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Rajoy evita de nuevo a Bárcenas

El presidente usa el reglamento para eludir la polémica entre gritos de “¡sobres!”

Promete publicar una lista de defraudadores pero no cita al extesorero

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ayer en los pasillos del Senado.  Ampliar foto
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ayer en los pasillos del Senado.

El Senado es la casa de los veteranos. Los que lo han visto casi todo en política. Y entre varios de ellos había ayer consenso después de que el presidente del Gobierno acudiera a la cámara Alta después de dos meses de ausencia, tras casi un mes sin ruedas de prensa, y de nuevo con la firme intención de no pronunciar el nombre de Luis Bárcenas. Ese consenso se resumía en una frase: hay un ambiente raro en la política española, de bloqueo.

Por un lado todo sigue igual, Rajoy es recibido con una ovación de los suyos cuando entra en el Senado, exhibe como un éxito las cifras de déficit y su mayoría absoluta, finge que no pasa nada. Por otro, mientras Bruselas vuelve a presionar para subir de nuevo el IVA, o al menos sacar a algunos productos del tipo reducido, Rajoy, el Ejecutivo y el PP viven en privado pendientes de Bárcenas. Es el presidente, por ejemplo, quien decidirá en las próximas horas qué hacer con las demandas.

Rajoy, que habitualmente lanza en el Senado discursos políticos más de fondo —aquí ha hecho sus reflexiones más profundas sobre la crisis independentista catalana, sobre el estado autonómico y también sobre los recortes— ayer optó por dejar pasar lo más rápido posible los 22 minutos y medio que le ofrece el reglamento en tres preguntas. A ese texto se aferró para esquivar una vez más el nombre que domina todas las conversaciones de su Gobierno y su partido desde hace un mes y medio.

Marcelino Iglesias, el portavoz socialista, optó por un tono muy dramático para intentar que el presidente entrara: “Cada mañana tenemos un nuevo capítulo de ese genio innombrable de las finanzas que nos hace la peineta a todos los españoles. Usted tiene una mayoría absoluta que le jalea y unos senadores que le aplauden cuando llega, de manera preventiva. Pero la realidad es que han perdido la confianza de los ciudadanos, están bloqueados e inhabilitados para pedir esfuerzos. España vive su momento más difícil desde la transición democrática”.

Pero al dramatismo de Iglesias contestó Rajoy con su parsimonia y aferrándose al reglamento para evitar entrar al asunto. “Voy a ceñirme a su pregunta”, respondió el presidente. Y esta era sobre el déficit de 2012, así que Rajoy repitió sus argumentos sobre el éxito que supone para él el 6,7% —sin contar las ayudas a los bancos, que lo llevan al 10,2%—. Algún senador socialista hizo un intento a la desesperada de forzar a Rajoy a entrar: “¡Los sobres, los sobres!”, gritó un par de veces mientras el presidente hablaba del déficit. Rajoy ni se inmutó. “¡Los eres, los eres!”, le gritó una senadora del PP al socialista, por el escándalo de corrupción en Andalucía. “Sinvergüenza”, le dijo otro. Rajoy, a lo suyo. Y así se pasó el tiempo, salió a la carrera evitando a los periodistas. El viernes cumple un mes desde la última rueda de prensa.

El lunes presentará a Dolores de Cospedal en un desayuno informativo, en lo que se convertirá en un acto claro de apoyo a la secretaria general, muy criticada. Él no tendrá que contestar preguntas, pero sí estar sentado al lado de ella mientras intenta afinar la explicación del escándalo. El PP sigue optando por el silencio. Javier Arenas, precisamente en los pasillos del Senado, fue el único en dar la cara para defender a Cospedal, pese a su evidente distancia con ella: la secretaria general “no está cuestionada. Todo el partido la respalda”, aseguró.

Rajoy evitó así el asunto. Pero de la misma manera que en el debate del estado de la nación no citó a Bárcenas pero desplegó una batería de propuestas para contrarrestar el efecto del escándalo —leyes de transparencia, endurecimiento de penas, obligación de los tesoreros de explicar las cuentas en el Congreso, publicación de sus declaraciones de la renta— ayer también contestó a las preguntas sobre el innombrable con propuestas que indirectamente responden a la polémica.

Rajoy confirmó, como había apuntado el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que el Gobierno está buscando fórmulas para publicar una lista de grandes defraudadores. Ante la pregunta del senador de IU Jesús Iglesias, Rajoy dejó muy claro que no va a publicar la lista de todos los que se han acogido a la amnistía fiscal. Sería ilegal, explicó. Pero sí piensa en cómo cambiar la ley para publicar una lista de grandes defraudadores. La reforma va para largo en cualquier caso y hay muchas presiones y mucha cautela en el Ejecutivo.

Bárcenas sigue así impidiendo el cambio de tercio que buscaba el Ejecutivo para este mes de marzo después de las primeras medidas de estímulo. Y si el ambiente está enrarecido al máximo nivel, con el presidente, al bajar a los ministros ya directamente pasa a guerrilla política. Montoro apuntó a IU como el partido que no paga lo que debe a Hacienda. Y Fátima Báñez, cuando un senador del PSOE le preguntó si la inspección laboral va a investigar al PP por el “carajal” del contrato de Bárcenas, contestó: “Me hablan de simulación de contrato. ¿Con qué moral, si la Fundación Ideas, del PSOE, simuló a un trabajador con Amy Martin?”. Eso en la supuesta Cámara tranquila.