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Rubalcaba deja el control interno del PSOE en manos de Valenciano

El secretario general refuerza sus equipos y confirma que seguirá hasta 2016

Ha ocurrido más de una, dos y tres veces en el último año: los rumores crecientes de crisis abierta en el PSOE se quedan en nada, o en casi nada, cuando se convocan los órganos de dirección, donde la crítica, si existe, se aplaca mucho. Y volvió a ocurrir ayer: la ejecutiva federal, reunida por primera vez tras el estallido de las tres crisis internas encadenadas que ha sufrido el partido en menos de un mes —la indisciplina del PSC, el desafío por sorpresa de los socialistas gallegos y la moción de censura de Ponferrada—, respaldó la solución ideada por el secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, para zanjar el debate sobre su liderazgo y autoridad. Esto es, dejar el control diario del partido en manos de su número dos, Elena Valenciano, dedicarse él a la “presencia social” y dar entrada a algunas voces nuevas en los órganos de dirección —la más destacada, la de Ramón Jáuregui en la ejecutiva—. Nadie deja su cargo; se crean puestos nuevos y se “reorganiza” la vida interna del PSOE.

Al término de la reunión, que se alargó durante más de cuatro horas, Rubalcaba confirmó que él va a estar en el cargo hasta 2016 —"tengo un contrato de cuatro años, voy a cumplir mi contrato—; y que el calendario para los próximos meses —dedicar el año 2013 a rehacer el proyecto político y convocar primarias después de las elecciones europeas de mayo de 2014— no se va a alterar. Aseguró que ninguno de los cerca de 40 miembros de la ejecutiva le pidieron hacerlo, e insistió en que la prioridad del PSOE en bloque es crear una “alternativa” al Gobierno del PP, no discutir sobre su liderazgo. “Lamento una vez más desilusionar a la parroquia. No ha pasado nada [en la ejecutiva], por más que algunos se empeñen”, dijo.

Aunque la ejecutiva, según el secretario general, dedicó la mayor parte de la reunión a aprobar sendos compromisos para proponer al Gobierno un pacto por el empleo y otro contra la pobreza, también hubo tiempo para los cambios orgánicos, justificados en la necesidad de evitar “errores” como los cometidos “en los últimos tiempos” —“esencialmente uno: el error gravísimo de Ponferrada”, matizó el dirigente en referencia a la moción de censura pactada con un exalcalde del PP condenado por acoso—.

Jáuregui tendrá un cargo ‘ad hoc’ de delegado para la Conferencia Política

El principal cambio orgánico, la transfusión de poder que se le da a la vicesecretaria general, Elena Valenciano, que “se centrará en el trabajo interno” del partido: coordinará la ejecutiva, la conexión con el grupo parlamentario y la dirección de comunicación. Eso permitirá al propio Rubalcaba dedicarse a otras cosas: “Yo me voy a volcar en el papel de líder de la oposición, voy a incrementar mi agenda social, voy a estar más presente en la sociedad y a reforzar también mi presencia internacional”, afirmó. “No es que yo me olvide de la vida interna y la deje en manos de Elena. Las grandes decisiones las tendré que tomar yo, pero el día a día no tiene por qué llevarlo el secretario general”.

No precisó, aunque se le preguntó varias veces, si el mayor poder atesorado por Valenciano será a costa de recortarle competencias al secretario de Organización, Óscar López, muy tocado tras asumir toda la responsabilidad por la polémica operación de Ponferrada. “El secretario de Organización se dedicará a la organización”, dijo lacónico Rubalcaba.

El veterano diputado Ramón Jáuregui se incorpora a la ejecutiva en calidad de invitado y, en principio, por un tiempo limitado: hasta que se celebre la Conferencia Política en octubre, porque acudirá a las reuniones de la dirección precisamente por el peso específico que tiene en la preparación de esa conferencia. Y en la dirección del grupo parlamentario estarán la valenciana Carmen Montón (responsable de Igualdad) y el secretario general en La Rioja, César Luena, que llevará la coordinación territorial.

La reorganización liberará en teoría a Rubalcaba de las crisis territoriales

Habrá, además, en el partido una “comisión de garantías de igualdad”, presidida por Amelia Valcárcel y similar a la comisión de garantías y ética, para recoger las reclamaciones sobre conflictos en materia de igualdad entre hombres y mujeres y hacer informes sobre las “grandes iniciativas políticas del partido”. Para evitar, principalmente, que vuelva a ocurrir lo que ocurrió en Ponferrada.

La ejecutiva aprobó también un “documento de bases” pactado con el PSC parar avanzar en las negociaciones sobre la revisión del protocolo de relaciones entre ambos partidos. Con la premisa de que la “voluntad inequívoca es no romper” las relaciones y con el objetivo de que haya “simetría, reciprocidad y autonomía” en esa relación. Rubalcaba no concretó, tampoco esta vez, si “simetría” significa que el PSOE tendrá voz y voto en la ejecutiva del PSOE como ahora sucede a la inversa. Sobre la “discrepancia” de ambos acerca del llamado “derecho a decidir” de los catalanes, el secretario general volvió a quitarle importancia y consideró que eso es algo que tiene que debatirse “en un marco más amplio: entre Cataluña y el resto de España”. Por eso propuso “pactar unas nuevas normas de convivencia entre Cataluña y el resto de España, a través de la reforma de la Constitución”.