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PERFIL

El motor del ‘hereu’ se queda calado

Oriol Pujol quiere que la imputación solo suponga un parón en su carrera

Inicialmente aseguró que era víctima de una persecución

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Oriol Pujol (Barcelona, 1966) avanzaba imparable hacia la cima. Como buen amante del ciclismo, sumaba etapas, superaba montañas esperando llegar a los Campos Elíseos de la política catalana: la Generalitat. Pero el motor del hereu (el heredero) se ha quedado calado por su imputación. ¿El fin de su carrera política? Los que lo conocen aseguran que no, que Pujol todavía tiene cuerda para rato... si demuestra lo que defiende desde que hace un año se conoció su implicación en el ‘caso ITV’: que es inocente.

Como hijo de Jordi Pujol, el político que ha dominado Cataluña durante cinco lustros, Oriol ha intentado ser digno heredero de su padre sin vivir a su sombra. Quinto de siete hijos del expresidente de la Generalitat con Marta Ferrussola, Oriol es el único que ha tomado el camino de la política parlamentaria. Dos de sus hermanos mayores, Jordi y Josep, optaron por la empresa privada, aunque su estrecha relación con el poder les ha granjeado más de una polémica, que todavía arrastran.

Ha intentado ser digno heredero de su padre sin vivir a su sombra

Oriol optó por el camino clásico de la política. Licenciado en veterinaria, comenzó sus pasos políticos en la universidad, donde militó en la asociación nacionalista FNEC. Allí conoció lo que años más tarde se configuró como el pinyol, el núcleo duro del presidente de la Generalitat, Artur Mas: Francesc Homs, actual consejero de la Presidencia, y David Madí, durante años principal asesor de CDC y ahora en segunda línea. Su bautizo político, símbolo del soberanismo que imprimirían después a toda su trayectoria, fue la campaña Freedom for Catalonia, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992.

Pujol se licenció y ejerció durante poco tiempo como veterinario de cerdos. Tras cursar un máster en dirección de empresas, la política llamó a su puerta y entró en la Generalitat. Los cargos se fueron sucediendo: empezó muy cerca de su padre, como jefe del servicio del gabinete técnico de Presidencia; a continuación ascendió al cargo de director general de Asuntos Interdepartamentales de la Generalitat, también de interlocución directa del presidente.

Poco a poco, el heredero se fue granjeando el respeto en Convergència, con habilidad para diferenciarse de su padre sin renunciar a su legado (siempre prefiere decir que él ha salido a su madre, la Ferrussola). Junto a sus compañeros de andanzas universitarias, Pujol, Madí y Homs eligieron a su líder: Artur Mas. Fue el nacimiento del pinyol, el grupo que ahora copa el poder en Cataluña y que, fiel al independentismo del que hacen gala desde que tienen razón política, ha encaminado el proceso soberanista en la comunidad.

Con el ascenso de Mas a la presidencia, Pujol se hizo con las riendas de partido

Mas fue elegido sucesor de Jordi Pujol en Convergència en 2000, y con él Oriol ascendió hasta los escalafones más altos del partido. “Siempre dice que él es más de Ferrussola que de Pujol. Pero en realidad, es de Mas”, comenta uno de sus colaboradores más cercanos.

El pinyol, con Pujol en el centro, viró a Convergència hacia el soberanismo mientras CiU se lamía sus heridas en la oposición, con Jordi Pujol ya retirado. Ello provocó tensiones con Unió Democràtica, y formó una relación de tiranteces entre el democristiano Josep Antoni Duran Lleida y Oriol Pujol. Aunque su enemistad con Duran provoca simpatía en la militancia de Convergència, que jalea al heredero como uno de sus líderes más queridos. Ayer dieron buena fe de ello en Twitter, creando una campaña con la etiqueta #suportOriolPujol (apoyo Oriol Pujol). En seguida el tema se llenó de comentarios burlescos.

Sus colaboradores no tienen un reproche para Pujol. Lo consideran una persona cercana, que trabaja en equipo y que, lejos de la caricatura que lo muestra como una persona impulsiva, reflexiona mucho sus ideas.

Con el ascenso de Mas a la presidencia, Pujol se hizo con las riendas de partido; primero, como presidente del grupo parlamentario de CiU; después, como secretario general de Convergència. Un cargo que le hizo el hombre fuerte en las negociaciones con el resto de grupos. Demostró versatilidad (fraguó la primera investidura de Mas con el PSC; su estabilidad parlamentaria con el PP; y ahora el pacto parlamentario con ERC) pero, según sus adversarios, cierta candidez. “El cargo que tiene no va acorde con el poder real que ejerce”, dicen de él. Aunque eso sí, mantienen que “es de fiar”. En Convergència discrepan de esa visión, y lo consideran el artífice del último pacto con ERC. Su posición le situó como uno de los principales candidatos a suceder a Mas. Pero el camino, de momento, se ha truncado.

Oriol Pujol ha tenido un año para preparar su reacción a la imputación. Primero, siguió fiel al guion que su padre creó durante la querella por el ‘caso Banca Catalana’: culpar de todo ello a una persecución política; después, asumiendo su retirada del cargo, que no de diputado, para “no entorpecer el proceso soberanista”. Durante este año, según sus allegados, “ha ganado dureza”. Su respuesta le ha valido el reproche de la oposición, pero el respeto de los suyos. Él tiene un objetivo: que la imputación solo sea un alto temporal en el camino y en su carrera política.