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Divorcio judicial por el ‘caso Nóos’

El juez Castro y el fiscal Horrach han trabajado con gran complicidad en la Audiencia de Palma

En la recta final del proceso a Iñaki Urdangarin discrepan

El juez José Castro (izquierda) y el fiscal Antonio Horrach conversan en una terraza de Palma el pasado mes de abril.

La pareja de intocables se ha roto. Es la comidilla en Mallorca alrededor del juez José Castro y el fiscal Pedro Horrach, dos profesionales incorruptibles que han limpiado la isla. Una mujer se interpuso en medio del clima de complicidad que había presidido todas sus actuaciones judiciales. Mejor dicho, una decisión sobre una mujer: imputar o no imputar a la infanta Cristina. Desde entonces, el criterio de ambos dejó de ser unánime.

La lucha contra la corrupción, y en especial el caso Urdangarin, cimentó una relación profesional y personal. Han compartido sesiones maratonianas, copas y confidencias nocturnas, tras los registros e interrogatorios en Palma, Barcelona, Valencia y Madrid. Han resistido todo tipo de presiones. Les han intentado derribar, erosionar psicológicamente, porque les espiaron correos, husmearon en su patrimonio y divulgaron aspectos de su vida familiar. Políticos del PP les cuestionaron y atacaron. Recibieron ruidosas denuncias en medios ultras y ante altas instancias judiciales. Ninguna presión pudo con ellos.

Son adictos al trabajo. Pueden ser duros y simpáticos. El juez, tras sufrir un accidente de bicicleta, se llevó el ordenador con el sumario a la habitación de la clínica. El fiscal, con su esposa recién intervenida y en la sala de reanimación, siguió actuando sin pausa.

La decisión sobre la imputación de la Infanta fue la causa de su alejamiento

Las discrepancias entre Horrach y Castro “son jurídicas, de detalle y de fondo”, señalan personas de la confianza de ambos. “La química entre el juez y el fiscal se ha roto. Eran íntimos y ahora parecen contrincantes”, comenta un abogado de Palma que les trata. “Castro fue por libre, se precipitó sin consultar”, asegura una persona de la abogacía.

Pedro Horrach y José Castro protagonizan un episodio de divorcio profesional. En lo personal nadie ha notado su crisis. Desdeñan el papel de personajes judiciales estelares. Pertenecen a dos generaciones distintas. El juez está a punto de culminar su vida laboral activa. Es abuelo. El fiscal va camino de los 50 años. Tiene una hija recién admitida en la universidad.

Horrach es independiente. No pertenece a ninguna asociación corporativa. Es hijo de una familia de hoteleros de Mallorca y no expresa una opción ideológica. Es deportista: camina y corre.

El juez es andaluz, progresista no adscrito y “es justiciero en el buen sentido de la expresión”, según un fiscal. Castro usa bicicleta y antes iba en moto, al igual que el fiscal. Al volante, comparten el gusto por el estilo deportivo de los pequeños BMW. Horrach usa el auto blanco de su mujer y habita en un gran ático cerca de un bosque, y Castro se embute en un bólido negro, más antiguo, y tiene un chalé frente al mar. Uno fuma y el otro ya no. Son nerviosos y afables. Ante el tribunal son retóricos y vehementes. De los que cercan a los acusados.

“El tiempo lo difumina todo y corre a favor de los imputados”, comenta uno de los dos protagonistas. Desde las defensas han pedido citar hasta mil testigos más, tras los dos centenares acreditados. En meses no se resolvería la agenda judicial, sería un cuello de botella imposible de gestionar.

Tanto se han alejado sus posturas que el fiscal Horrach propone al Tribunal Superior de Valencia que el juez Castro renuncie a concluir la causa si son imputados el expresidente Francisco Camps y la alcaldesa Rita Barberá. Sería un final imprevisto para un sumario que ha sido vigilado en cada detalle.

“No hay otra salida posible: con los mismos hechos y autores, ahora Nóos no se puede escindir. Todas las posibilidades están cerradas”, dicen desde el entorno de Horrach. En otras circunstancias y en tres ocasiones, el fiscal se puso al lado de Castro y rechazó la segregación del sumario solicitada por distintos imputados. Pero ahora es diferente.

“No tengo una obsesión personal por retener el asunto”, advierte el instructor, a través de la portavoz judicial de Palma. José Castro y Pedro Horrach han destapado, de la mano y con la ayuda de la policía y de Hacienda, uno de los escándalos más sonados por corrupción de España porque alude a dos integrantes de la familia real. Pero en abril de 2013 discreparon sobre la imputación de la Infanta. “No tenemos por qué ir siempre a coro”, comentó el instructor en su entorno. Ahora el desencuentro profesional parece más profundo y puede tener consecuencias en el final del proceso.

Uno es andaluz, el otro mallorquín. Les gustan las motos y los BMW

La imputación de Cristina de Borbón está, otra vez, sobre la mesa del juez, por supuesto blanqueo de capitales. Y en este punto sigue abierto un abismo entre Horrach y Castro. El fiscal sostiene que Cristina de Borbón no delinquió porque desconocía que la actividad de su esposo era delictiva.

Castro acumula informes de Hacienda sobre las rentas y cuentas de la hija del Rey y espera un exhaustivo análisis y testimonios de la policía sobre los pagos y facturas de la Infanta en las obras del palacete de Barcelona. El juez Castro confía en mantener en Palma el tronco de la causa, tener tiempo para citar a la hija del Rey, si se da el caso, y cerrar la parte que se centra en los 2,5 millones que Urdangarin y su socio Diego Torres lograron de los políticos de Baleares, encabezados por Jaume Matas. Pero no todo se coció en Mallorca. Hubo 3,5 millones que recibieron de instituciones valencianas y eso obliga a interrogar a Camps y Barberá.

En los juzgados quitan hierro a la propuesta del fiscal para que el juez de Palma se quede, indirectamente, sin culminar su caso. No ven retos abiertos. “El fiscal está en su derecho”, comentó el juez, lacónicamente, al ser preguntado por el informe que implícitamente pretende quitarle el sumario.

Será ese el final de una prolífica colaboración. El caso Nóos habrá sido un asunto de parejas. Dos amigos montaron Nóos, Iñaki Urdangarin y Diego Torres. Y otros dos lo desmontaron.

Juicio en Valencia o en Palma

La instrucción judicial del caso Nóos está prácticamente cerrada. Con toda seguridad, habrá juicio con Iñaki Urdangarin y el resto de imputados. La vista se celebrará, en un año o dos, en la Audiencia de Palma o en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV). El escenario depende de que este último tribunal resuelva una cuestión de competencia.

El juez Castro emplaza al tribunal valenciano a que asuma la competencia parcial del caso, para imputar e investigar a dos diputados aforados, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el expresidente autonómico Francisco Camps. De ser así, Castro mantendría el tronco del caso en sus manos y seguiría investigando por blanqueo a la Infanta, para cerrar la instrucción.

El fiscal Pedro Horrach discrepa del juez Castro y solicita al tribunal de Valencia que si asume la competencia del caso Nóos sobre Camps y Barberá, se quede con todo el sumario, acabe la instrucción y celebre el juicio. Horrach considera que la causa no se puede escindir y que los aforados arrastran al resto de imputados. Así que el Tribunal Superior de Valencia puede decidir asumir todo o una parte.

Una tercera vía abierta, esta improbable, podría ser que el TSJCV indicase al juez Castro que interrogue sobre sus indicios a Camps y Barberá, extremo solo factible en el caso de que ellos aceptasen renunciar a su aforamiento.

El TSJ de Valencia manda. Tiene autoridad jerárquica en la causa ante el instructor, aunque, según algunas fuentes, éste podría acudir al Supremo en defensa de su competencia en el caso. El caso Nóos, abierto en 2010, es una de las 27 piezas separadas del sumario Palma Arena, de 2008. La duda ahora es: ¿Podría haber una pieza separada de una pieza separada?