La crisis de deuda agrava la brecha de género en los países del Sur Global
Un estudio de la ONU demuestra que los ajustes fiscales golpean con mayor dureza a las mujeres y pueden llegar a provocar la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para ellas y una caída del 17% en la renta per cápita femenina


El coste del pago la deuda externa no se reparte por igual entre hombres y mujeres. En los países del Sur Global, cuanto más dinero público se destina a devolver préstamos, peores son los efectos para ellas: pierden más empleo, ven caer más sus ingresos y afrontan mayores riesgos en salud, en la medida en que los Estados reducen el margen para invertir en otras políticas públicas. Así lo concluye un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hecho público este lunes, que advierte de que la forma en que se paga la deuda agrava la brecha de género y tiene consecuencias muy tangibles: la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para las mujeres y una caída del 17% en la renta per cápita femenina.
El estudio, titulado ¿Quién paga el precio? La desigualdad de género y la deuda soberana, analiza datos de 85 países en desarrollo entre 1990 y 2022 y examina qué ocurre cuando los Estados destinan una parte creciente de sus ingresos a atender la deuda externa. El foco no está solo en el volumen de deuda, sino en el peso que adquieren esos pagos frente a otras políticas. Es ese desplazamiento del gasto —y no solo el nivel de endeudamiento— el que explica buena parte de los efectos que detecta el PNUD.
El informe se publica en un momento especialmente delicado para las economías del Sur Global. Tras la pandemia, el endeudamiento público se disparó y, desde entonces, la subida de los tipos de interés, la fortaleza del dólar y una sucesión de crisis —desde los conflictos armados hasta el encarecimiento de la energía o los impactos climáticos— han agravado la situación. Decenas de países, sobre todo africanos, se encuentran hoy en escenarios de alto riesgo de impago. En un contexto marcado, además, por un drástico recorte en la ayuda al desarrollo, cada vez más países se ven obligados a destinar más recursos a la deuda externa al tiempo que reducen el margen para invertir en políticas sociales.
La dinámica que opera en este tipo de decisiones encaminadas a redirigir recursos hacia el pago de la deuda es, según el organismo, muy elocuente: cuando un Estado endeudado reduce, por ejemplo, el presupuesto en guarderías, transporte público o atención sanitaria para cumplir con los pagos de la deuda externa, el tiempo que las mujeres dedican a tareas domésticas o de cuidados aumenta, mientras que disminuye su participación en el mercado laboral. El informe describe este proceso como una “doble carga”: las mujeres se ven obligadas a combinar empleo precario o informal con responsabilidades domésticas. El efecto es similar cuando los recortes presupuestarios afectan al empleo público, porque ellas ocupan más puestos en sectores como la educación, la sanidad o los servicios sociales.

“La deuda soberana no es un problema matemático, sino humano: cuando la carga de la deuda de un país se dispara, los presupuestos se ajustan” y, aunque afecta todo el mundo, “son las mujeres las que suelen pagar el precio más alto”, considera Alexander de Croo, administrador del PNUD. “Sus opciones laborales se reducen. Sus responsabilidades de cuidados no remuneradas se multiplican. Su bienestar se ve afectado”, continúa De Croo, para detallar unos efectos que “pueden perdurar mucho tiempo después de que la crisis haya pasado”.
La deuda soberana no es un problema matemático, sino humanoAlexander de Croo, administrador del PNUD
Uno de los impactos más claros aparece en el empleo. Cuando crece el peso de los pagos de la deuda externa —en relación con lo que un país ingresa por sus exportaciones—, el empleo femenino cae un 6,3% a corto plazo. En términos absolutos, esto equivale a unos 55 millones de puestos de trabajo menos entre los países analizados. A más largo plazo, la caída alcanza el 10,6%, lo que supone unos 92,5 millones de empleos femeninos perdidos. El estudio detecta, además, un aumento del trabajo por cuenta propia y del trabajo familiar no remunerado, lo que reduce a su vez la recaudación de impuestos y refuerza un círculo vicioso: menos tasas implica menos recursos públicos para políticas sociales.
El efecto también alcanza a los hombres, pero es considerablemente menor: el empleo masculino se reduce un 1,3% a corto plazo y un 2,5% a largo. Sin embargo, dado que parten de tasas de empleo más altas, estas caídas equivalen a unos 18,5 millones de empleos perdidos en el corto plazo y 35,5 millones en el largo.
La brecha se ensancha aún más en los ingresos. Cuando la presión de la deuda pasa de niveles medios a altos, el ingreso per cápita de las mujeres cae un 17%, mientras que en el caso de los hombres no se observan cambios estadísticamente significativos.
Deterioro de la salud
La salud es otro de los ámbitos afectados. A largo plazo, los países con mayores cargas de pago de deuda registran un aumento del 32,5% en la mortalidad materna, lo que se traduce en 67 muertes adicionales por cada 100.000 nacimientos. El deterioro de los sistemas sanitarios también se refleja en la esperanza de vida, que disminuye tanto para mujeres (un 5,9%) como para hombres (un 7,7%) en estos contextos, si bien el informe subraya que las mujeres se ven especialmente afectadas por su mayor dependencia de los servicios públicos y por su papel en los cuidados.

Estas dinámicas, advierte el PNUD, no se producen en un vacío: el organismo alerta de que el actual contexto de conflictos, tensiones geopolíticas, volatilidad energética y presiones inflacionistas está estrechando aún más el margen fiscal de muchos países, lo que aumenta el riesgo de que los recortes recaigan de nuevo sobre la inversión social.
Cuando el gasto público se ve reducido por el servicio de la deuda, las mujeres suelen ser las primeras en salir perdiendoRaquel Lagunas, directora mundial de Igualdad de Género del PNUD
El estudio insiste, por ello, en que la gestión de la deuda no puede tratarse como un asunto puramente financiero. Las decisiones sobre cómo se contrae y se paga tienen efectos duraderos sobre el empleo, los servicios públicos y el desarrollo humano, y no son neutras desde el punto de vista del género. “Cuando el gasto público se ve reducido por el servicio de la deuda, las mujeres suelen ser las primeras en salir perdiendo”, subraya Raquel Lagunas, directora mundial de Igualdad de Género del PNUD.
Por ello, el organismo advierte de que sin incorporar de forma sistemática evaluaciones de impacto con perspectiva de género y sin proteger la inversión social y de cuidados, los ajustes asociados a la deuda amenazan con erosionar avances en igualdad que han llevado décadas construir.


























































