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Un recuento largo pero de guante blanco

Una urna registró un empate y cada candidato ganó en dos

Los socialistas aseguran que no ha habido ni impugnación "ni nada raro"

Un recuento largo pero de guante blanco

No ha habido ni impugnación ni nada raro. El proceso de recuento ha sido lento porque es así. Las urnas se abren una a una y se cuentan de forma consecutiva. Hasta que no se termina una y se certifica el resultado no se empieza con la otra. Había cinco. Alfredo Pérez Rubalcaba, donde más votos ha obtenido, ha sido en la segunda, donde se depositaban las papeletas de los militantes cuyos apellidos estaban entre la C de Camacho y la G de García.

En la primera urna hubo empate a 104 votos y los responsables del recuento se miraron sorprendidos ante un resultado tan inesperado. Las otras cuatro urnas marcaron la diferencia. Dos a favor de Rubalcaba y dos con mayoría de apoyos de Carme Chacón. Pero las dos de Rubalcaba incluían los 22 votos que han marcado la diferencia.

El único voto nulo ha sido porque incluía dos papeletas. Solo un delegado no ha votado.

El único momento de desconcierto se produjo cuando en un recuento parcial no coincidían el número de votos con el de papeletas. Dos estaban pegadas y se arregló el conflicto. “Ha sido un recuento de guante blanco”, ha afirmado un integrante del equipo que ha estado en el proceso.

La espera ha sido larga porque la expectación era mucha. Pero como recordaba el histórico socialista andaluz Luis Pizarro, durante el 35 congreso también se tardó una hora y media en el recuento.

El proceso es lento, pero además los interventores de ambos candidatos han sido muy celosos en su labor de inspección porque sabían que el resultado iba a ser muy ajustado, que dependía de un puñado de votos.

La larga espera hizo que empezaran a correr rumores y especulaciones sobre impugnaciones y supuestas anomalías. Pero nada de eso se ha producido, según fuentes de la organización.

Los delegados llegaron a mostrar impaciencia y la hicieron notar con palmas junto a la sala donde se contaban los votos. Pero un grito desde la escalera despejó la incógnita.