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El Rey vende en Emiratos el fin de la crisis y pide confianza en España

El Monarca intercede por 15 empresarios que pelean por contratos millonarios

El Rey junto al príncipe heredero emiratí, este lunes durante el comienzo del foro empresarial hispano-emiratí.

El Rey lanzó este lunes en Abu Dhabi un mensaje a las autoridades y empresarios emiratíes, y otro a los españoles. El primero, en perfecta sincronización con el Gobierno (quien redacta sus discursos), fue el de la recuperación económica de España. Y el segundo, dirigido a sus compatriotas, el de la suya propia. Don Juan Carlos quería demostrar, en su primer viaje largo tras su última operación de cadera —la quinta—, el pasado noviembre, que ha dejado atrás sus entradas y salidas en el quirófano, y que puede ayudar a las empresas españolas a regar el desierto de costosas infraestructuras que España lleva años sin poder permitirse.

“Nuestro país ha sufrido una crisis que ha provocado una dolorosa pérdida de puestos de trabajo”, dijo el Rey en el primer encuentro empresarial España-Emiratos Árabes Unidos. “Pero hoy hemos salido de la recesión, el capital extranjero está regresando con fuerza a España y la economía española ha vuelto a crecer y a crear empleo”.

Conflicto pendiente

El ministro de Industria, José Manuel Soria, dedicó casi el 100% de su jornada de este lunes en Abu Dhabi a tratar de enfriar el conflicto con Masdar, empresa del fondo soberano de Abu Dhabi que ha demandado a España ante la institución de arbitraje del Banco Mundial por los recortes a la retribución de las energías renovables que impone el Gobierno español. Esos recortes reducen los beneficios que los emiratíes pensaban obtener de las centrales termosolares que gestionan en Sevilla y Cádiz junto a la española Sener.

El consejero delegado de Masdar llevó a Soria en helicóptero a ver la termosolar más grande del mundo, equivalente a 250 campos de fútbol y en un 20% de Abengoa. Fuentes del Gobierno se mostraron optimistas sobre la posibilidad de que finalmente se llegue a una solución. En las próximas semanas prevén nuevos encuentros para discutirlo.

Españoles y emiratíes van a estudiar juntos cuál es “la estructura real de costes” de las plantas afectadas para llegar a un acuerdo. “Buscaremos una salida lo más airosa posible para todos”, prometen fuentes diplomáticas.

Don Juan Carlos agradeció a Emiratos “la confianza” que han depositado en España, incluso cuando pocos lo hacían — “mirando más allá del sentido de la inversión”, afirmó—. Y pidió que sigan haciéndolo. “Sabemos de sus ambiciosos planes”, dijo el Rey ante el ministro de Estado de Emiratos Árabes, el sultán Ahmed Al Jaber, refiriéndose al plan Abu Dhabi 2030 o a la exposición internacional de Dubai 2020, en los que invertirán más de 20.000 millones de dólares.

El ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, recordó que empresas españolas han logrado ya importantes contratos como el AVE a La Meca; y, dirigiéndose a los opulentos emiratíes, añadió: “Podemos hacer más, mucho más para ampliar nuestras relaciones económicas”.

Margallo trató de aplacar los posibles temores de los emiratíes: “Invertir en España es un buen negocio”, aseguró. “El déficit ha bajado y los mercados han recuperado la confianza en nuestro país”. El ministro defendió el “cambio de modelo” español, que ha dejado atrás, prometió, la época del “endeudamiento profundo”. Y presentó a España como el puente perfecto, por posición geográfica, tradición e idioma, con la UE, Latinoamérica y África.

Al final del día no había grandes contratos firmados. Solo la ministra de Fomento, Ana Pastor, anunció que la española Ineco había obtenido la adjudicación de la puesta en marcha de la nueva terminal del aeropuerto de Abu Dhabi —que construye ACS— por 12,5 millones de euros. Envueltos en el color favorito de los anfitriones, el oro, que lo invadía todo —alfombras, paredes, columnas—, dos largas filas de hombres —unos, los emiratíes, vestidos con la kandora blanca, y otros, los empresarios españoles, como Florentino Pérez (ACS), Javier Monzón (Indra) o José Manuel Revuelta (Navantia), uniformados en traje y corbata— habían dedicado la mañana, básicamente, a conocerse.

Ese era el objetivo principal del viaje: presentarse ante los emiratíes de la mano del Rey, amigo de la familia más poderosa de uno de los países más ricos del mundo, los Al Nahyan. Y así se hizo. En un inmenso salón del ostentoso hotel Emirates, que parecía casi vacío pese a que había dentro 50 personas, de ellas solo dos mujeres empresarias: la presidenta de FCC, Esther Alcocer Koplowitz, y Noura Abdula, productora de cine emiratí.

En los próximos meses comprobarán si, como pidió Margallo, las buenas relaciones entre ambos países “dan frutos”. Si el convenio firmado entre los astilleros de Abu Dhabi y Navantia para diseñar (los españoles) y construir (los emiratíes) seis lanchas llega a buen puerto; si OHL gana el contrato para construir un hospital militar por 100 millones de euros; si Construcciones San José o FCC levantan un complejo médico por 750 millones de dólares; si construyen 12 nuevas estaciones del metro de Abu Dhabi o 28 kilómetros de tranvía... Si España riega el desierto.

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