Nigeria, allí donde 18 niños perecen por neumonía cada hora

Con un 19% de vidas infantiles perdidas por esta enfermedad prevenible y curable, es el país más afectado del mundo. Gobierno e iniciativas internacionales buscan reducir la cifra con un nuevo plan. La pandemia es un freno, pero también un acicate

La doctora Hajanata Balhelomeu, de 37 años, examina a Zannab Alhassan, de cuatro años, en una clínica en Yola, en el estado de Adamawa, al noreste de Nigeria.
La doctora Hajanata Balhelomeu, de 37 años, examina a Zannab Alhassan, de cuatro años, en una clínica en Yola, en el estado de Adamawa, al noreste de Nigeria.SIEGFRIED MODOLA / EL PAÍS

Hafsat Rufai respira con mucha dificultad, se ahoga. Esta bebé, de 10 meses, trata de sobrevivir a una neumonía en una sala del hospital pediátrico Hasiya Bayero del estado de Kano, al noroeste de Nigeria. “Llevamos aquí cinco o seis días, la trajimos enseguida que empeoró”, explica su madre Hauwa Rufai, por teléfono y en hausa, uno de los idiomas nativos del país. La joven de 20 años responde preocupada.

ESPECIAL | NEUMONÍA, LA MAYOR ASESINA DE NIÑOS

Causa cada año más muertes de menores de cinco años en el mundo que cualquier otra enfermedad, más de 800.000. En la mayoría de los casos se podrían haber evitado. Pero algo falla.

Teme perderla. Es la única hija que tiene con su marido Rufai Mati, un conductor de keke napep, los motocarros que se utilizan de manera habitual para el transporte de personas. “En nuestra comunidad nos habían informado de que había vacuna, pero no se la pusimos”, lamenta Rufai, ama de casa, sin apenas recursos y que recibe el apoyo de Unicef para pagar el tratamiento de Hafsat. Al menos, asegura, los médicos le han dado esperanza. La niña está reaccionando bien al tratamiento con antibióticos que está recibiendo y saldrá adelante.

Pero la suerte que correrá la salud de Hafsat Rufai no es la que tienen la mayoría de niños menores de cinco años en Nigeria, el país con más casos de mortalidad infantil por neumonía en todo el mundo. En 2018, según los últimos datos disponibles de Unicef, murieron 162.000 niños; 443 por día, 18 por hora, lo que representa el 19% de las muertes infantiles en la región. De los 800.000 niños que fallecen por esta enfermedad cada año en todo el mundo, el 84% lo hacen en 30 países de África subsahariana y Asia.

Desde el Gobierno de Nigeria son conscientes del problema y en el Foro Global sobre Neumonía Infantil, que se celebró el pasado enero en Barcelona, organizado por ISGlobal, la Fundación Gates, Unicef y Save the Children, entre otros organismos internacionales, el Ejecutivo presentó un plan estratégico para luchar contra la neumonía infantil. Uno de los objetivos que quieren alcanzar es la de rebajar la mortalidad a 26.000 niños por año, una media que ahora se sitúa en los 100.000 anuales. “Deberíamos ser capaces de reducirlas y establecer una rutina de inmunización, para lo que afortunadamente hay una vacuna más barata que queremos incorporar en nuestro plan. Buscamos alianzas con socios internacionales, así como la implicación de las autoridades a todos los niveles”, asegura Adeleke Olorunnimbe Mamora, ministro de Estado para la Salud de Nigeria.

El 57% de los niños nigerianos fueron vacunados con las tres dosis de la vacuna antineumocócica conjugada (PCV) en 2019, según informa el Gobierno del país a la Organización Mundial de la Salud (OMS); una tasa de cobertura escasa, pero 20 puntos por encima del 36% que había recibido el ciclo completo de inmunización en 2015. Además, tres de cada cuatro que sufren síntomas de neumonía no tienen acceso a tratamiento médico, advierte Unicef.

Un sistema de salud frágil, desnutrición y contaminación

En Nigeria si tienes menos de cinco años y contraes una neumonía, una enfermedad prevenible y curable, puedes estar firmando una sentencia de muerte segura. Pero ¿qué factores influyen para que se produzca esta mortalidad tan alta en la región? La respuesta no es sencilla, ni depende de un solo elemento. Los mayores factores de riesgo son la desnutrición, la contaminación del aire interior por el uso de combustibles sólidos y la contaminación exterior, además de la fragilidad del sistema de salud, especialmente en zonas afectadas por violencia y conflictos, como sucede al noroeste del país.

“La neumonía es, junto con la malaria, una de las principales causas de muerte infantil aquí. Es, además, una de las principales causas de hospitalización”. El doctor Nma Noble habla desde el Hospital General de Shinkafi, en el Estado de Zamfara, al noroeste de Nigeria. Su “aquí” se refiere a un territorio tremendamente difícil, en permanente conflicto, donde solo en 2019, la violencia extrema y la inseguridad, incluidos los delitos armados, provocaron que más de 100.000 personas abandonaran sus hogares. Los doctores también se desplazan de los centros sanitarios rurales a las ciudades en busca de seguridad.

Noble se ha quedado en Zamfara. Trabaja en Médicos Sin Fronteras, que mantiene en funcionamiento dos de los 23 hospitales del Estado. “Solo en octubre, 248 menores de cinco años ingresaron en estos centros con afecciones respiratorias”, asegura, cuantificando el problema. “En el nivel de atención primaria, el tratamiento con antibióticos es prácticamente inexistente. Por eso tenemos tantos pequeños ingresados en los hospitales”, explica. Además, esta dificultad de diagnosticar y medicar a los pacientes en el primer nivel sanitario provoca que, cuando lleguen al hospital, los casos sean ya graves. “Te sientes frustrado. Yo me siento mal. Porque hablamos de una enfermedad que se puede prevenir y curar”.

Isah Adamu, médico y responsable del programa Inspiring de Save The Childen Nigeria, un plan para reducir la mortalidad infantil por esta enfermedad en el país, también recuerda cómo la presencia de Boko Haram supone un retroceso para la lucha contra la neumonía. “Están provocando muchos desplazados internos que sufren desnutrición, y que no tienen un lugar seguro y limpio en el que vivir. Estos niños están más expuestos a sufrirla más”, asegura. La falta de recursos económicos es otro elemento perenne, en las clases más vulnerables; otro factor más que suma muertes infantiles. “Todos los factores están conectados. Si alguien es pobre, no tiene dinero para ir al hospital, por lo que no podrá vacunarse o recibir tratamiento. Además, si no tiene dinero no podrá comer bien, y sus hijos sufrirán malnutrición. Es el eterno círculo de la pobreza”, añade Adamu.

Sin dinero ni recursos, no hay tratamiento

Isah Adamu, un doctor que ha ejercido la medicina durante 20 años, asegura que perdió la cuenta de la de niños que ha tratado contra la neumonía. Sin embargo, recuerda con especial emoción un caso de una madre desesperada por no poder llevar a su hijo a un hospital mejor para que tuviera acceso a tratamiento y a oxígeno para poder curarse. “Debajo de un árbol, cerca del centro de salud, llorando, nos contó que los médicos le habían dicho que si no se lo llevaban a otro centro mejor, su hijo moriría”, explica Adamu, que cuenta cómo la familia no podía hacerse cargo del coste del transporte hasta las instalaciones sanitarias, a 20 kilómetros de donde estaban, unas 2.000 nairas, menos de siete euros al cambio.

En las comunidades rurales y pobres de esta región, la mayoría de las familias no pueden permitirse el gasto del traslado a un hospital, como también reitera el doctor Noble. “Aquí, MSF les ayuda cuando se les refiere, pero en otras zonas no tienen ese apoyo”, lamenta el especialista. A los pequeños pacientes que llegan a los hospitales en los que trabaja Noble, se les diagnostica y pone tratamiento antibiótico y oxígeno. Algunos cuidadores o familiares, no obstante, no entienden el procedimiento y se niegan a que ingresen a sus niños. Otros, no pueden quedarse varios días hasta la recuperación del enfermo porque tienen que regresar a trabajar en el campo y cuidar del resto de la familia.

La razón por la que tantos niños padecen infecciones respiratorias es, según Noble, clara: los indicadores de salud no son buenos y la cobertura de inmunización es muy baja. “Aquí hay conflicto y no tenemos seguridad. El personal y las instalaciones médicas son a menudo un objetivo. Así, el acceso a vacunación es limitado”, relata. El rechazo de una parte de la población hacia las vacunas tampoco ayuda. “Se tienen que hacer más esfuerzos de sensibilización”, reclama. “También que se forme a los profesionales de la atención primaria para que detecten los casos de neumonía antes de que sean graves”.

Covid-19, un freno contra la neumonía y una oportunidad

Además de los retos anteriores, la covid-19 ha empeorado la situación para aumentar esfuerzos en la lucha contra la neumonía, como también comenta Noble, de MSF. “Aquí, las trabajadoras de salud comunitarias iban puerta a puerta para detectar enfermedades; pero con la pandemia, hemos tenido que suspender este trabajo porque no teníamos medios para protegerlas y nos teníamos que concentrar en el trabajo en los hospitales”. Asimismo, las unidades móviles de vacunación se detuvieron. En el lado positivo, la conciencia sobre la necesidad de contar con respiradores en los hospitales ha aumentado; y todos aquellos que se empleen para atender a los afectados para el nuevo coronavirus, servirán para los que lleguen con neumonía.

En este mismo sentido opina Anis Siddique, de Unicef, que cree que la pandemia es una gran crisis y lo seguirá siendo, pero también que “crea una oportunidad” para que la neumonía sea más visible, ya que la covid-19 ha replanteado la importancia del suministro de oxígeno, y de otros materiales esenciales para tratar el virus y otras enfermedades respiratorias. “El Gobierno y nosotros mismos hemos identificado el grado de carencia de oxígeno y hemos comprado al menos 995 aparatos administradores y esto ha permitido que se mejore el acceso al tratamiento del paciente adulto, pero también al de los recién nacidos y los niños”, explica el doctor.

Por su parte, Save The Children se ha asociado con GSK para garantizar que todas las camas de la sala de pediatría del Hospital General de Dutse ―en el estado de Jigawa, al norte de Nigeria― que cuenta con 36 camas, tengan suministro de oxígeno. Este centro sanitario, que se abrió hace 13 años, no contaba con esta tecnología hasta ahora. “Es una pequeña cantidad, pero asegura que las camas y los pequeños pacientes se pueden conectar directamente”, asegura Adamu. Además, la organización, con motivo del Día Mundial contra la Neumonía, el pasado 12 de noviembre, ha anunciado la creación del llamado Oxygen Desk, un grupo formado por miembros del Gobierno de Nigeria, sanitarios, ingenieros biomédicos, gerentes de hospitales y algunas personas ajenas al Ejecutivo para monitorizar el uso de los aparatos de oxígeno, además de realizar un mantenimiento, y procurar su permanencia en los hospitales. “Queremos que no acabe en manos privadas o de corruptos”, explica Adamu. “Si conseguimos que haya oxígeno en las zonas rurales y no haya que trasladarse a las grandes ciudades para conseguirlo, habremos solucionado un problema muy importante para todos”.

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