Razones para un cauto optimismo climático
El avance de las renovables en la generación de electricidad marca el camino de la transición verde


Pese al avance del escepticismo o negacionismo climáticos, a los que ha dado alas el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca —y pese a que no existe la menor duda de que la temperatura de la Tierra sigue subiendo—, hay razones para el optimismo en el tránsito hacia una economía libre de combustibles fósiles. Por vez primera en más de un siglo, la generación de electricidad a partir de fuentes renovables ha superado a la producida con carbón, según el último informe realizado por el grupo de analistas británicos Ember a partir de los datos de 91 países que suman casi toda la demanda mundial. Las renovables supusieron el 33,8% de la producción en 2025, mientras que la electricidad generada por carbón se quedó en el 33%.
Aunque el retraso en adoptar políticas efectivas contra el calentamiento global ha hecho perder un tiempo precioso, todo apunta a que la descarbonización de la economía progresa de forma innegable. En 2024, por ejemplo, se batió por vigesimotercer año consecutivo el récord de generación de electricidad con renovables, según la Agencia Internacional de Energía. El exponencial tirón de la solar fotovoltaica ha marcado la diferencia.
La “era de la ebullición global”, como la definió el secretario general de la ONU, António Guterres, no tiene otra solución que la transición verde. El despliegue de las renovables, y el paralelo impulso a la movilidad sostenible y al coche eléctrico, no es una cuestión de ideología sino de supervivencia. Está demostrando que su desarrollo estimula el crecimiento económico y que a medio plazo su precio es menor que el del carbón, el petróleo o el gas. Solo en la Unión Europea, su implantación desde 2019, cuando se puso en marcha el Pacto Verde europeo, visto ahora con reticencias por las derechas continentales, supuso un ahorro de 59.000 millones en importaciones de carbón y gas. También siguen cayendo los costes de generación y almacenamiento de electricidad de estas fuentes mientras se acelera la apuesta por las tecnologías limpias, que ya reciben a nivel mundial más del doble de inversiones que los combustibles fósiles.
En los últimos años, las guerras de Ucrania e Irán, abanderadas por Vladímir Putin y Trump, han convertido la seguridad energética en una prioridad global y subrayado, por si hacía falta, la vulnerabilidad de economías y sociedades que llevan demasiado tiempo encadenadas a su dependencia de los combustibles fósiles. Mantener la ambición de la transición ecológica, y hacer que esta sea justa, es decir, avanzar en la descarbonización de la economía sin dañar la cohesión social, resulta clave en un mundo en el que al caos climático se le añade ahora el desorden geopolítico.


























































