETA. Y lo demás es palabrería”. Y ayer quería poner los puntos sobre las íes. “Creo que el señor Pablo Iglesias ha contestado a mi tuit y me ha dicho que soy una impresentable y una ladrona relacionada con Gürtel. Pero no me ha respondido. ¿El castrismo no es casta?”, le dejó dicho al eurodiputado ante las cámaras, antes de pasar a Blanquerna.

De Cataluña habló dentro después de saludar a su “querido jefe”, Luis Conde, el empresario que la fichó como cazatalentos hace un año, y en cuya casa, en uno de los encuentros que propicia entre personalidades catalanas y madrileñas, conoció al autor del libro. Por eso, por “disciplina” con su jefe, que le pidió el favor, y por “simpatía” con Agustín, que se autodenomina como “último apache” por escribir en castellano en territorio catalán-nacionalista, aceptó el guante de presentar la obra, declaró sin empacho ninguno.

Dicho esto, se dedicó, básicamente, a sacarle faltas al libro. La primera, ella misma. ¿Por qué no me has entrevistado a mí? ¿Por qué no hay un solo entrevistado que se declare nítidamente en contra del proceso soberanista? ¿Por qué no hay un solo político liberal entre los elegidos? Por qué, por qué, por qué. El autor, que dijo no es “ni independentista, ni secesionista, ni patriota”, no se quedó atrás en su papel de hermano de Pimpinela en el sainete. No la entrevistó porque le cae “demasiado bien”. No habló con Marsé, Boadella, o Arcadi Espada porque “están muy vistos”. Y quiso que Aguirre le presentara el libro por “descarada y decir lo que piensa”. Al final, ella estuvo de acuerdo.

Sobre las causas de por qué se jodió lo de catalanes y españoles, un verbo que la presentadora sustituyo por “jorobar” por instrucciones del editor hasta que se cansó y pronunció el vocablo a boca llena, acuerdo relativo entre Agustín y Aguirre. El no del Tribunal Constitucional al Estatut aprobado en referéndum pesa tanto o más en la trifulca de pareja como las muy odiosas comparaciones entre vecinos en tiempos de crisis. Ya lo dijeron en un disco mítico El Último de la Fila, el grupo de Quimi Portet y Manolo García, catalanes de cuna y de otras tierras, en los ochenta: “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.