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El fin de ETA centra a la Ertzaintza en la seguridad ciudadana

El nuevo modelo policial está dirigido contra la delincuencia especializada

Urkullu camina junto a Estefanía Beltrán, la nueva consejera vasca de seguridad, el pasado 17 de diciembre. Ampliar foto
Urkullu camina junto a Estefanía Beltrán, la nueva consejera vasca de seguridad, el pasado 17 de diciembre.

“Ha llegado el momento de transformar la Ertzaintza en una policía preventiva, cercana y a pie de calle”. Así lo cree el lehendakari, Iñigo Urkullu, a partir del cese consolidado de la violencia que ETA anunció en octubre de 2011. Y sobre este nítido posicionamiento estratégico ha determinado en la estructura de su primer Gobierno vasco la significativa mutación del histórico departamento de Interior en Seguridad. Además, y para visualizar más expresamente este cambio, deposita en una mujer, Estefanía Beltrán de Heredia, la responsabilidad de una cartera que se basa fundamentalmente en la actividad de 8.000 agentes de la Ertzaintza.

Precisamente sobre la desaparición del terrorismo etarra pivota la adecuación de un nuevo modelo policial que responda a las exigencias de una delincuencia en Euskadi que va adquiriendo cotas de alarma social. En la última memoria anual de la Fiscalía del País Vasco, en las tres capitales de la comunidad se detectaba una preocupante escalada de asaltos a viviendas y comercios (42%), robos con violencia (19%), asesinatos (100%, con ocho casos contabilizados), estafas (15%) o fraudes (64%).

“Las mafias de la delincuencia, sobre todo las procedentes del Este, saben que ya no hay ETA, entienden que no hay tanta presión policial en el País Vasco y están actuando cada día con más sofisticación”, reconoce un portavoz sindical de la Ertzaintza. Con todo, los índices de criminalidad en Euskadi (39 casos por cada 1.000 habitantes) están muy por debajo de la media nacional (51). Pero los informes que Beltrán de Heredia conoce ya advierten de que empieza a cundir la sensación de inseguridad social porque a la ola de atracos se añade el perfil de una ejecución delictiva cada vez más especializada y hostil.

Iñigo Urkullu quiere una policía preventiva, cercana y a pie de calle

Urkullu quiere superar para siempre la imagen de un país condicionado por ETA en cada una de sus estructuras. Y es ahí donde entiende que el modelo policial es determinante. Lo dijo durante la última campaña electoral, cuando pretendía que la Ertzaintza dispusiera de un “nuevo modelo de gestión, innovador y colaborativo, que prime el objetivo de la seguridad preventiva”. El cambio experimentado en Interior responde a estas coordenadas, incluido el perfil de la consejera, según un colaborador del lehendakari. “La preocupación es la Seguridad, ya no es ETA”, subraya.

Para afrontar el empeño, Beltrán de Heredia ha venido escuchando, como tiene por norma, múltiples opiniones. “El paso de gente por su despacho es incesante, pero no todo el que viene es que tendrá un puesto”, admiten en su entorno más próximo. Las líneas maestras ya las tiene. La consejera se ha refugiado en personas muy próximas, como Jon Uriarte, exdirector de la Ertzaintza y actual miembro del ABB. De hecho, a este contacto con ex altos cargos de anteriores etapas en Interior, entre ellos el exviceconsejero Xabier Agirre, se atribuye su sonora apuesta por Gervasio Gabirondo (Zarautz, Gipuzkoa, 1956), para dirigir la Ertzaintza y a quien ofrece su rehabilitación profesional. Este arquitecto de formación, ertzaina de profesión, número uno de la primera promoción de este cuerpo “que conoce al dedillo”, según un cargo sindical, ha desempeñado infinidad de cargos en el escalafón. Gabirondo fue arrinconado por el anterior Gobierno vasco socialista, consciente de que el general, como es conocido este severo mando policial de “impecables cualidades técnicas” y autor de innumerables expedientes internos por su mano de hierro, responde al perfil de “servidor del PNV”, admiten en la Policía vasca.

A Gabirondo se le encomienda ahora la transformación de la Ertzaintza, en la que ya introdujo durante el mandato del consejero Javier Balza programas por la eficacia, siempre asistido de métodos estrictos y órdenes tajantes. En el empeño tendrá la eficaz colaboración de Guadalupe Camino (Bilbao, 1958), la primera mujer que en 1999 dirigió una Academia de Policía, la vasca en Arkaute (Álava), un cargo que recupera ilusionada como entonces. “Para un nacionalista, el proyecto de la Ertzaintza es fundamental en su vida”, dijo en una entrevista a EL PAÍS.

Alarma social por una delincuencia en alza, pero no es alta la criminalidad

Como primera prueba de la exigente tarea que le aguarda, Beltrán de Heredia ya conoció el pasado viernes la primera protesta de la Policía vasca. Los ertzainas discrepan de la fórmula aplicada por la nueva consejera —que todavía no ha llamado a los sindicatos, en contra de la norma de sus predecesores— para el cobro de los complementos salariales que no se les consignó en la nómina por un fallo de la anterior Administración.

Mientras, a Seguridad le aguarda el trabajo de adecuar el arquetipo del nuevo modelo de actuación que pretende Urkullu. De entrada, consignar una dedicación concreta a cerca de 800 agentes que actualmente “están mano sobre mano”, indica un sindicalista. El final del terrorismo ha desestructurado una operatividad creada en el inicio de los años 90, cuando la Ertzaintza encaró la ofensiva contra ETA. Con la llegada de Gabirondo, capaz de imponer una multa de dos días de empleo y sueldo al agente que estuviera sin la txapela (gorra) en el trabajo, en la Policía vasca asumen que se recuperará, de entrada, el modelo korrikolari (corredor), las patrullas a pie como ejemplo visual de la apuesta por la seguridad callejera. Eso sí, nadie cree que haya cambios en el centro de inteligencia de Erandio (Bizkaia), donde el PNV fue incorporando a centenares de personas de confianza para seguir de cerca, según justificó, las exigencias de un área tan sensible como la Ertzaintza y que el PSE-EE no tuvo tiempo de neutralizar.

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