Más espuma que líquido en el vaso de Feijóo
Por un momento soñé que a la derecha le preocupan de verdad las “prioridades nacionales”


Qué alegría me dio saber que al PP y a Vox les preocupa tanto la “prioridad nacional” que la han convertido en leitmotiv de sus pactos. La noticia es fantástica, me dije al enterarme en pleno duermevela: ¿Prioridades? Tal vez ahora se ocuparán al fin de la vivienda, inaccesible para tantos ciudadanos. O de la sanidad, que suma listas de espera y a la que la derecha ha dotado históricamente de menos recursos que la izquierda salvo para alimentar a las privadas. ¿O será la educación lo que van a considerar prioritario? ¿O la universidad? No sería mala cosa que volvieran la vista a las facultades públicas y no a esos negocios privados que proliferan en sus comunidades. Qué alivio sentí. ¿O acaso les preocupa resolver la precariedad salarial, una prioridad incuestionable de nuestro tiempo?
En el mundo de PP y Vox que imaginé esa noche desfilaron rápidamente todas esas prioridades. Lástima que todo fuera confusión y que, al despertar, el dinosaurio siguiera allí, como nos enseñó Augusto Monterroso en el cuento más corto e intenso de la historia. Mi sueño también lo fue.
La prioridad para ellos no es gestionar precisamente nuestro bienestar, sino garantizar que las migajas que nos quedan después de engordar la sanidad y la educación privadas se queden en manos nacionales, excluyendo a quienes recogen fruta en los invernadores, cuidan a abuelos a cambio de un sueldo en negro o soportan el trabajo en los mataderos para que comamos buen jamón. Me extraña que no metieran lo que ha incluido la ultraderecha alemana en su programa: reducir las plazas de parking para personas con movilidad reducida, que como todo el mundo sabe es otra prioridad nacional en Alemania. ¡Cómo no vamos a aparcar el Mercedes en ese hueco vacío reservado para algún inválido!
El modelo es tan siniestro que hasta Isabel Díaz Ayuso, habitual reaccionaria en el panorama nacional, ha salido a decir que es ilegal y no se ajusta a derecho, aunque fuera por ir a la contra. Y esto no lo he soñado. Ella misma discrepa de lo que ha aceptado Núñez Feijóo, que, como un cañero que va mal, sigue llenándonos el vaso de más espuma que líquido porque el verdadero tirador lo maneja Vox.
El nuevo objetivo es señalar al diferente, como hicieron los nazis con los judíos: hoy sus sucesores señalan a los extranjeros, como aquí el PP y Vox señalan a quienes tienen otra piel, otra religión, otro idioma, siempre que sean pobres. Ningún problema con los inversores del Golfo. El dinosaurio, como dijo Monterroso, vivito y coleando.


























































