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LA CRÓNICA

El test de Rajoy y Rubalcaba

El resultado electoral de Andalucía y Asturias marcará el estado de los partidos nacionales

Javier Arenas y Mariano Rajoy, durante el cierre de campaña el viernes en Sevilla.
Javier Arenas y Mariano Rajoy, durante el cierre de campaña el viernes en Sevilla. AFP

Nadie se ha puesto de perfil en esta doble campaña que anoche clausuraron los candidatos andaluces y asturianos, codo con codo, con los dirigentes nacionales. El acompañamiento de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del PP, a Javier Arenas y Mercedes Fernández, aspirantes a presidir respectivamente Andalucía y Asturias, ha sido intenso y entusiasta. En el primer caso, Rajoy acaricia la victoria que este domingo pueden deparar las urnas a su partido en Andalucía.

Si así fuera, tendrá la indescriptible satisfacción de que la primera victoria de su partido en Andalucía se produzca con él en la presidencia del Gobierno de España. Ese triunfo se produciría cuando ya ha tomado las primeras medidas de recorte y cuando está convocada una huelga general por su durísima reforma laboral. “Si eso no es un aval a la política del Gobierno por lo menos no es un correctivo”, sugieren fuentes de la dirección popular.

Por entusiasmo e intensidad, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, está en condiciones de equipararse con Mariano Rajoy. Su apoyo a los candidatos José Antonio Griñán y Javier Fernández, aspirante el primero a quedarse en la presidencia de la Junta de Andalucía y el segundo a presidir el Principado de Asturias, ha sido inequívoco. De nuevo toda “la familia socialista” se ha movilizado para tratar de conjurar el designio de todos los sondeos que sitúan al PP como ganador y casi con seguridad por mayoría absoluta. Una derrota de los socialistas, además del desalojo del socialismo andaluz del poder después de tres décadas de dominio absoluto, será un nuevo mazazo para el partido que lidera Rubalcaba, aún sin recuperarse del peor resultado del historial del PSOE en tiempos democráticos. “Cuando aún estamos en plena adecuación a la derrota electoral de noviembre, si viene otra, tendríamos que empezar de nuevo a hacer el duelo”, describe un dirigente federal.

Ante esa posibilidad, de poco sirven los análisis según los cuales en el peor de los casos el PSOE mantendría “un suelo fuerte” de apoyo en Andalucía que algunos fijan en no menos de un 44% de los votos. La centrifugación del otrora voto socialista se produciría en varias direcciones: Hacia el PP, Izquierda Unida, UPyD, andalucistas y Equo. Llama la atención, a pesar de la contumacia de los análisis previos del voto, el vértigo de los dirigentes del PP, singularmente del candidato Javier Arenas, a que la pesadilla de 1996 se repita en 2012 cuando las previsiones de triunfo del PP no se tradujeron en votos. En voz baja se habla de una bolsa de voto oculto hacia el PSOE que podría provocar un cuarto intento fallido de Javier Arenas. Con razón el dirigente popular insiste en que “ganar no es gobernar”.

En efecto, los problemas del PSOE vendrán por el abandono del electorado, pero no por la dificultad de hacer alianzas en el supuesto de que el PP no obtuviera la mayoría absoluta. En estas elecciones, tanto en Andalucía como en Asturias, Izquierda Unida, está por la labor de formar gobiernos “de progreso” si hubiera ocasión.

Si puede presentarse la oportunidad de una alianza entre el PSOE e IU en Asturias, en tanto que persisten las dudas de que el PP y Foro Asturiano venzan sus diferencias y sellen la paz. Esta hipótesis la barajan en el PSOE como un auténtico bálsamo para sus heridas. El tópico de que “la reconquista” empezaría en Asturias para el PSOE se invoca como el deseo más ferviente de ese partido.

Y alguna posibilidad dicen que tienen en Asturias si se compara con su situación en Andalucía. “Andalucía tiene que ser el foco de resistencia de la ola reaccionaria y Arenas, el lunes, de nuevo, que vuelva a ser candidato”, clamaba en el cierre de campaña de Sevilla un animoso Felipe González. A la misma hora, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, auguraba: “El lunes Andalucía dejará de ser una excepción”.

Un millón de asturianos y seis millones y medio de andaluces tienen la palabra. No hay previsión de lluvia.