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Un aznarista fiel que entró en AP en 1983

Sepúlveda organizó actos del expresidente hasta que este le hizo alcalde

Jesús Sepúlveda estaba en el PP mucho antes de que fuera PP: entró a trabajar en Alianza Popular en 1983. Y no ha hecho nunca otra cosa. Cuando Carlos Floriano y otros hablan de él como un “funcionario del partido”, no se refieren a una categoría laboral inexistente, sino a que siempre ha estado ahí. Y si no fuera por el escándalo, ahí pensaba seguir hasta su jubilación.

Sepúlveda forma parte de un clan reducidísimo, al que también pertenece su exmujer, Ana Mato. Son los fieles más cercanos a José María Aznar, aznaristas puros de primera hora, los que dejaron Madrid —todos son madrileños, incluido el expresidente— para acompañarle a Valladolid en 1987 en la aventura de ganar las elecciones y después gobernar en Castilla y León. Con él se fueron, con él volvieron como grandes triunfadores, menos de tres años después, cuando Aznar se hizo con todo el poder en el PP, a ocupar la sede nacional de Génova 13.

A partir de ahí, de nuevo, Sepúlveda se encargó de lo que mejor sabía hacer: organizar actos, llenar autobuses, buscar escenarios, pagar carísimos montajes. Todo para que Aznar, de nuevo, ganase unas elecciones. Aunque esta vez costó bastante más: no lo logró hasta 1996.

En todas esas especialidades, Sepúlveda tenía un proveedor casi único, un hombre que llegó a tener en la calle Génova más poder que muchos dirigentes: Francisco Correa, el jefe de la trama Gürtel (correa en alemán). Se hicieron muy amigos y Correa comenzó a tratarle como hacía con todos los políticos que le daban contratos: llenándole de regalos. Son esas relaciones con Correa, y los regalos que le hizo, los que acabaron muchos años después, en 2009, con la carrera política de Sepúlveda y los que este lunes le hicieron perder su empleo, el único que prácticamente ha tenido toda su vida de una u otra manera: el de trabajador del PP, antes AP.

Cuando Aznar llegó al Gobierno, los dirigentes más conocidos saltaron al Ejecutivo. Pero no Sepúlveda, ni Mato, ni otros pocos miembros del equipo habitual de Génova, 13, los que se seguían encargando de organizar los actos, los viajes, las campañas, de mantener la maquinaria en marcha, y para eso casi siempre contaban con Correa.

Aznar le hizo senador, la Cámara en la que suelen recalar los miembros del equipo de organización, en la que también acabó Luis Bárcenas. Sepúlveda por Murcia, Bárcenas por Santander, aunque los dos eran madrileños puros y vivían desde siempre en Madrid.

En 2003, Aznar quiso tener un detalle con su siempre fiel amigo Sepúlveda, que tanto trabajo ingrato había hecho para él. El expresidente ya estaba construyendo su casa en Pozuelo, donde iría a vivir al dejar La Moncloa en 2004. Y colocó a su amigo como candidato a alcalde de este municipio rico pegado a Madrid, donde el éxito era seguro. Lo logró, y por fin tuvo momentos de lucimiento personal: una alcaldía de el municipio donde vive Cristiano Ronaldo, por ejemplo, era algo muy deseado. Todo fue bien hasta que el escándalo Gürtel devoró a buena parte del equipo de organización histórico de Aznar. Y él, que siempre había estado allí, no se libró.

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