Convención programática sin programa

En privado, los barones mostraron a Rajoy su preocupación por sus finanzas

El presidente del PP, Mariano Rajoy y la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, en Málaga
El presidente del PP, Mariano Rajoy y la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, en MálagaCARLOS DÍAZ

Mariano Rajoy es un hombre tan pragmático que casi nunca hace nada que no sea estrictamente necesario para sus fines, en este caso la victoria electoral. Sus principales asesores, entre ellos el más importante, Pedro Arriola, están convencidos de que el PP no necesita en este momento dar mensajes nítidos y llenar el espacio político con propuestas suyas. Así que el líder, al contrario de lo que prometió hace un par de meses, cuando se convocó, ha decidido hacer algo inédito: una convención programática en la que no se presenta el programa, que no está ni estará hasta finales de mes.

No es que Baudilio Tomé, su redactor, no hayan llegado a tiempo. Es que Rajoy ha decidido posponerlo todo lo posible, porque no quiere que el debate se centre ahora en sus compromisos —entre ellos temas polémicos como aborto o matrimonio homosexual, y muchos otros—. Además hay otros motivos, dicen en su entorno: la situación económica es tan cambiante que es mejor esperar antes de hacer promesas.

La convención, vaciada por tanto de contenido muy definido, se ha convertido así en una especie de enorme plató de televisión, donde pasan uno detrás de otro todos los dirigentes que son algo en el PP —los que gobiernan— o los que aspiran a serlo en el próximo Gobierno de Rajoy.

Una especie de interminable aplausómetro —el extremeño José Antonio Monago se llevó sin dura el premio con su tono mitinero— en el que algunos dirigentes plantearon debates concretos y reflexiones pero la mayoría de las 37 personas que hablaron ayer lanzaron mítines, soflamas contra el PSOE y piropos y muestras de adhesión al líder y al partido. Tan lejos llegó Dolores de Cospedal en sus flores a Rajoy que Ramón Luis Valcárcel ironizó al hablar después: “Yo no tengo que hacerle la pelota a nadie porque no voy en las listas”. Cospedal tampoco, pero ese asunto, el de las listas, era el que centraba los corrillos —se da por seguro que Alberto Ruiz-Gallardón estará en la de la Madrid— y no las difusas propuestas del PP.

Y todo, a mes y medio de las elecciones, en una situación económica catastrófica y con un evidente interés por saber qué tipo de cuestiones plantea el partido que según todas las encuestas va a gobernar España. Los dirigentes más cercanos al líder señalaban que lo importante es su discurso de hoy, que sí contendrá propuestas, ideas, un esbozo de proyecto político.

Si el cónclave no tuvo mucho contenido en público, sí lo tuvo en privado. Todos los presidentes autonómicos se acercaron a Rajoy después de una foto de familia para explicarle sus problemas financieros y decirle que no pueden hacer sus presupuestos porque no saben con cuánto dinero contarán en 2012, algo que le tocará decidir a él. Esto es, le pidieron ayuda cuando gane, y que haga inmediatamente el decreto para modificar los Presupuestos. “No conocemos nuestro suelo de ingresos” porque depende de los Presupuestos del Estado que él debe modificar, le explicaron. Rajoy, según varios de ellos, no se comprometió a nada. Cristóbal Montoro les pidió que sean “prudentes”, esto es que no comprometan muchos gastos porque no habrá mucho dinero.

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La expectación de esta convención es máxima con el PP a punto de alcanzar el poder. Hay hasta 29 embajadores. Era llamativo encontrarse al embajador francés o al de Israel escuchando distraídos una sucesión de mítines y críticas al Gobierno. El PP, que preconiza la transparencia, no ha informado del coste de la convención. La de Sevilla, según el PP, costó unos 190.000 euros. Y eso excluyendo el gasto principal: transporte y alojamiento.

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